En plena polémica por los constantes ataques de colonos judíos y militares israelíes contra los palestinos y sus campos de olivos, el Ayuntamiento de Madrid ha vuelto a alinearse con Israel. El delegado municipal de Urbanismo, Borja Carabante, cogió una pala y, con la ayuda de tres operarios, levantó un puñado de tierra y plantó un olivo. La escena no tendría nada de especial si no fuera por el significado del origen de ese árbol y el momento en el que es plantado en la capital.

Ese olivo es hermano de otros 39, todos donados por la Embajada de Israel al Gobierno de José Luis Martínez-Almeida (PP) para “reforzar lazos” entre ambas administraciones. Los 40 árboles se plantaron el jueves a media mañana en el parque Princesa Leonor, ubicado en el barrio de Valdebebas, al norte de la ciudad.

Después del acto, el Ayuntamiento envió una escueta nota de prensa con tres fotos, en la que contaba que en la ceremonia había participado también la jefa de misión de la Embajada de Israel en España, Dana Erlich, junto a otros dos concejales del Ayuntamiento. “Esta iniciativa contribuye a ampliar la masa arbórea de la capital y pone de manifiesto la colaboración entre el Ayuntamiento de Madrid y la Embajada de Israel a través de una especie emblemática del paisaje mediterráneo”, dicen en la nota. El motivo, señalan, es conmemorar el 40 aniversario de las relaciones diplomáticas entre España e Israel. Todo, en un momento de extrema ebullición de los ataques israelíes contra palestinos para impedirles cosechar la aceituna.

El Gobierno más ultraderechista de la historia de Israel, que lidera Benjamin Netanyahu, cuenta con la ampliación de la presencia de colonos judíos violentos en Palestina como uno de sus pilares. La creciente violencia lleva a estos ciudadanos, asentados de manera ilegal en localidades palestinas, a ocupar tierras y viviendas, robar cosechas y ganado, así como arrancar y quemar árboles. El principal objetivo de esos ataques es el olivo, símbolo de la sociedad palestina y uno de sus principales sustentos.

Decenas de palestinos han muerto en los últimos meses en ataques en los que los colonos actúan amparados y ayudados por militares del ejército israelí. El propio ejecutivo de Netanyahu cuenta entre sus ministros más radicales a algunos colonos que, abiertamente, llaman a acabar con los palestinos de Gaza y Cisjordania en lo que se considera un genocidio, como han señalado algunos expertos e instituciones, entre ellas la ONU, una acusación que Israel rechaza. El propio Almeida niega que se esté cometiendo un genocidio, según declaró el año pasado en medio de la polémica.

“Es evidente que existe la intención de destruir a los palestinos de Gaza mediante actos que cumplen los criterios establecidos en la Convención sobre el Genocidio”, declaró en septiembre Navi Pillay, presidenta de la Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre los territorios palestinos ocupados de la ONU. Pillay realizó estas declaraciones pocos días antes de ser galardonada con el Premio Nobel de la Paz.

Israel acaba de celebrar a finales de octubre elecciones. El resultado en las urnas complica a Netanyahu y su formación, el Likud, poder reeditar la actual coalición gubernamental apoyada por otras formaciones extremistas.

“El olivo, además, forma parte del escudo de Israel, mediante la presencia de dos ramas de este árbol, como símbolo de paz”, recoge la nota del Ayuntamiento, en la que recalcan que plantar estos 40 árboles en Madrid tiene un “especial significado” porque “en la tradición judía constituye un símbolo de vida, esperanza y resiliencia”.

Con el acto, el Ayuntamiento escenificó su cercanía con Israel, algo que también ha hecho en varias ocasiones el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso. Ninguno de los dos esconde su alineamiento con Israel en el conflicto que sacude Oriente Próximo desde mediados del pasado siglo. De nada ha servido que, tras la matanza liderada por Hamás de unos 1.200 israelíes el 7 de octubre de 2023, la reacción israelí haya costado la vida a unos 75.000 palestinos.

De hecho, en 2023, el consistorio madrileño, junto con el resto de municipios de la Comunidad gobernados por el PP, dedicaron un minuto de silencio en solidaridad con Israel tras los “graves atentados” de Hamás. Entonces, Almeida dijo que el país había sufrido “una agresión de carácter brutal pero de escala militar”, y añadió que apoyaría “todas las medidas” que deba tomar dicho país para “restablecer su integridad territorial” y “garantizar” la seguridad de su población. Ese mismo año, el PP respaldó en el pleno municipal una iniciativa de Vox para conceder al pueblo israelí la Medalla de Honor, máxima distinción honorífica de Madrid. Esto desató la polémica y las críticas de la izquierda.

También la oposición frontal de los Cronistas de la Villa, un gremio de más de un siglo de historia compuesto en la actualidad por ocho miembros designados por el Ayuntamiento, que pidieron al consistorio que no se otorgara la medalla. Almeida cedió, pero aseguró que “estudiaría diversas alternativas” para un homenaje, “pese a los brotes de antisemitismo”.

En Cisjordania, la cosecha de las aceitunas forma parte de un rito ancestral que las familias palestinas tratan de seguir celebrando en medio de los ataques. “Hay un plan organizado para llevar a cabo una limpieza étnica y forzar a las familias a dejar sus casas porque ya no pueden más”, explicó en Cisjordania a EL PAÍS a finales de octubre Alon-Lee Green, cofundador del movimiento Standing Together, que reúne a israelíes y palestinos que apuestan por la paz y la justicia.

Source: El País · Beatriz Olaizola, Luis de Vega

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