Desde el año 2016, fecha de la primera elección de Trump, Estados Unidos ha sido testigo del desarrollo de una nueva ideología radical en internet. Ella está formada por los “reaccionarios” o “neorreaccionarios”, que se denominan a sí mismos “la Ilustración oscura”. Las posiciones políticas que defienden son antiguas e hipermodernas a la vez: destruir la democracia, dirigir el Estado como una empresa, etcétera, que han ido desplazándose desde el extremo derecho hacia el centro de la derecha política (la ventana de Overton). Gracias al apoyo de unos cuantos multimillonarios de Silicon Valley y a la segunda victoria de Trump están en disposición de convertir a EE UU en el laboratorio de su proyecto. Esto es lo que se juega en las elecciones de medio término del próximo martes.

Los neorreaccionarios han desplazado a los conservadores y neoconservadores que acompañaron a Reagan o a Bush en la corte de la Casa Blanca. El conservadurismo es una defensa del statu quo; sus defensores pretenden conservar la estabilidad de la comunidad política a través del sistema en que se halla inmerso; critica las derivas de la modernidad pero acepta las limitaciones que impone la democracia y se esfuerza por defender sus posiciones dentro de un mismo marco. El ejemplo típico de conservador es el filósofo irlandés Edmund Burke (1729-1797), que condenó la ruptura brutal que supuso la Revolución Francesa, pero admitió la necesidad de cambios graduales y respetuosos con el pasado.

La descripción de la Ilustración oscura se halla en el libro del mismo título del profesor de Sciences Po Arnaud Miranda (editorial Taurus). Los reaccionarios se niegan a convivir en el interior del marco en el que se han instalado; creen que ya es demasiado tarde, que la modernidad ha ido muy lejos y que hay que derrocar el sistema para establecer un orden tradicional legítimo. El conservador está animado por una voluntad de preservación mientras que el reaccionario se mueve por un ánimo de reconstrucción. Un ejemplo tradicional de reaccionario es Joseph de Maistre, que veía en la revolución un castigo providencial que revelaba su profunda decadencia, por lo que abogaba por la restauración de la monarquía. Estos ideólogos consideran que el conservacionismo es un callejón sin salida porque contemporiza con el juego democrático.

En este contexto tendrán lugar las elecciones brasileñas, estadounidenses e israelíes. Pronto llegarán las españolas. Y luego las francesas, italianas o polacas. En el conjunto se conocerá la fuerza de la Ilustración oscura. Es por ello por lo que Pedro Sánchez dijo en su performance en La revuelta o en la entrevista con el director de EL PAÍS que en una democracia la alternancia resulta positiva, pero un Gobierno de la derecha con la extrema derecha no representa una alternancia sino una auténtica involución.

Los gobiernos, cuando llevan mucho tiempo, se desgastan y se alejan de la realidad; también caen en casos de corrupción. Es en esos momentos cuando se echa de menos una auténtica alternancia, pero no cuando esta no significa cambios en las políticas sino en las reglas del juego. Socialdemócratas o conservadores son sustituidos por neorreaccionarios que si pierden las elecciones las acusan de ilegítimas, como ha sucedido con Trump, Bolsonaro y sus epígonos. Los neorreaccionarios deshumanizan al adversario político y no se produce una alternancia sino una regresión.

El catedrático de Filosofía Política Daniel Innerarity publicaba la pasada semana un artículo en este periódico, Nostalgia de los conservadores, en el que recordaba el papel de los conservadores clásicos en dos de las principales innovaciones políticas del siglo XX: la Unión Europea y el Estado de bienestar, que no hubieran sido posible sin su contribución. El autor se pregunta cómo deberán actuar en una época posliberal que cuestiona el libre comercio, desmonta la globalización en la que desarrollaron su visión del mundo, desprotege la propiedad y exonera la responsabilidad (desde que descubrieron que los bancos eran demasiado grandes para caer y había que rescatarlos).

La hipotética sustitución en el largo plazo de los conservadores por los reac­cionarios es parte de las elecciones de medio mandato de pasado mañana.

Source: El País · Joaquín Estefanía

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Politics
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