Con los resultados de las elecciones de medio mandato del martes, Florida pasó de ser uno de los grandes bastiones republicanos de Estados Unidos a una trinchera de guerra donde el partido por poco sobrevive.
“Seamos claros sobre lo que ocurrió. Para los republicanos, en muchas partes del país, esto equivale casi a un evento de nivel de extinción, probablemente el más grave de los últimos 100 años”, dijo el gobernador republicano de Florida, Ron DeSantis, el miércoles sobre las votaciones, donde su partido perdió la mayoría en las dos Cámaras del Congreso, varias gobernaciones y otros cargos locales.
“Es el equivalente político de un impacto de meteorito que recorrió todo Estados Unidos, Estados demócratas, Estados republicanos, todo lo que hay entre medias, y el único Estado que fue capaz de resistir y mantenerse firme es aquí mismo, en el Estado libre de Florida”, agregó el gobernador.
Mientras los Estados del sur se han ido pintando de azul, Florida resalta en el mapa como uno de los pocos territorios donde los republicanos ganaron todos los cargos locales —la gubernatura, la fiscalía, la mayoría en la cámara estatal— y reelegieron a sus legisladores al Congreso y el Senado, aunque por márgenes muy estrechos. Políticos y simpatizantes atribuyen la merma de votos republicanos al aumento del costo de vida y al impacto de las políticas de inmigración promovidas por el partido que ahora lidera Donald Trump.
Junto con Texas, Florida es también uno de los Estados del país donde los gobiernos locales han implementado las políticas más conservadoras impulsadas por los republicanos en años recientes: la prohibición de libros, del aborto, la eliminación de políticas de diversidad, el control de la educación. Incluso antes de que Trump regresara al poder, DeSantis había emprendido su propia guerra contra el progresismo, y se perfilaba como aspirante a las presidenciales de 2028 para suceder a Trump.
Pero Byron Donalds —el gobernador electo, también republicano, que reemplazará a DeSantis— ganó con solo 1,3 puntos porcentuales de ventaja, a pesar de que los republicanos cuentan en Florida con más votantes registrados que los demócratas. Aunque tuvo el apoyo de DeSantis y de Trump, su campaña se enfocó en el mismo tema central que utilizó la oposición: el alto costo de vida. Y fue de lo primero que habló al celebrar la estrecha victoria.
“La verdad es que, en nuestro Estado, hay personas que están pasando por dificultades, observan sus facturas de seguro, revisan sus cuentas bancarias, no mes a mes, sino día a día, intentando resolver cómo van a llegar a fin de mes. Y mi misión como próximo gobernador de Florida es asegurarme de que puedan construir una gran vida aquí”, dijo Donalds a sus partidarios la noche electoral.
“Señor presidente, quiero que escuche de parte de Florida que seguimos siendo un Estado rojo”, agregó.
Ganan los rojos, pero el voto se desplaza a los azules
Los votantes también pasaron factura a los legisladores republicanos del Estado que han respaldado en las dos Cámaras las decisiones sobre el aumento del presupuesto y de las operaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE)y a los gobiernos locales que han brindado el apoyo de sus cuerpos de policía, a través de los acuerdos conocidos como 287(g).
En todos los distritos de la Cámara de Representantes hubo desplazamiento de votos hacia los demócratas, de entre 4 y 23 puntos porcentuales, con respecto a las elecciones de 2024.
En Florida, la agresividad de estas políticas ha generado rechazo, incluso entre los militantes más convencidos.
Cleide Carmenati,decoradora brasileña, de 73 años, lleva 30 trabajando con el partido en las épocas electorales y también votando por ellos. El día de las elecciones, estaba haciendo campaña por un candidato republicano al Senado de Florida, Fabián Basabe, en un centro electoral de North Beach, en Miami. Frente a la pregunta sobre lo que espera que pase luego de estas elecciones de medio mandato, respondió sin dudarlo: “Espero que mejore el respeto a los inmigrantes. No es que por ser republicana no veo las cosas que están pasando”. También espera que mejore la economía y que disminuya la violencia callejera en su barrio de Miami Beach.
Los floridianos también tuvieron una elección especial para el escaño que dejó vacante Marco Rubio para servir como secretario de Estado de la Administración Trump. Ahí, la senadora designada temporalmente por DeSantis y candidata a la reelección, Ahsley Moody, ganó por 2,8 puntos porcentuales a la candidata demócrata y socialista Angie Nixon. Aunque competía con una gran desventaja de recursos y prácticamente sin el apoyo del establishment demócrata, Nixon llegó más cerca de lo que se pronosticaba: quedó atrás con el 47,9%, frente al 50,87% de la republicana, a quien las encuestas le daban hasta 10 puntos porcentuales de ventaja.
El teleprompter de Salazar
En el discurso que tenía preparado para cuando se cantara su reelección, que ya estaba a tiro para salir en los dos teleprompters que ella leería, la congresista republicana cubanoamericana María Elvira Salazar tenía planeado aleccionar a Trump y darle consejos específicos para que diera un giro a las políticas agresivas de inmigración que le han costado tantos votos al partido en esta elección.
Como ya lo había hecho en un video que publicó a menos de dos meses de las elecciones, tenía previsto hablarle a él directamente. Pero llegada la hora de los resultados, optó por no leer ese discurso.
El margen que le daba ventaja sobre el demócrata Elliot Rodríguez en la elección por el distrito 27 era de poco más de mil votos, que equivalen a 0,44 puntos porcentuales del total. Una diferencia que se sitúa en el umbral del 0,50% establecido en Florida para activar el recuento automático de votos.
Aún ganando, el resultado ha sido un duro golpe para su reelección, que en procesos pasados había obtenido con ventaja de 15 y 20 puntos porcentuales sobre los demócratas. Es una ventaja que ya no le alcanza para aconsejar o retar al presidente.
Al final, Salazar optó por un mensaje genérico, ya no dirigido al presidente sino a su partido: “Los votantes han dicho alto y claro en el distrito 27, en Florida y en el resto del país que mi Partido Republicano debe corregir el rumbo en la economía y en la inmigración. Esos son los dos temas más importantes para el estadounidense promedio en todas las encuestas”, admitió Salazar.
Luego la congresista insistió en que necesitaba apoyo para sacar adelante el proyecto Dignidad, que presentó al Congreso en 2022 junto con la representante demócrata de Texas Verónica Escobar. Esta propuesta de ley ofrece una vía para regularizar a los inmigrantes sin documentos que lleven más de cinco años en el país sin cometer delitos, pero no abre un camino hacia la ciudadanía; hasta ahora solo ha conseguido el respaldo de unos 40 legisladores de ambos partidos y no ha llegado a una votación en el pleno.
Cuando terminó de hablar, uno de los técnicos de sonido estaba indignado. No solo porque había estado ensayando desde el mediodía el discurso con Salazar en los teleprompters, sino también porque el proyecto Dignidad de la congresista no resuelve el problema de su suegra cubana, que no tiene estatus legal para permanecer en Miami con la única hija y familia que le queda: “¿De qué dignidad le va a estar hablando a mi suegra? Si nunca va a poder tener la ciudadanía, eso no es dignidad”.
Los músicos subieron al escenario tan pronto acabó el discurso de Salazar pero ella seguía dando entrevistas y ordenó con una seña que no empezaran a tocar. Al cabo de un silencio incómodo, el cantante al fin dijo: “Ahora sí, a bailar!”. Y la banda arrancó con dos temas del salsero venezolano Oscar D’Leon, Qué bueno baila usted y Llorarás y llorarás.
Source: El País · Maye Primera, Javier Figueroa
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