Un total de 874 días ha tenido que esperar Oriol Junqueras para beneficiarse de la amnistía después de que el Congreso diera luz verde definitiva a la norma. La decisión del Tribunal Supremo, conocida este martes, de aplicarle la medida de olvido judicial a los líderes condenados por el procés deja sin efecto la pena de inhabilitación que aún pesaba sobre el presidente de Esquerra Republicana y otros dos compañeros de filas (Raül Romeva y Dolors Bassa), así como sobre el secretario general de Junts per Catalunya, Jordi Turull. “Hoy la política vuelve al terreno de la política porque sale del terreno de la judicialización y de la represión”, dijo el exvicepresident en una atención a los medios en Barcelona.
Las miradas se centran en Junqueras, que ha manifestado su deseo de concurrir a las próximas elecciones catalanas y competir por ser el próximo presidente de la Generalitat. Mientras tanto, el exvicepresidente ansía volver a dar clases en la universidad. ERC, de momento, estrena la habilitación de los tres exmiembros del Govern de Junts pel Sí colocándoles como broche de las listas que este martes por la noche bendijeron los órganos del partido para las elecciones generales del 29-N.
La emoción había embargado la sede de Esquerra Republicana, en la barcelonesa calle de Calàbria, desde que antes del mediodía de este martes se conociera la decisión del Supremo. Sabían, desde hacía días, que el posicionamiento del alto tribunal estaba al caer. Pero el impacto emocional ha sido enorme. El presidente de la formación ha bajado al terreno íntimo. “Hoy hay dos niños en Cataluña que recuperan a un padre en condiciones de hacer su trabajo como profesor de universidad”, aseguró en un patio lleno de cargos del partido y militantes. Junqueras es doctor en Historia del Pensamiento Económico y licenciado en Historia Moderna y Contemporánea y daba clases en la Universitat Autònoma de Barcelona. “No tenían ninguna necesidad de impedirnos hacer nuestro trabajo, de poder dar clases en la universidad. Si lo han hecho es porque nos han tenido y nos tienen mucho miedo. Y dejadme aclarar que hacen bien en tenernos miedo. Porque ellos odian y desprecian la democracia y nosotros siempre la hemos defendido”, agregó Junqueras.
El Supremo ha aplicado la amnistía por el delito a regañadientes, tras el criterio favorable emitido por el Tribunal Constitucional y el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. De no haber sido así, tanto Junqueras —que fue condenado a 13 años de inhabilitación— tendría que haber esperado a 2031 para optar de nuevo a un cargo público, lo mismo que Bassa, que fue consejera de Derechos Sociales. En el caso de Turull y Romeva, tras el indulto y la desaparición del delito de sedición, la pena de inhabilitación permanecía activa hasta 2030.
Una larga ambición
Junqueras otea así el momento de la verdad para una de sus mayores ambiciones: ser presidente de la Generalitat. No ocultó ese deseo, si bien puso el acento su intención de volver a dar clases en la universidad. Aseguró que su partido seguirá contribuyendo a “construir las mayorías democráticas, políticas y sociales necesarias para dar todo el poder, todas las herramientas y todos los recursos al pueblo de Cataluña”. De momento, tanto él como los otros dos exconsejeros estrenarán su nueva condición ocupando un lugar en los últimos puestos de las listas de ERC.
En las elecciones de diciembre de 2017, convocadas en virtud de la aplicación del artículo 155 de la Constitución, el líder de Esquerra fue cabeza de lista por su partido mientras estaba en prisión preventiva. No pudo, por tanto, hacer campaña en igualdad de condiciones con los otros candidatos, tampoco con Carles Puigdemont, ya instalado en Bruselas tras huir de la justicia española. Se quedó a poco más 12.300 votos de ser la fuerza independentista más votada, por encima de Junts.
Junqueras no aceptó preguntas en su comparecencia y deja en el aire el interrogante de si su nueva condición implicará un giro en su papel de socio de investidura del Govern de Salvador Illa. El calendario fija que los nuevos comicios sean, como máximo, en junio de 2028 y el president, con los Presupuestos aprobados pero en minoría en el Parlament, asegura que su idea es completar la legislatura. El republicano podría apretar más al Ejecutivo de Illa, a la vista de que muchos de los acuerdos pendientes dependían del Gobierno central. La duda es si se impondrá el Junqueras más pragmático o el que optará por apartar los obstáculos para alcanzar su gran deseo.
Source: El País · Camilo S. Baquero
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