La vida de la magistrada Sofía Díaz se truncó hace tres décadas. Fue entonces cuando esta funcionaria –que desde el pasado año preside la Audiencia Provincial de Castellón- se situó en la mirilla del peluquero de Benicarló (Castellón, 30.296 habitantes) Reinaldo Colás, ideólogo del bulo del bar España. Una patraña que, propulsada por una legión invisible de webs, liga desde 1997 a dirigentes del PP y PSOE, jueces y empresarios con una red pedófila que organiza orgías y perpetra asesinatos. “He sentido miedo físico en este tiempo”, ha declarado Díaz este miércoles en la cuarta sesión del juicio, que sienta en el banquillo de un juzgado de Castellón a seis acusados.

En una vehemente intervención, la magistrada ha lamentado el “calvario” que sufrió tras situarse en el blanco de la diana de los propagadores de la ensoñación. “Decían que me ponía la toga para ir a violar y asesinar a niños en el bar España”. Un antro que, según el fantasioso relato, actuaba como tapadera de degeneradas prácticas amparadas por el silencio cómplice de poderes locales. En decenas de vídeos, podcasts y webs, la jueza se convirtió en objetivo de esta organización, según su testimonio. La trama la conectó con la desaparición de una enfermera que apareció más tarde asesinada en Benicarló. El ideólogo de la patraña, el peluquero Colás, ya fallecido, fue a ver incluso a una jueza compañera de la víctima para vincular a Díaz con el asesinato de la sanitaria. Esgrimió como prueba el testimonio de una vidente, que le acompañó al juzgado. “Decían que la enfermera formaba parte de nuestra trama y, cuando decidió abandonar la organización porque se hartó, la matamos”, ha recordado, nerviosa.

Otra ficción digital vinculó a la magistrada con el asesinato de una familia en 1999 en Vinaroz (Castellón, 30.529 habitantes). “Fui a levantar el cadáver de una madre y un hijo en esta población. Había rottweilers. Fue...”, ha concedido, emocionada y rota. La funcionaria también tuvo que encarar que su nombre se asociara a teorías conspiranoicas del caso Alcásser, que relacionaban la desaparición, violación y muerte de tres adolescentes en 1992 en un pueblo de Valencia con una vidriosa organización estatal.

Tras las bambalinas del bulo, la víctima ha puesto nombres y apellidos. Entre sus difusores, según la jueza, figura la acusada Pilar Baselga, la historiadora que en 2022 se hizo célebre por decir que Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, había nacido hombre y se llamaba en realidad Begoño. La Audiencia de Madrid absolvió este año por injurias a Baselga tras la denuncia de Gómez.

La jueza ha recordado que Baselga organizó una expedición a su juzgado en junio de 2017 junto a una legión de seguidores de la patraña. La intimidante comitiva se hizo notar en el complejo de funcionarios. “Una compañera me dijo: ‘Sofía, no salgas’. Me puse a llorar. Dibujaban sobre mi cara un círculo rojo”, ha explicado.

Más allá de una caterva desnortada de freaks, la jurista ha descrito a una organización que operó de modo sincronizado y, conforme modulaban acusaciones e insultos, disparaba el nervosismo de sus víctimas. La nómina de damnificados incluye al expresidente de la Diputación de Castellón Carlos Fabra; al extitular de la Generalitat Francisco Camps (ambos del PP) o a la exdiputada Mónica Oltra, de Compromís. “Uno de los acusados me deseo la muerte, pero no en una silla eléctrica, sino en un zulo”.

El origen de la inquina hay que buscarlo, según la magistrada, en 1997, tres años después de desembarcar en la carrera judicial. Fue entonces cuando la jueza archivó una denuncia del ideólogo del bulo, Reinaldo Colás. La funcionaria dio carpetazo a una querella en la que el peluquero acusaba al nuevo novio de su exmujer de agredir sexualmente a sus dos hijas, de tres y cinco años. El movimiento soliviantó a la jauría humana. “Fue una venganza de Colás, que era alcohólico. No pudo soportar que su exmujer, más joven que él, se fuera con un hombre mayor”, ha rememorado.

Tras recibir tratamiento psicológico y psiquiátrico, superar crisis de ansiedad y un carrusel emocional que ha atenazado su vida, la magistrada encajó picos de tensión durante las tres décadas que concitó la ojeriza del grupo. Sin rodeos, el fiscal le ha preguntado por el desgaste:

- ¿Cómo le ha influido todo esto en lo personal?

- He tenido miedo durante años. Cada vez que doy mi nombre en un comercio, agacho la cabeza. Temo que me puedan vincular con todas esas barbaridades. Vivo en la angustia, en la ansiedad. [...] Mis hijos eran bebés cuando empieza todo. Hoy son adultos. Temía que me pudieran hacer algo. En las redes, había gente que pedía que me violaran, asesinaran y torturaran. En 1997, me fui a Valencia a esconderme. Sabían si concursaba a plazas. Se movían. He sufrido persecución y acoso.

En la catarata de reproches, la víctima remarca que la campaña frustró que pudiera optar antes a la presidencia de la Audiencia Provincial de Castellón, que pilota desde el pasado año tras pasar por los juzgados de Mollet del Vallés (Barcelona) y Vinaròs. Otra situación perturbadora ocurrió cuando, durante una convalecencia, tras una operación de corazón, descubrió que la red propagaba una foto suya de la graduación de su hija. “Aseguraban que, junto a un capitán de la Guardia Civil, me dedicaba a manipular pruebas. Y que lo podía hacer –matar, violar y secuestrar- porque soy jueza y pertenezco a la elite”, ha lamentado, afectada y vehemente. En el camino, también recibió el espaldarazo de compañeros. “Los jueces se acercaban y me preguntaban: ‘Sofía, ¿qué te está pasando?”. Y es que algo pasaba, aparentemente imperceptible, que truncó la rutina. “Me hice experta en no salir en fotos”.

Sostiene la jueza que su reputación está hundida. Que nada podrá resarcir su maltrecha huella digital que la conecta con los delitos más execrables del Código Penal. Y que hay quien, por mucha patraña, siempre le asocie con vidriosos manejos de cloacas del sistema que secuestran a niños de un centro de menores para trasladarlos a la depravada trastienda del bar España. “Mi caso es único. He buscado en la jurisprudencia, pero no he encontrado nada igual”, ha zanjado.

Source: El País · J. G.

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