“Tú coges a cualquier periodista, uno que hable bien o mal de ti, y le dices: ‘Oye, necesito que saques un córner, pero el balón tiene que ir al área pequeña, aquí’. Y no sabe ni cómo hacerlo para que llegue ahí. Es complicado cuando te critica una persona que no sabe”. La reflexión es de Marcelo (Río de Janeiro, 38 años). Jordi Alba (L’Hospitalet de Llobregat, 37 años) no tarda en coger el testigo: “Y luego hay muchos intereses”. Ocurre que nada, ni siquiera el reproche al periodismo más opinativo, parece borrarle el sentido del humor a Marcelo, jugador del Real Madrid entre 2007 y 2022. Y aunque más comedido, Jordi Alba, futbolista azulgrana entre 2012 y 2023, se contagia. En una conversación con EL PAÍS organizada por LaLiga en la víspera del clásico (21.00 horas, DAZN), Alba y Marcelo hablan de lo que para ellos fue único, el Barcelona-Madrid. Y, por supuesto, de cómo era eso de defender atacando.
Jordi Alba. Al final, en el clásico están los mejores jugadores del mundo. Eso es un aliciente más para el aficionado. Y ha pasado a lo largo de toda su historia. El sueño de los mejores jugadores siempre es jugar en el Real Madrid o en el Barcelona.
Marcelo. Y en Brasil también. Yo era uno de ellos. A nivel de clubes, son los más grandes. Como has dicho tú, la historia empezó mucho antes, y esa historia los ha hecho muy grandes. Y al final tú quieres lo mejor para ti, y lo mejor siempre es jugar en los grandes.
J. A. Y cuando juegas en el Barcelona o en el Madrid tienes la suerte de jugar con los mejores futbolistas del mundo. Y de la historia.
M. Recuerdo que una televisión brasileña compró los derechos para poner los partidos del Barcelona. Era la etapa de Ronaldinho. Fue una locura. La gente quería verle jugar. Era Madrid-Barça, Barça-Madrid todo el rato. Era increíble lo que hacía Ronaldinho, tanto en la selección como en el Barcelona. Yo estaba en la cantera del Fluminense y veía algunos partidos en la residencia.
J. A. Nosotros dos teníamos características muy parecidas. Supongo que tú también habías jugado más adelantado. Yo jugaba de delantero, luego de extremo, y un día que se lesionaron todos me pusieron de lateral. Si no llega a ser por esa posición, no hubiese jugado ni hubiese tenido esta carrera. Siempre dicen: ‘Marcelo y Jordi no defienden’. Quizá nuestro punto fuerte no era defender, pero para jugar en el Barça o en el Madrid no basta con atacar. Y que el extremo tenga que seguirte a ti también es jodido. Ahí marcabas la diferencia, porque no muchos extremos bajan a defender.
M. Al final tienes que defender, sí, pero cuando atacas, el extremo también tiene que defender. Siempre ha sido así. El problema para el lateral era que, si Messi regateaba a un central, no pasaba nada, pero si regateaba a un lateral izquierdo: ‘Ay, es malísimo’. Es lo que tenemos que aguantar. Pero a mí me gustaba enfrentarme a Leo. Pensaba: ‘Hoy le voy a robar un balón’. Y hasta eso era muy complicado. Todavía lo estoy buscando.
J. A. Yo a Messi siempre lo he tenido de mi lado. En un once contra once lo he tenido enfrente muy pocas veces, en los entrenamientos. A mí, siempre lo digo, me gustaba mucho Di María. Me encantaba. Era un jugador que atacaba, defendía, trabajador. Y no solo lo sufría como defensor: a la hora de atacar también me lo impedía muchas veces, te corría, te seguía. Era un jugador muy completo.
M. Leo era complicado porque se quedaba ahí cerca, a mi lado, y paseaba un poco para allá y para acá. No sabías por dónde iba, porque no tenía un sitio fijo.
Es sábado por la mañana y Barcelona se levanta fría, un poco lluviosa. Marcelo y Alba se presentan puntuales a la conversación en un hotel del puerto. Se divierten en la sesión de fotos en la terraza, con el skyline de la capital catalana de fondo, pero la temperatura los obliga a seguir la charla en el interior. Faltan pocas horas para el clásico y el brasileño recuerda con alegría sus 31 partidos contra el Barcelona. Eso que perdió 15 y ganó nueve. Además, claro, de tener que andar tras los pasos de Messi. A Alba, que suma en su currículo 34 duelos contra el Madrid (10 victorias y 17 derrotas), le pasa algo similar: no hay nostalgia. Se vaciaron.
M. En mi cabeza, lo que hemos vivido ya pasó. Veo vídeos de algunas cosas con mis hijos, pero no es que diga: ‘Joder, quiero vivir esto otra vez’. No, ya fue suficiente. Lo hemos pasado de maravilla. He disfrutado mucho.
J. A. Me pasa como a ti. No tenemos la sensación de querer estar ahí. Me retiré en un momento en el que físicamente me encontraba bien, pero hay que saber parar. Sentía que era el momento. No es lo mismo que te deje el fútbol que dejarlo tú. Cuando veo un partido de la selección española, del Barça, del Valencia o del Inter Miami, quiero que gane mi equipo, pero no tengo la sensación de decir: ‘Hostia, quería jugar el Mundial’. No. Como dice Marcelo, nuestro turno ya pasó. En ese sentido, estamos tranquilos.
M. Y me sigue gustando ver fútbol. Me gusta ver al Barcelona. Hombre, ya veo el titular: ‘Me gusta el fútbol del Barcelona’. Digo que me gusta el fútbol en general. Me gusta ver equipos que juegan al fútbol, que meten goles, que hacen tonterías con el balón, sombreros, caños, lo que hemos vivido nosotros. Fútbol alegre. Es lo que estamos viendo ahora, y me gusta. El Madrid está pasando por un momento en el que parece que es malísimo, la gente cree que es malísimo, y no. Ha ganado partidos increíbles: una remontada en Champions, otro de Liga… Son momentos en los que mucha gente que no entiende de fútbol cree que el equipo está mal, pero no. Y cada clásico era diferente. Un día estábamos mejor y otro peor. A lo mejor, cuando pensábamos que estábamos bien, nos metían tres goles. No se sabe nada hasta que empieza el partido, ¿sabes?
J. A. Al final, creo que da igual cómo llegue el equipo: ahí están los mejores en el terreno de juego, y una vez que empieza el partido pueden pasar muchas cosas. Yo he visto a un equipo llegar primero, con el otro segundo a muchos puntos, y que se le dé la vuelta. Son partidos especiales, diferentes al resto. Siempre lo he dicho: cada club pasa por diferentes etapas, unas mejores y otras no tan buenas. Pero desde que llegó Flick se vio algo diferente.
M. El que es un espectáculo es Lamine. No hay que pensar en lo que será en el futuro, hay que disfrutar de lo que es ahora. El chaval es buenísimo, es increíble, ha ganado un Mundial. Es encantador. Cómo coge el balón… Nosotros siempre vamos a defender a los jugadores. Han perdido ahora contra el PSG, pero lo que hace, cómo coge el balón a esa velocidad, es una locura.
J. A. Lo difícil es hacerlo con la edad que tiene, porque no lo hace solo con 19: ya lo hacía con 15 y con 16. Yo estaba cuando debutó con 15 años, y ya se veían cosas. Obviamente, no había explotado: ¡Tenía 15 años! Pero un año después, con 16 [17 recién cumplidos] ganó la Eurocopa.
M. Y parece que ya lleva jugando quince años.
J. A. Correcto.
M. Creo que es tan inteligente que, si le tocara cambiar la forma de juego, él se adaptaría.
Source: El País · Juan I. Irigoyen
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