Corea del Norte ha lanzado este jueves más de 10 misiles balísticos de corto alcance hacia el mar de Japón, en medio de la creciente tensión con Corea del Sur, que no ha hecho sino elevarse desde que, a finales de septiembre, tres soldados surcoreanos resultaran heridos por la explosión de varias minas terrestres en el lado surcoreano de la Zona Desmilitarizada que marca la frontera entre ambos países. La nueva exhibición militar de Pyongyang ha tenido lugar días después de que el líder norcoreano, Kim Jong-in, efectuara una inusual visita a una ciudad fronteriza china en un gesto de acercamiento a Pekín y en medio de especulaciones sobre un posible encuentro con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Según el Estado Mayor Conjunto de Corea del Sur, los 10 misiles fueron lanzados desde la zona de Wonsan, en Corea del Norte, hacia aguas cercanas a la costa oriental surcoreana y volaron luego unos 250 kilómetros. La Guardia Costera de Japón ha indicado más tarde que probablemente los proyectiles hayan caído al mar.
La Oficina de Seguridad Nacional surcoreana ha celebrado una reunión de emergencia horas después de esta nueva prueba militar. Seúl ha denunciado que viola las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y que “no contribuye en absoluto” a mejorar la situación entre ambos. Luego ha pedido a Pionyang que cese este tipo de lanzamientos “de inmediato”.
“Corea del Sur, Estados Unidos y Japón están compartiendo estrechamente información relacionada con los misiles balísticos de Corea del Norte, al tiempo que mantienen un estado de máxima preparación”, ha declarado el Estado Mayor Conjunto surcoreano en un comunicado.
En septiembre, cuando estallaron las minas en el lado surcoreano de la frontera entre las dos Coreas, Seúl denunció que su vecino colocó los explosivos que hirieron a tres de sus militares y definió lo ocurrido como una violación del armisticio que detuvo en 1953 los combates de la Guerra de Corea. Pyongyang lo negó y acusó a Seúl de haber orquestado ese incidente para frenar los trabajos de fortificación de esa línea divisoria provisional fijada en ese alto el fuego que nunca ha dado paso a un tratado de paz definitivo. Pyongyang está instalando minas, alambradas y barreras antitanque para reforzar su separación de su vecino del sur.
Los servicios de inteligencia surcoreanos han advertido, por su parte, de que están vigilando un posible despliegue de lanzacohetes múltiples norcoreanos de 600 milímetros cerca de esa línea divisoria.
Pyongyang amenaza además con reanudar lo que se conoce como la “guerra de los altavoces”. Residentes de la ciudad surcoreana de Paju han asegurado esta madrugada haber escuchado pruebas de altavoces de propaganda en el lado norcoreano, según Yonhap, lo que podría anticipar la reanudación de esas emisiones hacia territorio surcoreano, que Pyongyang suspendió hace 16 meses. El pasado 22 de octubre, Kim Yo-jong, la hermana del líder supremo norcoreano, Kim Jong-un, aseguró que esos altavoces empezarían de nuevo a funcionar en cuestión de días.
¿Reunión con Trump?
El de este jueves es también el primer lanzamiento de misiles balísticos norcoreanos desde el 14 de octubre, cuando Pyongyang probó dos tipos de misiles de crucero disparados desde submarinos, al día siguiente de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reiterara su disposición a reunirse personalmente con Kim Jong-Un en el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC, según sus siglas en inglés). Ambos líderes han anunciado que asistirán a esa cumbre, prevista para el 18 y 19 de noviembre en Shenzhen (China).
A principios de septiembre, el Servicio Nacional de Inteligencia de Corea del Sur (SNI) comunicó a un grupo de parlamentarios que había “indicios de diálogo” entre Estados Unidos y Corea del Norte y que una nueva cumbre entre sus respectivos líderes podría celebrarse “en cualquier momento”. No precisó en qué basaba su análisis, según recogió la agencia surcoreana de noticias Yonhap.
Sin embargo, Trump rebajó luego las expectativas de esa reunión con el mandatario norcoreano. Piongyang mantiene, por su parte, que no dialogará con Washington mientras no se descarte su desnuclearización, una postura que, según creen los servicios de inteligencia surcoreanos, Kim Jong-un pudo comunicar a Pekín durante la insólita visita que efectuó a la ciudad fronteriza china de Dandong el pasado 24 de octubre.
Ese día, Kim, un líder que raramente viaja el extranjero, se desplazó a la frontera de su país con China y cruzó un puente recientemente inaugurado entre los dos países junto con dirigentes del Partido Comunista chino. Ese viaje se ha interpretado como un gesto de acercamiento a Pekín, tras varios años en los que Pyongyang relegó a un segundo plano a su principal valedor para privilegiar su alianza con Rusia. Corea del Norte ha ayudado a Moscú en su guerra contra Ucrania con armas y también enviando a soldados para luchar con las fuerzas del Kremlin.
Tras el nuevo lanzamiento de misiles de este jueves, China ha adoptado, como acostumbra en estos casos, un perfil bajo. Pekín ha instado a “preservar la paz y la estabilidad en la región” y a buscar una “solución política” en la península coreano. El portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Guo Jiakun, se ha distanciado, sin embargo, de las acusaciones de Seúl al afirmar que Pekín ha tomado nota de los hechos pero que existen opiniones divergentes entre las partes sobre los proyectiles lanzados”.
“Esperamos que las partes afronten las causas profundas de la cuestión de la península”, ha añadido el portavoz.
Source: El País
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