¿Qué estará haciendo mi hijo? ¿Habrá ido a la mani? ¿Se habrá metido en algún lío? Son algunas de las preguntas que seguramente habrá inquietado a más de un padre o madre estos días al ver las imágenes de los graves altercados en Barcelona. Unas acciones que se convocan por redes sociales o por grupos de mensajería con cientos de personas y que las familias no acostumbran a controlar. “Las familias estamos muy preocupadas porque ves las imágenes de los disturbios y van a lo que van, a reventar cosas”, comenta Núria, madre de un adolescente a punto de cumplir 15 años.

El hijo de Núria está en uno de estos grupos masivos de mensajería y participó en una de las protestas realizadas las pasadas semanas en un instituto en contra del boicot de los docentes a las salidas escolares, pero también en la manifestación estudiantil en Manresa hace una semana por el mismo motivo y en la de Barcelona del sábado. En la capital del Bages, la protesta acabó con lanzamiento de piedras, intentos de saqueos (que los comerciantes evitaron) y la puerta de un edificio de la Generalitat reventada; todo, protagonizado por un pequeño grupo de unos 20 o 30 adolescentes, casi todos menores. “Iban a lo que iban, al vandalismo puro, a destrozar y robar. Lo que pasó no es normal, mi hijo me lo iba contando y me quedé preocupada. Y ves las imágenes de Manresa y las de Barcelona y es lo mismo, aunque a menor escala”, explica esta madre.

Núria admite que no le controla el móvil a su hijo -aunque reconoce que a lo mejor debería-, pero sí hablan mucho y conoce a sus amistades. Pero también le queda cierto espacio para la duda. “Si me hubiera explicado todo lo que decían en el chat y las intenciones, no le habría dejado ir a la manifestación, pero claro, entonces no me lo explicaría. Todos hemos sido adolescentes y hemos engañado a los padres. Pero me preocupa que no sea uno de esos vándalos. No sé si pondría la mano en el fuego por mi hijo, solo deseo que no tire una piedra”, expresa la madre. Con todo lo sucedido, ha tomado una decisión tajante: “No lo dejo ir a ninguna manifestación más, no porque vaya a hacer nada, sino para evitar que le hagan daño o vea las actitudes de los otros”.

Precisamente, Manresa celebró el lunes una Junta de Seguridad a la que asistió la consejera de Interior, Nuria Parlon, quien explicó las diferencias y conexiones entre los altercados vividos en la capital del Bages y en Barcelona. Por un lado, aseguró que en el caso de Manresa fue la “típica manifestación organizada en que algunos la lían” y descartó la conexión con Blocus. Pero, por otro lado, admitió que “probablemente algunos de los que estuvieron en Manresa liándola también estuvieron en Barcelona”.

De hecho, fuentes policiales aseguran que de los 300 identificados por los Mossos en los disturbios del sábado en Barcelona, unos 60 provenían de la región central, informa Rebeca Carranco. Estas mismas fuentes también destacan como elemento común el perfil de los jóvenes que protagonizan los altercados, “con pocas expectativas en la vida, que no responden a ningún tipo de autoridad”. La consejera de Educación, Esther Niubó, ha dejado claro este martes que las protestas de Barcelona “no tienen nada que ver con las reivindicaciones educativas”.

En el caso de la manifestación estudiantil de Manresa, había una motivación clara: la protesta contra la suspensión de salidas y viajes de final de curso, que los alumnos de secundaria rechazan y piden no ser víctimas del conflicto educativo. Con todo, la huelga del 21 de octubre la intentó controlar la CGT y el Sindicat d’Estudiants dels Paísos Catalans para evitar que creciera un movimiento de protesta contra los docentes, y miembros de ambos sindicatos dirigieron la protesta, que finalmente acabó con un menor detenido.

La consejera Parlon apeló el lunes a la responsabilidad de las familias y les pidió que estén atentos a qué hacen sus hijos fuera de casa. De hecho, Ferran Lalueza, profesor de Ciencias de la información y la comunicación de la UOC, considera que hay una “falta de control” de las familias sobre los móviles y el uso que hacen sus hijos. “Les damos los móviles a edades muy tempranas, permitiéndoles que accedan a las redes sociales, con todos los riesgos que comportan. Y aunque existen herramientas de control parental, algunas familias las usan, pero otras no, y los adolescentes pueden usar además ordenadores para conectarse a las redes sociales o saltarse las barreras, porque saben más de tecnología que los padres”.

Desde la plataforma Aixeca el cap (Levanta la cabeza), que promueve una mayor restricción de los móviles entre los menores, van un paso más allá y apuntan hacia los gobiernos. “Nosotros no ponemos el foco en las familias, porque muchas hacen lo que pueden, pensamos que la sociedad y el Govern se ha desentendido de esta problemática. Tiene que haber una regulación sobre la edad de acceso a redes sociales, igual que existe para la bebida y el tabaco. Y la convocatoria de estos disturbios es una consecuencia de que los menores estén en contacto tan directo con las redes sociales”, apunta Lisette, una de las portavoces del colectivo.

Source: El País · Ivanna Vallespín

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