Flávio Bolsonaro, derrotado por las urnas y bajo investigación judicial, ha huido de Brasil hacia Estados Unidos, según fuentes oficiales de ese país y colaboradores del líder ultra. Dirigentes próximos a él lo han confesado al diario Folha de S. Paulo después de que este haya incumplido la orden judicial de entregar su pasaporte. Fuentes oficiales de EE UU también han confirmado a Reuters que el avión con Bolsonaro a bordo se dirige a ese país. El magistrado del Supremo Tribunal Federal (STF) Alexandre de Moraes concedió el lunes a Bolsonaro 24 horas para entregar los pasaportes ante su supuesta implicación en una trama de blanqueo de dinero a través de apuestas digitales. Tras el incumplimiento de la orden, la policía ha anulado la vigencia de los documentos brasileños de Bolsonaro, que tiene también uno diplomático por su condición de senador. Pero el político ultra dispone además de otro pasaporte italiano.
La orden de entregar los pasaportes había sido divulgada el pasado lunes por el propio Bolsonaro, a la vez que declaraba en los términos más rotundos que en ningún caso huiría del país. Aseguraba que pretendía ejercer de líder de la opòsición al presidente Luiz Inácio Lula da Silva después de su inesperada derrota en las elecciones presidenciales del pasado domingo. Bolsonaro había salido triunfador de la primera vuelta, el pasado 4 de octubre, y su certeza de que acabaría alcanzando la presidencia era tal que incluso se lanzó a dar pistas sobre su futuro Gobierno y sus primeros planes. Las encuestas avalaban su confianza. Y también la historia: todos los vencedores del primer turno de las elecciones presidenciales brasileñas lo habían revalidado en el segundo. Hasta que el domingo se produjo la histórica remontada de Lula, que dejó noqueados a los bolsonaristas.
El juez Moraes, el mismo que emprendió el proceso que acabó con la condena a Jair Bolsonaro por tentativa de golpe, no esperó ni unas horas tras la derrota electoral para actuar contra su hijo mayor. El plazo para que entregase los pasaportes concluyó en la mañana de este martes, hora brasileña, sin que el político la cumpliese. De inmediato se desataron los rumores. El director de su campaña, Rogério Marinho, llegó a negar a algunos medios que hubiese huido. Las horas fueron pasando, nadie lograba contactar con él y tampoco nadie podía dar cuenta de su paradero. Hasta que personas de su entorno han acabado reconociendo la huida a medios brasileños.
Moaraes investiga una supuesta trama de blanqueo de dinero con apuestas en línea en la que supuestamente estaría implicado el líder ultra a través de un amigo suyo, el abogado Willer Tomaz. El magistrado, némesis de la familia Bolsonaro, justificaba el peligro de que el candidato derrotado abandonase Brasil en unas declaraciones hace días de su hermano Eduardo, residente en Estados Unidos, en las que comentó que Flávio también debería irse para ese país.
Flávio Bolsonaro ha acusado a Moraes de actuar por motivos puramente políticos a las pocas horas de que se confirmase el resultado de las elecciones. En declaraciones difundidas por su equipo el lunes, el hijo mayor del expresidente condenado por tentativa de golpe negó rotundamente que estuviese planeando dejar el país. “Mi lugar está al lado del pueblo brasileño, enfrentando los desafíos del país”, declaró.
Las especulaciones sobre la posible fuga comenzaron con las primeras noticias difundidas por algunos medios de que habría salido hacia Argentina, pero el Gobierno de ese país negó oficialmente que hubiese en sus fronteras registro de esa entrada. Las informaciones apuntaban a que el dirigente brasileño podría haber fletado un vuelo privado previsto desde la ciudad argentina de Puerto Iguazú, en la llamada triple frontera con Brasil y Paraguay, donde los controles aduaneros suelen ser muy laxos. Ese vuelo no llegó a despegar. Los colaboradores de Bolsonaro dicen ahora que su líder ha salido desde Brasil.
La Dirección Nacional de Migraciones del Gobierno de Javier Milei detalló que “a razón de la escalada mediática por la presencia de un avión privado en el Aeropuerto Internacional de Iguazú, las autoridades procedieron a iniciar controles correspondientes a la aeronave y la tripulación”. “Finalmente, se constató que la documentación de la empresa se encuentra en regla y no se presentó ningún plan de vuelo que incluya a la familia Bolsonaro”. Minutos después, en conferencia de prensa en la Casa Rosada, el portavoz del presidente, Adrián Ravier, aseguró que “no hay ningún pedido de asilo de Bolsonaro”.
Aunque Bolsonaro no ha reconocido formalmente la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva, sí lo ha hecho su formación política, el Partido Liberal, y él mismo de forma tácita al asegurar que a partir de ahora pretende actuar como líder de la oposición. En su primera reacción, la noche del domingo, Bolsonaro había asegurado que no reconocería el resultado de las elecciones y emprendería una batalla legal para anularlas. Horas después, ante la evidencia de que incluso destacadas personalidades de su espacio político no secundaban el intento de desacreditar el triunfo de Lula, el candidato ultra rectificó y lanzó su anuncio de que ejercerá como líder de la oposición. Lo hizo tras conversar con su padre, al que visitó en su domicilio de Brasilia, donde permanece recluido cumpliendo la condena a 27 años de cárcel que le impuso el STF por planear un golpe de Estado tras perder las elecciones ante Lula en 2022. Entonces Jair Bolsonaro tampoco admitió su derrota y aireó acusaciones de supuesto fraude sin aportar pruebas.
En el STF se ha abierto este lunes un nuevo frente judicial que salpica a Flávio Bolsonaro. Ha sido por iniciativa del magistrado Flávio Dino que ha pedido a la PF que investigue si la campaña del fallido candidato recibió financiación ilegal del extranjero. Dino ha actuado tras recibir denuncias tanto del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula como de uno de los candidatos derrotados en la primera vuelta, Renan Santos, que encabeza una formación de derechas, Misión, pero muy crítica con el bolsonarismo.
Sobre Flávio Bolsonaro pesa otra investigación más, conocida antes de las elecciones, en este caso por sus relaciones con el banquero Daniel Vorcaro, en prisión tras protagonizar el mayor escándalo financiero de la historia de Brasil. La policía interceptó comunicaciones en las que el líder ultra pide a Vorcaro 134 millones de reales (unos 25 millones de euros) supuestamente para financiar una película biográfica sobre su padre. La policía sospecha que parte de ese dinero se desvió para financiar la estancia en Estados Unidos de su hermano Eduardo, que desde hace tiempo ha actuado como lobista ante la Casa Blanca para intentar que la Administración Trump tomase medidas a fin de socavar el Gobierno de Lula.
Source: El País · Xosé Hermida, Javier Lorca
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