Diferentes ciudades europeas se han convertido en el escenario de graves disturbios públicos en las últimas semanas. Se extendieron por París durante las protestas sociales por el auge del coste de la vida y también hace una semana en Barcelona, cuyo centro sufrió destrozos tras una convocatoria a través de las redes sociales que llamaba al pillaje en los comercios. Esas protestas han sido este lunes uno de los centros de interés del coloquio mantenido en World in Progress (WIP), el foro internacional organizado por el Grupo PRISA, entre el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, y su homólogo de Justicia francés, Gérald Darmanin. Albares ha insinuado que detrás de esas convocatorias “hay injerencias externas”, conscientes de que hay unas elecciones convocadas para el 29 de noviembre y que el momento es especialmente sensible: “Buscan influir en nuestros procesos electorales”, señalando la existencia de “fuerzas de Estado y no estatales”.

Albares ha defendido en todo momento el derecho a la manifestación y ha señalado a los autores de los alborotos a “una violencia ultraminoritaria”. Pero también ha subrayado que el interés en forzar esas imágenes de violencia es el de “polarizar”. El ministro ha dicho que hay colectivos, entre los que ha puesto a la extrema derecha, que “saben que si consiguen debilitar a los europeos diluyen el único modelo exitoso de progreso, multilateralismo y que es el gran obstáculo para que se imponga la ley que les gusta, la ley de la selva, la ley del más fuerte”. Darmanin ha señalado que tras las protestas en Francia están los que luchan porque están “frustrados” por la situación en la que se encuentran, que “ven que les cuesta mucho avanzar” y a los que hay que escuchar, y después “una parte nihilista” que intenta atraer a jóvenes, a quienes ha situado en la ultraizquierda, una minoría política que, a diferencia de la extrema izquierda, no tiene intención de sentarse a la mesa para cambiar las cosas desde los gobiernos.

El diálogo sobre los alborotos ha virado directamente al futuro de Europa en el caso de que la extrema derecha logre gobernar en Francia y España. En ese punto, Darmanin ha sido contundente: “Si la señora Le Pen [líder de Agrupación Nacional] es elegida, ya no habrá Europa como la conocemos”, por lo que ha llamado a advertir a Europa de la necesidad de “defenderse”. El ministro galo ha hecho una defensa cerrada para que el Viejo Continente se transforme, básicamente en soberanía. Se refería a la capacidad para decidir por sí misma, pero sobre todo a construir una estructura que le dé autonomía estratégica, cuestión que ha vinculado directamente con la capacidad de tener una industria militar o tecnológicas europeas para no depender de la compra a países como Estados Unidos o China.

Albares no ha dudado en darle la razón e incluso ha ligado su defensa con la de los alborotos de Barcelona azuzados a través de las redes sociales. “Necesitamos un mercado digital europeo, también para asegurar que no hay intromisiones externas”, ha dicho, si bien también ha llamado a tener el ansiado mercado de capitales europeo o un ejército comunitario que, ha dicho, no tiene por qué entenderse como una forma de debilitar la OTAN.

Las diferentes diagnosis que se han efectuado sobre el modelo europeo han señalado que a Europa le faltan gigantes empresariales tecnológicos y Darmarin ha querido, durante su participación en el WIP, dejar claro que hay solventarlo. Ha cuestionado, por ejemplo, que la UE quiera regular la inteligencia artificial (IA). “¿Queremos regulas las tecnologías que no nos pertenecen o queremos ser autónomos?“, se ha preguntado de forma retórica antes de dar su respuesta: ”Antes que regular tenemos que innovar". Y lo ha dicho señalando que el Ministerio de Justicia francés intentó un proyecto de modernización que incluía el uso de la IA, pero que generaba dudas porque hacerlo suponía poner datos críticos de Airbus en una plataforma americana, sin control, y que podía tener mucho interés para Boeing, el fabricante de aviones estadounidense que pugna por el mercado aéreo con el consorcio europeo. “Íbamos a darles datos importantísimos; tenemos que crear nuestras propias infraestructuras digitales”, ha defendido. “Antes de regular tenemos que disponer de herramientas digitales que nos den autonomía para decirles a los americanos y a los chinos: pasamos de vosotros”, ha zanjado sobre el debate.

Source: El País · Dani Cordero

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