Chrystia Freeland (Peace River, Alberta, 58 años) ha vivido muchas vidas en una. Trabajó como periodista en el Financial Times, donde fue corresponsal jefa en Moscú, en Europa del Este, en el Reino Unido y en Estados Unidos. Dio el salto a la política canadiense en 2013, primero como diputada del Partido Liberal (centroizquierda) y más tarde como ministra de Comercio Internacional, de Finanzas, de Exteriores y, por último, como vice primera ministra de Justin Trudeau. Compitió con Mark Carney la candidatura para las elecciones del año pasado y, tras caer en las primarias frente al hoy jefe del Ejecutivo, dio el salto a la academia: en Harvard y, ahora, en Oxford. Hija de madre ucrania —habla a la perfección ese idioma y sus tres hijos tienen nombres de ese origen— también es una de las principales asesoras económicas de Volodímir Zelenski.

La entrevista se celebra tras una conferencia en la Fundación Ramón Areces, justo el día que sale a la venta su libro Un novio poco fiable: cómo lidiar con una superpotencia caótica, los plutócratas y otras personas complicadas (solo disponible en inglés). En él relata sus años salvajes, en los que se convirtió en uno de los objetivos predilectos de las invectivas de Donald Trump, que le dedicó todo tipo de insultos: “Mala mujer”, “totalmente tóxica” y “persona terrible”, entre otras lindezas.

Pregunta. ¿Cómo lidiar con alguien así?

Respuesta. Tengo una visión de doble vertiente. Es importante plantar cara, pero también lo es mantenerse abiertos a la posibilidad de que EE UU regrese al redil de la democracia liberal.

P. No son pocos los países que han capitulado ante Trump. Varios de ellos, europeos.

R. Sí, y es un error enorme e histórico. Por eso reconozco el mérito de Pedro Sánchez al plantar cara a EE UU: España es el país europeo que ha adoptado una posición más clara. La respuesta a los aranceles y a los cuestionamientos sobre la soberanía de Canadá y de Europa debería haber sido una represalia conjunta. Si hubiera sido así, no habríamos visto todo lo que ha venido después. La forma de actuar del presidente Trump es presionar hasta donde pueda. Si una medida escandalosa le da resultado, no debería sorprendernos que vaya seguida de medidas aún más escandalosas.

P. Aquella foto del campo de golf en Escocia...

R. Hay una cita de Thierry Breton [excomisario europeo] en mi libro que me gusta mucho: “Nos dijeron que la humillación era el precio que debíamos pagar por la estabilidad. Pero, si no respondemos ahora, tendremos humillación e inestabilidad”. Muchos dirigentes se creen más inteligentes y sofisticados que Trump, consideran que pueden reunirse con él, bromear un poco y, de algún modo, engañarlo... Y la realidad es que es él quien los está engañando.

P. Un patrón demasiado habitual.

R. Es un error muy comprensible... y muy fácil de cometer. Parece que una persona madura debe tragarse su orgullo y aceptar, por ejemplo, un arancel del 15%. “¿Qué es eso?“, piensan. “No parece tanto... Podemos sobrevivir y, a cambio, mantendremos una buena relación”. El problema es que, si transiges, al día siguiente te encuentras con una reivindicación territorial sobre Dinamarca. Al otro, con una guerra en Irán y ataques por no sumarte a ella. Y después, con Trump poniéndose del lado de Putin en una guerra existencial para Europa.

P. “Vivimos una época de tres grandes batallas: entre democracia y dictadura, entre ciudadanos y plutócratas, y entre alianzas globales y aislamiento depredador”, escribe. ¿Se están perdiendo las tres?

R. No estoy segura, pero tampoco las estamos ganando.

P. Esa es una forma optimista de verlo.

R. Soy optimista por naturaleza, pero no creo que estemos siendo derrotados por completo. Se decía que Ucrania caería en tres semanas y ahí sigue, por mérito suyo y también de Europa. La derrota de Viktor Orbán es otro ejemplo de cómo la democracia liberal resiste. Y veremos qué ocurre en las elecciones de mitad de mandato [en EE UU]. Pero lo que de verdad me preocupa son Rusia, China y la ausencia de una verdadera alianza occidental. Sin ella, entre otras cosas, es imposible poner coto a los oligarcas. Por eso es tan importante luchar por la democracia liberal en EE UU: mientras los propios estadounidenses no formen parte de ese esfuerzo, fracasaremos.

P. Dice que la democracia estadounidense está en la UCI.

R. Es algo evidente. Vemos cómo las fuerzas del orden aterrorizan a ciudadanos estadounidenses con total impunidad. Vemos la creación de fuerzas paramilitares enmascaradas. Vemos a miembros del Gobierno que se niegan a aceptar los resultados de las elecciones de 2020. Vemos una corrupción flagrante que queda impune. Y vemos, también, cómo EE UU se alinea abiertamente con dictaduras y amenaza de forma explícita la soberanía de aliados democráticos. Es estremecedor.

P. Los sondeos apuntan a una tremenda derrota de Trump el 3 de noviembre. Si pierde las dos Cámaras, verá limitado su poder interno pero seguirá teniendo manos libres en política exterior. ¿Puede ser aún más peligroso?

R. Puede ser, es cierto. Pero también espero que aumente la resistencia dentro de EE UU, también en su propio partido. Hay bastantes posibilidades de que ocurra, porque muchos republicanos tradicionales discrepan de buena parte de lo que ha hecho, y lo han secundado por una mezcla de miedo e interés propio. Si perciben que el presidente ya no es capaz de obtener victorias en las urnas, hay una posibilidad de que empiece a perder apoyo dentro de su propio partido. Eso podría ser un freno.

P. ¿Es viable la oferta de Bruselas de que Canadá sea miembro asociado de la UE?

R. Creo y espero que sí, pero mi escenario soñado sería el de una alianza entre la Unión Europea, Canadá, EE UU y los países del CPTPP [el Acuerdo Amplio y Progresista de Asociación Transpacífica]. No sería una entidad supranacional como la UE, pero me gustaría mucho que hubiera una asociación económica y de seguridad mucho más estrecha entre las democracias del mundo. Eso es lo que necesitamos.

P. ¿No es una ilusión, tal y como están ahora las cosas?

R. Si en 1940 se hubiera preguntado si 40 años después habría una asociación económica y política entre Alemania y Francia, una alianza militar entre EE UU, Alemania y Francia, y otra entre EE UU y Japón, nadie lo habría creído posible. La posguerra, sobre todo en Europa, es una historia de milagros: es asombroso cómo se pasó de la situación de 1939 a la de 1991. Quien lo hubiera imaginado habría sido considerado un fantasioso demente, pero ocurrió. Es un error poner límites a nuestros sueños.

P. ¿Está permitiendo Trump, con sus políticas, que China amplíe su influencia y llene ese vacío?

R. Sí, China es la principal beneficiada. Es la gran ganadora. Rusia también, pero la unidad que ha mostrado Europa debilita la victoria rusa. Los socios tradicionales de EE UU buscan un equilibrio y, por tanto, se están acercando a China. Puede ser peligroso, pero es comprensible. Y, sobre todo, es magnífico para Pekín. Hay, además, otra cosa que le favorece: ahora mismo, EE UU no puede atribuirse ninguna superioridad moral.

P. Como asesora de Zelenski, ¿cómo valora el reciente alto el fuego energético anunciado por Trump?

R. Nada de lo que propone resulta creíble.

P. También exige elecciones: dice que “es hora de que los ucranios elijan un nuevo presidente”.

R. Es atroz, absolutamente atroz. Lo único positivo [de sus palabras] es que aumentará aún más la popularidad de Zelenski en Ucrania.

P. ¿Cómo valora el acuerdo entre EE UU y Rusia sobre el diésel?

R. Es una traición y un regalo a Putin. Sorprende, porque no tiene gran relevancia económica para EE UU pero demuestra explícitamente que Trump está del lado de Moscú.

P. Dice que Ucrania está ganando la guerra.

R. Al 100%.

P. ¿Por qué?

R. Había una expectativa generalizada de que Rusia lograría avances territoriales este verano, y no lo ha hecho. Es espantoso lo que [el Kremlin] está haciendo con sus ataques contra civiles ucranios, pero es consecuencia directa de su fracaso en el campo de batalla. Los ucranios han ideado una fórmula que quizá obligue a Rusia a limitar sus ataques: si golpean tu infraestructura energética, tú golpeas la suya. Eso podría servir de base para un alto el fuego limitado. También es muy interesante el impacto de los ataques contra centros de datos rusos: las campañas rusas de desinformación nos influyen más de lo que creemos, y quizá los ucranios nos ayuden a todos a tener democracias más saludables. Puede ser un regalo de Ucrania a la democracia mundial.

Source: El País · Ignacio Fariza

At a glance

Topic
World
Country
🇪🇸 ES
Publisher language
ES
Added to Allnira