Profesores y estudiantes de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense han evaluado y analizado vídeos, partes de lesiones y material fotográfico para elaborar un detallado informe jurídico muy crítico con las cargas policiales del pasado 14 de octubre ―primera jornada de la huelga educativa― que se saldaron con varios heridos (cuatro diagnosticados) y cinco detenidos en la plaza de Ciencias del campus madrileño. Los autores del documento de 35 páginas, al que EL PAÍS ha tenido acceso, observan “irregularidades” en toda la actuación policial: desde su entrada al recinto de la UCM, a la ausencia de advertencias antes de cargar o los golpes en zonas del cuerpo “antirreglamentarias”. La Delegación del Gobierno asegura que sigue investigando el incidente.
Además del excesivo uso de la fuerza, los juristas consideran que los agentes entraron de manera ilegal en dependencias de la institución académica, “dada la falta de motivación para vulnerar la inviolabilidad y autonomía universitarias”, una garantía recogida en la Ley Orgánica del Sistema Universitario (LOSU, 2023). Además, sostienen que actuaron de forma “unilateral sin habilitación legal”. Es decir, sin orden judicial o petición formal del Rectorado para entrar al paraninfo.
El documento, que el comité de huelga hará llegar a los ministerios de Interior y Trabajo, a la Delegación del Gobierno y al Rectorado, incluye 21 vídeos con los que los autores buscan demostrar la violencia en la intervención física y la conducta individual de los agentes. Los sindicatos convocantes, por su parte, van a promover una demanda por vulneración de derechos fundamentales y los cuatro heridos con parte médico barajan todavía si denunciar por la vía penal. No descartan, además, presentar una queja ante el Defensor del Pueblo a través del mecanismo nacional de prevención de la tortura.
A las ocho y media de la mañana del 14 de octubre, según el relato del informe, un piquete informativo salió de la Facultad de Ciencias de la Información en el marco de una jornada de huelga legalmente convocada. De camino a Ciencias Matemáticas paralizaron el tráfico y tres ciudadanos alertaron por teléfono a la policía de que personas con bengalas y embozadas impedían circular. El corte de la calle, según el colectivo, duró muy poco.
Luego pusieron rumbo a Ciencias Químicas entre cánticos, siempre según el relato de los manifestantes. En ese momento, el discreto dispositivo policial se multiplicó hasta llegar a los 11 furgones. “Penetraron en el campus y desplegaron dos cordones de bloqueo que envolvieron al piquete por delante y por detrás”, se describe en el informe. “Irrumpieron directamente a la carrera, pertrechados desde el primer momento con cascos de protección, defensas empuñadas y portando en mano armas reglamentarias de dispersión y fogueo”, prosigue. Tradicionalmente, en las huelgas universitarias, los agentes no llevan encima equipos de choque si la situación es pacífica, y el jefe del operativo policial dialoga con los convocantes de la protesta.
Los concentrados, cuenta este informe, fueron acorralados por los agentes que les prohibieron el paso, pues estaban a la espera de las instrucciones pactadas entre el Rectorado y la Delegación del Gobierno. Finalmente, se les dejó proseguir la marcha por una esquina de la Plaza de las Ciencias y entonces se desató la trifulca. Según el testimonio de los manifestantes que se encontraban sujetando la pancarta, “un agente se interpuso bruscamente en la trayectoria de avance de la cabecera de la manifestación, provocando un choque involuntario con los estudiantes de cabecera; acto seguido, y sin agresión previa de ningún tipo, un funcionario empujó violentamente a un estudiante y, al recriminar los presentes dicha conducta, otro agente arremetió de forma directa contra el flanco derecho de la pancarta”.
En los 21 vídeos aportados por los denunciantes se muestra cómo la policía golpea con las porras, a través de la pancarta, hacia el torso y las piernas de los manifestantes. En un momento se ve cómo una estudiante que se encontraba en primera línea se cubre la cabeza con los brazos para evitar los golpes. “Posiblemente en esta carga es cuando se produce la rotura de cúbito que ha denunciado la manifestante”, concluyen los juristas de la UCM. En ningún momento, recuerdan, se produjo un lanzamiento de objetos.
Cuando esta primera carga terminó, los concentrados pidieron explicaciones a la Policía. Algunos de los agentes no llevaban visible su número de identificación, aseguran. El piquete fue conducido a las inmediaciones de la Facultad de Ciencias Físicas, donde se acometió la segunda carga “de extrema violencia y de manera enteramente sorpresiva”, según el informe. “La reactivación de las agresiones se produjo cuando un agente se detuvo en seco en la línea, una alumna rozó levemente con él y el policía le propinó un fuerte empujón”. La Policía retiró la pancarta y varios manifestantes agarrados a ella terminaron por los suelos. En los vídeos se oye la detonación de un arma y escenas dantescas en las que una alumna chilla que no puede andar mientras los agentes la arrastran varios metros y decenas de universitarios se lamentan de los porrazos a discreción.
Los autores del análisis consideran que en recintos cerrados universitarios no es necesario comunicar una huelga a la Delegación del Gobierno, de acuerdo al derecho de reunión que recoge la Constitución. Además, sostienen que no cabía la disolución forzosa del piquete informativo al no cumplirse los requisitos legales.
Los expertos en derecho remarcan asimismo como especialmente grave la “gratuidad y vulneración” de los principios de congruencia, oportunidad y proporcionalidad en la actuación policial. Porque “no hubo advertencias conminatorias previas antes del uso de las defensas policiales” y, además, dirigieron los golpes a zonas antirreglamentarias (cabeza, torso superior, personas caídas o acorraladas). Además, aseguran, hubo detenciones e identificaciones ilegales por grabar infringiendo la Ley orgánica de protección de la seguridad ciudadana.
Todo este relato lleva a los denunciantes a concluir que se han cometido delitos de lesiones, contra el ejercicio de los derechos cívicos y fundamentales, contra la integridad moral, trato degradante y de responsabilidad de la cadena de mando.
Jorge, un alumno de Derecho y Filosofía en la Complutense que prefiere no dar su apellido, ha asistido a clase esta semana con un dedo que apenas podía mover. El estudiante, de 21 años, recibió un golpe fuerte en la mano izquierda mientras agarraba la pancarta del piquete durante la primera carga policial. Relata: “Tuve que ir al hospital porque se me estaba hinchando el dedo y me estaba empezando a marear, pero no estaba ni fracturado ni nada”. El alumno subraya que tuvo suerte. “Otras compañeras terminaron con un codo roto o una brecha en la cabeza”, cuenta.
Jorge se ha manifestado en varias movilizaciones de la huelga indefinida de la educación pública madrileña desde entonces. “Al día siguiente hubo una concentración en el mismo punto en el que fueron las cargas con cinco veces más gente que el propio piquete informativo. La misma gente que incluso había sido detenida el día anterior estaba nuevamente en la concentración denunciando la violencia policial”, señala sentado en un banco mientras otra manifestación llena el Paseo del Prado, en el centro de la ciudad.
La Delegación del Gobierno en Madrid solicitó al jefe superior de la Policía una investigación “urgente” horas después de lo ocurrido. Las cargas fueron muy criticadas por los partidos del Gobierno y el rector Joaquín Goyache y respaldadas por el Gobierno madrileño. Se desconoce por ahora el resultado de las pesquisas. Pero no han sido las únicas escenas violentas. Los antidisturbios volvieron a cargar este lunes contra profesores de colegio e instituto que impedían la salida de la presidenta Isabel Díaz Ayuso de un acto. De nuevo, la Delegación del Gobierno aseguró que ha abierto una investigación.
Numerosos estudiantes y profesores de la Complutense consultados por este periódico coinciden en que es habitual imponer un piquete informativo dentro de una huelga convocada. Jorge, que participó en varias concentraciones anteriores, cree que la “tranquilidad” con la que manifestaba en el campus “ha desaparecido” tras la carga policial. “Ha dado paso a un estado de alerta”, añade. “Pero no de dejar de hacer cosas, sino precisamente que nuestra movilización esté más preparada para enfrentar situaciones como las que se vivieron el pasado miércoles”.
Source: El País · Elisa Silió, Archie Willis
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