Daniel González, el físico e investigador sobre el que pesaba una orden judicial de desahucio, ya ha dejado su piso de Burjassot, a ocho kilómetros de Valencia. Sobre las seis de la madrugada de este jueves se ha despertado en la vivienda en la que residía de alquiler desde 2009 por los numerosos ruidos en la calle. Al asomarse a la ventana, ha visto un amplio despliegue de furgonetas de las Unidades de Intervención Policial (UIP) de la Policía Nacional que estaban “cortando la calle”, según relata.
“Me ha empezado a dar una taquicardia, porque lo que quería precisamente evitar era este tipo de cosas. Sinceramente, no me esperaba ver esto tan temprano. Si lo llego a saber, no duermo aquí, me marcho antes”, explica Daniel, de 38 años, en un audio que ha remitido al Sindicat d’Habitatge, que le ha estado apoyando. La comitiva judicial tenía previsto llegar al piso a las 9.30 y el investigador quería evitar cualquier incidente con la policía. Con mucha antelación, la policía ha desplegado un importante dispositivo para evitar protestas.
El pasado 30 de septiembre, una nutrida concentración convocada por el citado sindicato logró suspender el desalojo sin que se produjera ningún incidente. Este jueves, sin embargo, el desahucio se ha ejecutado sin apenas presencia de gente. Cuando la comitiva judicial ha llegado, Daniel ya había dejado su vivienda, bajado del inmueble, mostrado su DNI y facilitado su número de teléfono reclamado por los agentes, que han hecho todas las comprobaciones. “No sé si eso del número de teléfono es legal, pero no me he puesto a discutir”, apunta con voz apesadumbrada, cansada.
“Cuando he conseguido tranquilizarme un poco, lo suficiente para poder vestirme, recoger las cuatro cosas que me quedaban, básicamente la bicicleta y una mochila, he bajado porque ya no aguantaba más aquí”, relata en el audio. Posteriormente, tenía intención de ser atendido en un centro de salud por un posible ataque de ansiedad, según indican desde el sindicato referido.
Daniel manifiesta en la grabación su estupor por el gran despliegue policial. “Es una puñetera pesadilla. No se lo deseo absolutamente a nadie. Me he sentido claramente acorralado, que era lo que quería evitar. Luego no ponen dispositivos policiales para cosas más importantes, pero para esto actúan como si yo fuera un terrorista de Al Qaeda. Así me he sentido”, señala el investigador del Instituto de Física Corpuscular (IFIC). Comenta que los policías le han pedido muchas cosas, que él ha cooperado y que ha “tenido suerte porque, dentro de lo que cabe, parecían educados, porque ya he visto en las imágenes de las manifestaciones, casos en que no era así”.
“Está siendo muy difícil”, prosigue. “Todo por intentar hacer valer mis derechos, simplemente por eso. Me marcho ya porque, de verdad, no me encuentro nada bien. Disculpad las molestias. Ya hablaré con vosotros más tarde si queréis, pero ahora necesito alejarme de todo esto. Un abrazo muy grande”, concluye el experto en tecnología para satélites en el audio enviado al Sindicat. La entidad había convocado una rueda de prensa a las 8.30 de la mañana, que finalmente ha sido suspendida, y contaba con su presencia.
Sentencias
Daniel sostiene que cuenta con dos sentencias favorables sobre su derecho a comprar la vivienda, por unos 70.000 euros en su momento, y sobre la vigencia de su contrato de alquiler. Insiste en que nunca ha dejado de pagar la renta (primero cercana a los 600 euros y posteriormente reducida a 350 euros debido a la crisis), pese a los cambios de titularidad que ha experimentado la propiedad a lo largo de los años. Sin embargo, una demanda presentada por Coral Homes S. L. y por la actual propietaria desembocó en una resolución judicial que decretó su desahucio y el pago de cerca de 36.000 euros.
El Sindicat d’Habitatge ha presentado dos recursos contra el desahucio y contra la resolución judicial.
El pasado 30 de septiembre, Daniel agradeció a las personas concentradas que hubieran logrado paralizar su desalojo y lamentó que muchas otras, en situaciones de mayor vulnerabilidad que la suya, no hubieran recibido el mismo apoyo, en gran medida porque sus desahucios pasan desapercibidos.
A aquella concentración asistieron también uno de sus antiguos profesores y un jefe de Daniel. “Otra gente está peor que él, pero ningún caso es bueno. Sabemos que cualquier persona que viva de alquiler está expuesta a situaciones como esta. Nosotros no somos jueces, somos científicos y quizá entendemos las normas de otra manera”, afirmó entonces Daniel Esperante, investigador del CSIC en el Instituto de Física Corpuscular (IFIC-CSIC-UV), para el que trabaja el desahuciado.
Source: El País · F. B.
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