Comencé mi relación con El País Semanal con un orgasmo. Sucedió el 6 de febrero de 1994. No se repitió en los siguientes 12 años.
Este ha sido uno de los descubrimientos (o retorno de mi memoria selectiva) cuando he estado revisitando las 2.610 portadas de los primeros 50 años de historia de la revista, que se cumplen ahora. Acababa de aterrizar como responsable de la publicación, venía envalentonado de una corta etapa en el lanzamiento del joven y gamberro El País de las Tentaciones y convencí a un equipo curtido y muy profesional, algo escéptico frente al recién llegado, de que construir una portada con el título ‘Orgasmo: los secretos del sexo perfecto’, con ocho imágenes cenitales del rostro de una mujer en las fases del éxtasis, era una buena idea para vender un tema que aún era tabú en aquellos tiempos.
2.610 portadas dan para muchas provocaciones. Para muchos aciertos. Para muchos errores. En aquellos años, el objetivo era que la revista se quedase encima de la mesa del salón familiar durante toda la semana, para ser ojeada, leída, compartida por cualquiera que viviese allí. No era buena idea dejar encima de la mesa familiar ocho fotos de una mujer en pleno orgasmo. Era un buen tema, pero no una buena portada para El País Semanal, o al menos, no tan explícita. Lección aprendida.
Una portada es un escaparate. Es una apuesta. Y es una mirada. Y cuando, tras construir poco a poco credibilidad, se logra complicidad con los lectores, es un compromiso. Si El País Semanal coloca a un personaje o un tema muy popular en portada es porque el lector sabe que esa historia vale la pena. Le va a explicar ese tema de una forma distinta, sin prejuicios ni benevolencias. Ha sido relevante durante 50 años. Toda una vida. La vida de un país.
La inmersión en esas 2.610 portadas da una idea de la extraordinaria evolución de la sociedad española durante este tiempo. Si el diario EL PAÍS ha contado en tiempo real los acontecimientos más relevantes de nuestra era, El País Semanal ha cumplido con la misión que se le encargó desde sus inicios: una mirada periférica, pausada, reflexiva, entretenida de nuestra sociedad, de nuestros problemas o aspiraciones cotidianas, de las personas que han tenido mayor protagonismo en nuestra vida. Apostando por un periodismo que busca al gran público sin renunciar a la calidad, con reporterismo riguroso, profundo, mimo estético y edición exhaustiva.
El País Semanal nació en octubre de 1976 a lomos de un periódico muy joven que llegó justo cuando España se quitaba de encima la atmósfera rancia del franquismo. El diario era muy austero en su diseño y en sus informaciones. Eran momentos duros que permitían pocas frivolidades. La Redacción era muy joven, se fumaba a destajo, en el bar se servía alcohol, se discutía en voz alta o a gritos. Alguien recuerda incluso que allí residió, durante unos meses, un guacamayo de 80 centímetros que dejó instalado el periodista Julio César Iglesias y que se estrellaba de vez en cuando contra la vidriera donde trabajaba el pequeño equipo de la revista.
En sus primeros meses, El País Semanal fue un suplemento en papel periódico, hasta que se convirtió en revista en abril de 1977. Su misión era clara: complementar la austeridad e inmediatez del diario, volcado en la política y en la economía, con historias de la sociedad, de la cultura, de la vida, con otra mirada más elaborada. La primera portada ya fue toda una declaración de intenciones: ‘Abortar en Londres. La mayor parte de las extranjeras que abortan en Gran Bretaña son españolas’ (3 de octubre de 1976).
En esos primeros años se tocaron multitud de temas que habían sido tabú en la España franquista (el suicidio, el divorcio, el sexo, la educación de los hijos, irse de casa joven), o que tienen títulos tan actuales que podrían servir para el número de esta semana: ‘Ceuta y Melilla se sienten olvidados’ (30 de octubre de 1977). Y también manchas que no se entienden en 2026, como la portada del 7 de agosto de 1977: ‘¿Deben casarse los subnormales? La sociedad tiembla ante el problema’.
El País Semanal siempre ha sido un lugar de encuentro del talento narrativo. Lo curioso es que, en esos primeros años, la única firma destacada, y hasta en tres ocasiones, fue la de un escritor singular, exdelincuente reconvertido en autor: ‘Memorias de El Lute. Mi fuga del tren’ (8 de mayo de 1977); luego ‘Cela y El Lute: conversación en la cárcel’ (4 de diciembre de 1977), y cierra la trilogía ‘Mi boda calé. Por Eleuterio Sánchez’ (23 de diciembre de 1979).
Eran tiempos singulares, en los que una osada ingenuidad llevaba a protagonistas relevantes de la época a someterse a sesiones creativas impensables hoy. Por ejemplo, el abogado Antonio Garrigues Walker disfrazado de Superman (9 de marzo de 1980), o el cardenal Tarancón levitando por deseo del fotógrafo Alberto Schommer (15 de febrero de 1981) o el Nobel Camilo José Cela vestido de yudoca, una de sus pasiones secretas (25 de enero de 1987).
El País Semanal consiguió una conexión extraordinaria con los lectores desde muy pronto, y se generó una liturgia que consistía en acudir a los quioscos los domingos y recibir una bolsa con la revista, El Pequeño País y un coleccionable. Las tiradas se fueron multiplicando, hasta crecer de forma exponencial a mediados de los años ochenta y llegar al millón de ejemplares.
Personajes muy populares que no estaban presentes en el diario comenzaron a aparecer en las portadas: Julio Iglesias (16 de junio de 1985), Rocío Jurado (1 de marzo de 1987) o Lina Morgan (6 de diciembre de 1987). “Queríamos eludir el sectarismo elitista del que a veces nos acusaban, y hacerlo desde una mirada propia libre de prejuicios”, dice Daniel Gavela, responsable de la revista entre 1985 y 1988. “Nos interesaba contar su vida a nuestra manera”.
El crecimiento de El País Semanal se percibe también con la proliferación de historias de producción propia con mirada global. Como la bronca entrevista de Rosa Montero con el líder palestino: ‘Arafat, la cólera de Palestina’ (7 de mayo de 1989). O la serie ‘Ciudades de ensueño’, que llevó durante dos años a Manuel Vicent, junto con el fotógrafo Francisco Ontañón, a recorrer el mundo, con paradas en La Habana, Fez, Leningrado, Praga, Jerusalén, Viena, Nueva Orleans, Pekín, Nueva York, Shanghái, Río de Janeiro, Yucatán, Lima o Hong Kong.
En esos años nació una de las premisas de la revista: solo se publicaban entrevistas si se podían hacer en persona y en exclusiva, fotos incluidas. La batalla se ganó con el personaje más difícil: la arisca estrella Bette Davis, invitada en el festival de San Sebastián para el estreno de su penúltima película, Las ballenas de agosto. Tenía 79 años y un carácter indomable. No quería ser fotografiada. Pues sin foto, no hay portada. Maruja Torres, su entrevistadora, y Bernardo Pérez, el fotógrafo, hicieron guardia durante 10 horas frente a la habitación de su hotel, hasta que alguien convenció a la legendaria estrella. “Tenía muy mal humor, golpeaba a su ayudante con una boquilla de plata, estaba muy enfadada”, cuenta el autor de aquellas fotografías. “Hasta que se levantó, encendió un cigarrillo, miró las luces y dijo: ‘OK boy, let’s go!’. Me miró a los ojos y se transformó. ¡Qué fotogenia! En un segundo, una mujer consumida rejuveneció 20 años ante la cámara” (4 de octubre de 1987).
Si El País Semanal fuese una persona, sería Pedro Almodóvar. Hasta en 20 ocasiones ha sido el protagonista de la portada. Le hemos visto y escuchado nacer, crecer y consolidarse como el gran creador español de estos 50 años. Conocemos (casi) todo de él. Del titular de su primera aparición (‘Españoles con estrella’, 11 de diciembre de 1988) hemos pasado por ‘Las chicas de Pedro’, ‘Mi diario americano’, ‘Almodóvar desconocido’, ‘Almodóvar en su laberinto’, ‘Almodóvar, contra el olvido’ o, el último, ‘Almodóvar, en su diván’ (8 de marzo de 2026). Ha sido un maridaje cómplice y natural.
En nuestro viaje por las portadas vemos, semana a semana, cómo la revista ha ido incrementando la calidad estética y fotográfica. Poco a poco se incorporaron Sebastião Salgado y sus fotos en blanco y negro de la serie Workers (15 de octubre de 1989), Richard Avedon, Annie Leibovitz o Cristina García Rodero, y algunos de los grandes creadores plásticos (Miquel Barceló, Chillida, Antonio López, Botero, Sicilia, Arroyo) convirtieron una vez al año El País Semanal en una obra de arte, con la excusa de la Feria Internacional de Arte Contemporáneo Arco en Madrid.
“No me importan las paladas de tierra que tengo que sacar para conseguir una pepita de oro”, decía Feliciano Fidalgo, uno de los periodistas históricos de EL PAÍS. Encontramos muchas pepitas de oro en esta inmersión. Reportajes que son literatura. Autores como Manuel Rivas, que se embarcó semanas en un pesquero para escribir ‘Esclavos del Gran Sol’ (4 de septiembre de 1994); Antonio Muñoz Molina, que acompañó a la persona más perseguida del mundo en ‘24 horas con Salman Rushdie en Granada’ (22 de octubre de 1995); Julio Llamazares con ‘La catedral perdida’ (5 de marzo de 1995); Manuel Vázquez Montalbán con ‘Un polaco con el Rey’ (26 de mayo de 1996), o ‘Infierno’ (8 de septiembre de 2002), la extraordinaria recreación del atentado contra las Torres Gemelas escrita por Carlos Ruiz Zafón.
En El País Semanal acogimos a Juanjo, un “escritor becario” con ambiciones periodísticas. Venía de una larga trayectoria novelística, y nos quiso colar incluso que uno de sus cuentos, Viaje por los conductos del aire acondicionado, era un reportaje. Aprendió muy rápido y se convirtió en el mejor reportero con alma literaria de la revista. Juan José Millás se ha atrevido con todo. Fue ciego por un día (11 de enero de 1998); durmió una semana en la cárcel (17 de septiembre de 2000); contó la lucha diaria de María, un ama de casa agotada (9 de enero de 2005); compartió los 30 días de vida de la mosca Catalina (3 de agosto de 2008); acompañó a Carlos, enfermo de cáncer que decidió recurrir al suicidio asistido, en sus últimas 24 horas (5 de diciembre de 2010), y viajó al Japón postsunami con el fotógrafo Jordi Socías (11 de marzo de 2012). Su trabajo más impactante fue ‘Nevenka, en el diván’ (15 de febrero de 2004), la concejala acosada por el alcalde de Ponferrada, una noticia que apenas había ocupado espacios secundarios en los periódicos locales. Aunque yo también me quedo, por su sensibilidad, con ‘Un día con Paco’ (4 de marzo de 2001), con un inicio muy millasiano: ‘Francisco Marín tiene 21 años y un cromosoma más que yo’.
El País Semanal lo han integrado siempre periodistas conscientes de que su trabajo principal es editar y ayudar a los colaboradores a mejorar las historias y, con suerte, salir de vez en cuando a realizar un reportaje. Por eso se establecen relaciones muy cercanas con los autores. Por ejemplo, Javier Marías solo quería tratar con Julia Luzán (una periodista discreta y culta, jubilada en 2013 y fallecida este pasado mes de julio). Marías enviaba sus textos por fax hasta el último día, con anotaciones escritas a mano: “Si el texto queda largo, esta es la línea que hay que cortar”, o “Quiero mantener esta frase, aunque al director no le guste”. De vez en cuando, dimitía de su columna semanal, decía que ya no tenía nada que contar, y a Julia le tocaba desplegar sus mejores artes para convencerle de seguir. Siempre lo conseguía.
El gran columnista de los primeros años de la revista fue el novelista Antonio Gala. Su éxito era extraordinario. Sus libros siempre tenían ventas millonarias. Llegaban decenas de cartas semanales y sus columnas (las más célebres, ‘Charlas con Troylo’ y ‘Cuaderno de la Dama de Otoño’) eran uno de los pilares de la revista. Pero cada cierto tiempo daba por finalizada una colección de columnas que convertía en un libro de gran venta. Y había que negociar la renovación. Gala nos recibía a los responsables de El País Semanal en el salón de su casa, en una otrora modesta colonia del norte de Madrid. Sentado en su butaca, vestido con un chándal, con su perenne y coqueto pañuelo cubriéndole el cuello, desplegaba un diálogo culto, mordaz, ingenioso y divertido sobre la actualidad, otros escritores, políticos o el propio periódico. Cuando nos despedíamos, al cabo de un par de horas, nos acompañaba su secretario a la puerta, y, antes de irnos, nos decía: “Don Antonio quiere un 10% de aumento para su siguiente serie”.
No puede entenderse El País Semanal sin los nombres de Rosa Montero (reportera aún veinteañera, redactora jefa, entrevistadora, narradora —Historias de mujeres, Pasiones— y ahora columnista); la atrevida Maruja Torres o la inquisitiva Sol Alameda. Sol, que buscaba siempre las contradicciones en las entrevistas con sus interlocutores, les enviaba luego las respuestas (como marca el Libro de estilo) por si querían matizar alguna cosa. Mariano Rubio, entonces director del Banco de España, devolvió la entrevista eliminando muchas respuestas que, pese a ser suyas, no le gustaban, e introdujo nuevas preguntas y réplicas “inventadas” por él. Sol se negó a aceptar los cambios. La entrevista nunca se publicó.
La muerte de Juantxu Rodríguez, un talentoso fotógrafo de 32 años, es la mayor tragedia que se ha vivido. Junto con Maruja Torres viajaba por Latinoamérica para realizar un reportaje sobre los jesuitas españoles. En Panamá, en las Navidades de 1989, fueron sorprendidos por la invasión de Estados Unidos. Juantxu salió a la calle para buscar imágenes de la invasión y fue alcanzado por una bala de las tropas estadounidenses. “Murió abrazadito a su cámara”, cuenta Maruja. Pese a los esfuerzos de la familia, nunca se buscaron responsables por este crimen.
En El País Semanal se han vivido tensiones, lógicas en cualquier medio, pero ninguna con efecto tan inmediato como la que conllevó la portada ‘Ana Patricia Botín, la mujer más poderosa de España’ (21 de febrero de 1999). En plena fusión del Banco Santander con el Banco Central Hispanoamericano, a alguien no le gustó ese protagonismo y Ana Botín fue cesada por su padre, Emilio Botín, el mismo domingo de la publicación. La historia tiene un final feliz en la portada de El País Semanal unos años después. ‘Retrato del poder’ (31 de octubre de 2010) era el título que acompañaba a la foto de su padre, Emilio Botín, en el centro, rodeado del comité ejecutivo del Santander… y Ana Botín sonriendo, a la derecha. Faltaba poco para que, en 2014, se sentara en la silla presidencial. Y ahí sigue: la mujer más poderosa de España.
El ascenso de Ana Botín no ha sido la única premonición que ha ocupado la portada de El País Semanal. Ahí van tres más; una que asusta, otra que alegra y una tercera que emociona.
La que asusta: 11 de mayo de 2003, 17 años antes de la pandemia, una chica asiática mira a cámara, con la boca tapada con una mascarilla de marca de lujo: ‘El miedo a los virus viajeros’ y el subtítulo “El peligro viene de China. Las enfermedades se globalizan gracias a los medios de locomoción”. ¿Qué sabíamos entonces para apostar por esa idea?
La que alegra: el 21 de marzo de 2004 se publicó una portada de una pareja de hombres con este título: ‘Queremos casarnos’. Luz Sánchez-Mellado, la autora, cuenta que “aquello era una utopía” y añade: “El 15 era día de elecciones, y todas las encuestas daban ganador al PP de Mariano Rajoy. Cerramos el reportaje el día 8, convencidos de que era un brindis al sol. Pero se produjo el atentado del 11-M y venció Zapatero. Su primera decisión fue retirar las tropas de Irak. Y la segunda, permitir el matrimonio gay”.
La que emociona: el número especial sobre el 11-M se produjo en solo una semana y se volcaron redactores y colaboradores. La portada es un dibujo de Miquel Barceló. Y en el interior hay un sentido reportaje sobre la estación de Atocha escrito por Almudena Grandes. Esa estación se llama ahora Puerta de Atocha-Almudena Grandes.
Hay portadas que han marcado una vida. Como la de Ferran Adrià: ‘El mejor cocinero del mundo’ (20 de junio de 1999). El propio Adrià llamó por teléfono a la Redacción el lunes para preguntar por qué habíamos puesto ese titular. “El texto de Agustí Fancelli [periodista de EL PAÍS en Barcelona] así lo dice, y nos fiamos de su criterio”, se le contestó. Otra de las raras llamadas de agradecimiento la hizo Penélope Cruz, tras ser elegida por primera vez para la portada con el titular ‘Dinamita rubia’ (9 de abril de 1995). Sonó el teléfono y era ella, entonces con 21 años, que llamaba para contar que estaba “emocionada y agradecida”.
En El País Semanal siempre se encuentran reportajes que cumplen con la máxima del ensayista alemán Hans Magnus Enzensberger: “La fuerza política del autor de reportajes consiste en no tener prejuicios ideológicos. Me acerco a las cosas fingiendo ignorancia, intento captar, y después describo los hechos que hablan por sí solos”. La lección se cumplía con ‘El silencio de Hernani’, de Jesús Rodríguez (22 de julio de 2007), un viaje al centro del apoyo a ETA; o con ‘Testigo del horror; el Congo se desangra’ (11 de enero de 2009), de Mario Vargas Llosa; o en ‘Víctimas de la IRA’, de John Carlin (25 de noviembre de 2001), cuando cambió la visión de un conflicto que afectaba a niñas de un colegio católico de Belfast. O también acercándose a grandes fenómenos pop, como con Gran hermano en ‘El zoo humano’ (25 de junio de 2000).
Los fallecimientos de Almudena Grandes, primero, y Javier Marías, después, han sido golpes muy duros por la complicidad que habían logrado durante años con los lectores. Rosa Montero y Javier Cercas son hoy los columnistas más veteranos. Cercas comenzó en 2001, poco después de publicar Soldados de Salamina. Al principio se resistió y luego dimitió en vano varias veces. Ahí sigue, 25 años después. En su reciente libro El periódico de la democracia, Cercas dice que, entre otras razones, escribe columnas “por el agrado persistente de invitar a un montón de personas” a su casa cada dos domingos, y “de, encima, cobrar por invitarlas”.
La revista ha ido compartiendo espacios temáticos exclusivos con otros soportes, ya sean digitales o analógicos. La moda, la belleza y los personajes de estos ámbitos están en S Moda desde 2011. El diseño, las nuevas tendencias, los nuevos creadores, en Icon desde 2013. La cocina, las recetas, los cocineros, en Gastro desde 2023. Y el propio periódico, en su día a día, se ocupa de temas de crecimiento personal o de psicología. Pero El País Semanal sigue manteniendo en exclusiva la esencia de su personalidad: grandes historias pegadas a nuestra realidad cotidiana. El reto ahora es mantener su apuesta en un universo digital donde proliferan los contenidos cortos e inmediatos, pero donde también puede encontrar más lectores que nunca.
El texto más leído de los últimos años, según las estadísticas de seguimiento, es ‘Coronavirus en el mundo nuevo’ (3 de mayo de 2020), de la escritora mexicana Alma Guillermoprieto, sobre la covid en Latinoamérica. En ese año tremendo, El País Semanal llegó a dedicar hasta 18 portadas a temas relacionados con el virus: el terror de las calles vacías, una visita a Wuhan y ser joven en tiempos de la covid, entre muchos otros.
Las buenas historias, las pepitas de oro, se han ido sucediendo en los últimos años. ‘Supersubmarina’ (31 de marzo de 2024), la primera vez que el grupo jienense cuenta su accidente, por Fernando Navarro. ‘Con velo no soy yo’, donde la jugadora de ajedrez iraní Sara Khadem le explica a Leontxo García por qué quiere vivir en España. ‘La verdad de Dani Martín’ (13 de octubre de 2024), por Manuel Jabois. ‘La condena’ (9 de febrero de 2025), donde Martín Caparrós cuenta cómo convive con la ELA. ‘Una sangre común’ (10 de mayo de 2026), de Leila Guerriero, la historia sobre la hija de desaparecidos en Argentina que denunció a sus apropiadores. O ‘El método Mamdani’ (13 de septiembre de 2026), una entrevista con el carismático alcalde izquierdista de Nueva York.
La Redacción de EL PAÍS es ahora silenciosa: ni se fuma, ni se bebe, ni se habla en voz alta ni vuela un guacamayo. Está poblada por redactores bastante más mayores que los fundadores, y sin embargo son todavía jóvenes. Y a El País Semanal le toca un reto exigente, que no deja de ser la misma misión de siempre: contar buenas, ambiciosas y cuidadas historias. En tiempos de bombardeo diario de mentiras fabricadas, las necesitamos más que nunca.
El País Semanal 50 Aniversario
Este artículo forma parte del especial aniversario de la revista que se publica en su edición impresa el domingo 25 de octubre.
Source: El País · Alex Martínez Roig
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