El fútbol español ha despedido este jueves al delantero Jesús de Miguel en un duelo unánime tras el choque mortal que sufrió contra el portero del Andorra Jesús Owono. En una época de polarización exacerbada, el trágico fallecimiento del jugador del Tenerife el martes en el Hospital Nuestra Señora de la Candelaria ha acercado hoy al pequeño municipio toledano de Navahermosa, de donde era su familia y al que él solía venir desde su Madrid natal durante los fines de semana y los veranos cuando era un niño, al responsable de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), Rafael Louzán, al seleccionador nacional, Luis de la Fuente, o a varios dirigentes de los principales clubes del país, como el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, o el CEO del Atlético de Madrid, Miguel Ángel Gil Marín.

Jesús de Miguel

También a toda la plantilla del club tinerfeño, muy tocada psicológica y emocionalmente tras ver que su compañero, y en algunos casos amigo, sufría el lunes una parada cardiorrespiratoria en el Estadio Heliodoro Rodríguez López tras el impacto con el guardameta que le hizo perder la vida a los 30 años a pesar de que los sanitarios lograron que recuperara el pulso en la ambulancia. Todos los miembros del equipo chicharrero, que hace dos días también se desplazaron al centro médico en el que pereció De Miguel, han acudido este mediodía vestidos de riguroso luto —traje, camisas y zapatos negros— al funeral. Bajaron juntos del autobús que los acercó al tanatorio y caminaron por la rampa de asfalto para entrar en el edificio y despedirse de su compañero de profesión, cuya muerte deja huérfano de padre a un niña que no tiene ni dos años y viuda a su pareja. Después, mezclados entre la multitud que ha querido despedirse de Jesús de Miguel, acompañaron al coche fúnebre hasta la puerta de la iglesia parroquial San Miguel Arcángel, donde ellos mismos levantaron el féretro y lo introdujeron en la capilla para que diera comienzo el oficio religioso.

El shock por la muerte del delantero, un jugador zurdo de 1,90 metros que nació en Madrid el 21 de septiembre de 1996, no solo ha sacudido a la élite del fútbol, a los privilegiados que cobran más millones y que han visto con sus propios ojos la fragilidad de la que a veces está hecha la vida, como Raphinha, el extremo del Barcelona, que tras derrotar el martes al Aston Villa dijo que no quería hablar de nada que tuviera que ver con el balón. “Era un jugador de mi edad. No sé si es por eso por lo que me ha afectado aún más, pero hoy no he tenido un buen día por esta noticia. Personalmente, me ha tocado enormemente”, se sinceró el brasileño.

Pero Jesús de Miguel no era un futbolista de los que acapara focos. Antes de llegar a Segunda División se había fajado en categorías semiprofesionales, había peleado duro para escapar del barro y meter la cabeza en el segundo escalón del fútbol español. Muchos de sus compañeros de entonces, de equipos como el Navalcarnero, el Internacional de Madrid, el Unión Adarve o el Lugo de Fuenlabrada, también han ido hoy a darle el último adiós y a mostrar sus respetos a la familia. Pidieron el día o unas horas libres en el trabajo y se acercaron desde la Comunidad de Madrid a Navahermosa, que está a poco menos de dos horas en coche de la capital. Fue lo que hizo Juan Mena, delegado y utillero del Internacional de Madrid durante 14 años, que recordaba que en la temporada 2017-2018 el equipo subió a Segunda B tras un 0-0 en casa y un 1-1 ante el Tenerife B en la isla canaria. “Ese año fuimos a Tenerife por primera vez a jugar el playoff, y allí, tantos años después, pasó lo que pasó el lunes. Aún no me lo explico”, se lamentaba.

Source: El País · Diego Fonseca Rodríguez

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