El candidato derrotado en las pasadas elecciones brasileñas, el ultraderechista Flávio Bolsonaro, asegura que volverá a intentar conquistar la Presidencia del país. Después de su rocambolesca fuga desde Brasil a Estados Unidos y de asegurar que era el verdadero “presidente electo” del país, ahora afirma que volverá a ser candidato, cuando la mayoría de su entorno busca pasar página y construir una oposición real al Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva.

“Cualquier cosa que pase, estaré aquí, listo, de hecho, si es necesario para disputar la Presidencia de la República otra vez; y no estoy hablando de 2030, estoy hablando de antes de eso, así que continuemos unidos poniendo de nuestra parte”, decía en sus redes sociales. Daba a entender así que el nuevo mandato de Lula no durará cuatro años.

Eran las primeras declaraciones desde que aterrizó en Miami el miércoles, un largo video en el que no daba detalles sobre cómo se fugó de Brasil ni de si recibió ayuda de los gobiernos de Javier Milei y Donald Trump, pero en el que insistía en presentarse como un líder político perseguido en su país. El hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro está siendo investigado por delitos de corrupción, blanqueo de dinero y evasión de divisas, e incumplió una orden judicial que le obligaba a entregar sus pasaportes y le prohibía salir de Brasil.

Han pasado pocas horas, pero sus lamentos tienen cada vez menos eco en Brasil. Al contrario que él, el Partido Liberal, la formación a la que pertenece, ha reconocido la victoria de Lula, y la carta que divulgó al llegar a Estados Unidos autoproclamándose “presidente electo” (término que después corrigió por líder del país) sentó muy mal entre unos políticos conservadores que buscan pasar página lo antes posible. Según un recuento del diario O Globo, de los 155 escogidos del PL en las últimas elecciones (gobernadores, diputados y senadores), un total de 117 (el 75%) ignoraron el contenido de la carta. Sólo unos pocos le dieron bola. Sus nuevas pretensiones electorales apenas han tenido repercusión en la prensa nacional.

El gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas, ya posa como el futuro natural de la derecha brasileña, y la otra estrella del espectro conservador, la exprimera dama y futura senadora Michelle Bolsonaro, enemistada con Flávio desde hace tiempo, pregona unidad y evita defender públicamente a su hijastro. Ella tiene contacto diario con el patriarca del clan, en arresto domiciliario cumpliendo una condena de 27 años de cárcel por golpismo, por lo que tiene el poder de erigirse como portavoz de sus voluntades.

“Mi marido resalta que el momento es de unión. No caigamos en los engaños de los que siempre siembran odio, la mentira y provocan nuestra división a cambio de ‘likes’ y visibilidad”, dijo en su primera manifestación pública tras la derrota electoral. El mensaje, que buscaba algo de conciliación en un momento en que empiezan las disputas internas para liderar la oposición, no mencionaba en ningún momento la necesidad de respetar el supuesto liderazgo de Flávio Bolsonaro.

Source: El País · Joan Royo Gual

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