Vito Quiles llevó este lunes su show al centro de Sevilla, donde se produjeron escenas de tensión y hubo multitud de carreras, insultos y amenazas entre sus seguidores y los manifestantes antifascistas concentrados contra su presencia. Protegido por un fuerte despliegue policial, el agitador ultraderechista dio a su audiencia, de más de un centenar de personas, en su mayoría hombres jóvenes, una ración de lo que por sus antecedentes cabía esperar: gruesas palabras contra el Gobierno y Pedro Sánchez —“criminal”, “dictador”, “homicida”— y victimismo a raudales.
La tarde estuvo cargada de tensión. Quiles, que solo en Instagram tiene más de 1,6 millones de seguidores, había convocado y comunicado a la Subdelegación del Gobierno en Sevilla un acto dentro de su gira Mafia o patria a las 18.00 en la Puerta de Jerez. No es posible un sitio más céntrico. Grupos antifascistas habían respondido con una convocatoria informal una hora antes en el mismo sitio, sin comunicación a las autoridades. Atendiendo a una recomendación de la Policía Nacional, el acto de Quiles fue desplazado a la Avenida de Roma, a apenas cien metros, para garantizar la seguridad y facilitar el operativo policial, explicó un portavoz de la Subdelegación.
A las 17.00 empezaron los altercados en la zona. Un grupo de chavales vestidos de negro y con los rostros tapados salieron corriendo hacia quienes identificaron como “nazis”. Hubo carreras y lanzamiento de sillas en la calle Almirante Lobo, pero el jaleo se deshizo pronto. Había mucha adrenalina juvenil en el ambiente. Para enfriar la situación, la Policía Nacional se desplegó con contundencia, con en torno a 50 agentes, que se encargaron de que todos los manifestantes contra Quiles se arracimaran en un solo punto, junto a la emblemática fuente de Puerta de Jerez. Desde allí empezaron a gritar consignas como “Aquí están los antifascistas”, “Vito, parguela, acaba la carrera” o “Sevilla será la tumba del fascismo”. Un joven de 19 años que decía llamarse Jero explicaba su presencia así: “Vamos a dejarle claro al niñato que aquí no queremos fascistas”.
La espera hasta el inicio del acto de Quiles se hacía larga. Un agente de policía se acercó al menos dos veces a los manifestantes antifascistas para advertirles de que no consentiría que pasaran de un determinado punto. Molestos, lanzando consignas contra Quiles y contra la Policía Nacional, a la que acusaban de trabajar para el afamado influencer, los manifestantes acataron la orden. Lo contrario, les había advertido el agente, conllevaría una respuesta firme. Hubo momentos de tensión, en los que parecía que la masa, de más de un centenar de personas, iba a avanzar. Incluso volaron tres bolas rellenas de pintura roja hacia los agentes, que no resultaron alcanzados. Eso sí, varios de ellos sacaron sus escudos. Fue el instante en que más pareció que iba a producirse un choque.
Detrás del despliegue policial colocado frente a los manifestantes antifascistas había cien metros despejados y ahí un nuevo despliegue de agentes a pie y furgonetas policiales, tras el cual esperaban los seguidores de Quiles. Al igual que en la manifestación en su contra, en su mayoría eran jóvenes y en su mayoría hombres. En torno a las 18.30, apareció la estrella de la jornada, acompañada de varios guardaespaldas, para júbilo de sus fans. “Pedro Sánchez, hijo de puta”, “Óscar Puente, dimisión”, coreaban. Hubo uno que soltó un “Vito, presidente”, pero nadie lo siguió. Eso sí, provocó risas. En un corrillo, tres chicos de en torno a 20 años no se ponían de acuerdo sobre el partido que apoyaba Quiles: si era Vox, el PP o Se Acabó La Fiesta. “A mí me da igual”, zanjó uno, “lo importante es que va contra el Perro a muerte”. Con “el Perro”, se refería a Pedro Sánchez.
Tras un breve diálogo con agentes de Policía Nacional, Quiles aceptó dar su discurso en un pequeño parque a unos 150 metros de donde tenía previsto. El influencer aprovechó el cambio de lugar para interpretar uno de sus papeles preferidos: el de hombre agraviado, perseguido por sus ideas. Cogió su megáfono —que no se escuchaba demasiado bien— y se quejó de que el Gobierno hubiera dado a los “enemigos de la nación” el gusto de desplazar una convocatoria de los “españoles de bien”. Casi toda su intervención fue por derroteros victimistas: no entendía que dijeran que era “nazi”, “fascista” o “violento”. Los jóvenes asistentes le daban la razón. Una chica comentó a su amiga que Quiles era “un valiente”. Otro afeó a voces su actitud a la Policía Nacional: “Con los moros no tenéis cojones”. La idea de que Quiles hace y dice lo que otros no se atreven parecía calar entre los asistentes.
De duración breve, de en torno a un cuarto de hora, el discurso de Quiles dejó dos mensajes. El primero, que “la juventud” debía votar en masa para “abanderar el cambio” y expulsar de La Moncloa al “dictador”, en referencia a Pedro Sánchez. El segundo, que sus referentes son Iván Espinosa de los Monteros en el plano político, “don Amancio Ortega” en el empresarial, Dani Carvajal en el deportivo e Iker Jiménez en el televisivo. Todo ello en contraste con la izquierda, que tiene ídolos a su juicio peores, como el futbolista Borja Iglesias —“que se pinta las uñas”, dijo Quiles— y el presentador de televisión David Broncano, con el que Quiles tiene especial fijación.
“Puto rojo el que no bote”
Quiles se marchó en torno a las 19.00 horas. Algunos de sus seguidores se dirigieron entonces a la zona donde estaban literalmente bloqueados por la Policía Nacional los manifestantes en su contra. El riesgo de pelea se multiplicó. Si a las 18.00 los turistas y paseantes locales se acercaban con simpática curiosidad a preguntar qué pasaba, a las 19.00 apretaban el paso en vista de la crispación que reinaba en el ambiente.
Un grupo de seguidores de Quiles empezaron a gritar “puto rojo el que no bote”, erizando el ánimo de sus adversarios, que respondían con gritos de “fascistas”. Los agentes se emplearon a fondo para evitar choques. Hasta cinco uniformados tuvieron que mantener protegido a un grupo de seis chavales de en torno a veinte años —cuatro chicas, dos chicos— que estaban siendo acechados por los seguidores de Quiles.
Hubo más carreras, muchos insultos, muchas amenazas y poco a poco, la multitud se fue dispersando, dejando la impresión de que había un alto riesgo de que —ya caída la noche— dos grupitos se enzarzaran en cualquier calle. Para entonces, Quiles ya se había marchado, y su cuenta de seguidores en likes y seguidores en las redes sociales seguía engordando.
Source: El País · Ángel Munárriz
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