“No estamos pidiendo que se prohíba a los adultos comer en un McDonald’s. Preguntamos si es adecuado instalar una macrohamburguesería de estas características frente a un colegio con 2.200 alumnos”. Esta es la queja que un grupo de vecinos del centro de San Sebastián y padres de alumnos del Colegio Aldapeta María han planteado contra la próxima apertura de un establecimiento de la citada multinacional de comida rápida a escasos metros del mayor centro educativo de Gipuzkoa. “Entre todos tenemos que hacer algo para impedirlo. Está en juego la salud de nuestros menores”, afirma Ramón, vecino de la calle Lizarra, donde se ubicará el citado restaurante.
En la ciudad que hace gala de su gastronomía, en una de las cunas del pincho, de la cocina tradicional y del culto al producto de la tierra, comenta con extrañeza Ramón, McDonald’s ha apostado por expandir su negocio con un establecimiento de 530 metros cuadrados a las puertas de un colegio con cientos de niños y jóvenes: “La presencia de esta cadena, conocida por ofrecer productos altos en grasas saturadas, azúcares y sales, representa una riesgo directo para la salud y el bienestar de los jóvenes”, exponen en una iniciativa publicada en la plataforma Change.org y que ya ha recibido el apoyo de 1.458 firmas de adhesión.
El Ayuntamiento donostiarra concedió la licencia a McDonald’s para abrir el local y las obras comenzaron a mediados de septiembre pasado. Residentes de esta zona –próxima al centro de la ciudad y de la playa de la Concha– comenzaron entonces a movilizarse, primero convocando juntas de vecinos y después enviando escritos al colegio Aldapeta Maria, a familiares de alumnos y a asociaciones como Pausoz Pauso, que lucha contra la obesidad infantil. También pidieron explicaciones al consistorio y solicitaron que intercediera para paralizar las pretensiones del gigante de comida rápida.
El futuro McDonald’s no estará situado en una zona donde hay mucho tránsito de personas, pero la localización elegida es “estratégica”, según los padres y vecinos. “Los jóvenes estudiantes van a recibir una publicidad invasiva y acabarán comiendo allí el almuerzo y la merienda durante los descansos entre clases”, comenta Ramón, quien opina que no es el mejor escaparate para los menores y lo iguala con un local de apuestas. Han contactado con responsables de la multinacional estadounidense en la zona norte de España y, según este vecino, estos han reconocido que “su público son los chavales del colegio”. Este periódico ha solicitado por escrito a McDonald’s un pronunciamiento sobre este asunto, pero no ha recibido ninguna respuesta.
“El establecimiento todavía no ha abierto. Pedimos que mientras tanto se sigan buscando alternativas. No queremos que, cuando lo haga, la única respuesta sea que ya es demasiado tarde”, expone el grupo de opositores. “Nuestra petición es clara: que se haga todo lo legalmente posible para evitar esta apertura”, añaden.
El alcalde de la ciudad, Jon Insausti (PNV), ha dicho públicamente que “no se puede hacer nada con la licencia” concedida, por lo que “el negocio abrirá”. “Es un acto reglado”, sentenció. No obstante, ha aceptado reunirse con vecinos y padres de alumnos. Esa cita está prevista para los próximos días, antes del pleno municipal del día 29 de octubre en el que se tratará esta cuestión tras una iniciativa presentada por Podemos. Esta formación y EH Bildu ya han mostrado su disconformidad con el emplazamiento que tendrá el establecimiento. El PSE, socio del PNV en el gobierno local, ha pedido “mesura” a Insausti para “no entorpecer” la operación.
“Nos gustaría que esta iniciativa la abandere algún partido político o la comunidad educativa, porque nosotros no somos profesionales. La sociedad tiene que hacer algo para que nuestros chavales no caigan atrapados por esta multinacional”, señala Ramón en nombre de los vecinos. Una de las reclamaciones de estos es que el ayuntamiento establezca en su normativa una distancia mínima para abrir un local de estas características y un centro educativo. Aseguran que en Reino Unido no se permite que locales de comida rápida se abran a menos de 400 metros de las escuelas. En San Sebastián, la normativa impide abrir una casa de apuestas a menos de 150 metros de un centro escolar, pero no hay límites para el caso de un restaurante de comida rápida.
Los vecinos donostiarras son conscientes de que están peleando contra una firma muy poderosa. Desconocen si existen precedentes de este calibre. En 2022, McDonald’s decidió cerrar todos los establecimientos que tenía en Rusia (unos 850 restaurantes) por la inestabilidad creada en este país tras la invasión a Ucrania. En San Sebastián han pedido auxilio a su máximo representante: “Agradecemos que el alcalde acepte reunirse con nosotros para debatir la regulación de determinados establecimientos cerca de los centros educativos en la futura revisión del plan general de ordenación urbana (PGOU”, indican en un comunicado.
El regidor donostiarra, inciden estos vecinos, “tiene la responsabilidad institucional y moral de escuchar a las familias y al vecindario, valorar las alternativas y procurar el interés general, con especial atención a la protección de los menores”. “No pedimos privilegios ni que se actúe al margen de la ley. Pedimos que se haga todo lo legalmente posible, que se escuchen nuestras propuestas y que se busque la mejor solución antes de dar por inevitable la apertura”, agrega este colectivo. Plantean que se estudie formalmente la posibilidad de establecer criterios urbanísticos objetivos para la implantación de establecimientos de comida rápida y otras actividades de estas características en las inmediaciones de los centros educativos, “siempre dentro de las competencias municipales y con la debida justificación técnica y jurídica”.
Insausti ha recordado que el primer restaurante de esta firma se abrió hace 25 años en la Parte Vieja, a unos pasos del Boulevard donostiarra: “Yo estudiaba cerca y entonces no se armó ningún revuelo. Hemos aprendido a convivir con el McDonald’s. No es el tipo de hábitos de comida que va conmigo, pero de vez en cuando peco, sí”. El regidor considera que este debate abierto en la ciudad toca directamente con el tipo de educación alimentaria y los usos y costumbres de cada persona, más allá de la legalidad de la apertura de un restaurante de este tipo.
Source: El País · Mikel Ormazabal
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