Mi plan de la pasada noche era asistir a un concierto de Patti Smith, pero se truncó el asunto y acabé en mi casa viendo a María Patiño. Patti, Patiño, es una señal, aunque no sé de qué. Por Cara al show pasaron ayer Patiño, Páez y Puente; la cosa va de pes. Y de políticos. Hoy, Pedro Sánchez en La revuelta; ayer, además de Puente, Juan Jesús Vivas en La mesa y Abascal en Horizonte. Sin que estemos aún en campaña —aunque no hemos dejado de estarlo nunca—, el líder de Vox ya tiene un voto, el del inefable doctor Cabrera. “Te voy a decir algo que nunca se dice: mi voto va a ser para ti”, le soltó el forense. La sorpresa sería que votase a Pacma.

No vi a Patti, pero vi a Patiño y eso también es un acontecimiento a juzgar por la publicidad que ha recibido su visita a Cara al show y la repercusión de la entrevista que concedió a Martín Bianchi para este periódico. “Una estrella que ha elegido nuestro programa para reaparecer en la televisión después de un año apartado de ella”, anunció Marc Giró, y Patiño lo dio todo porque no sabe guardarse nada.

Pero antes de que la antigua presentadora de Sálvame hiciese suyo el plató, Marc Giró recibió a Óscar Puente, “uno de los miembros más mediáticos y polémicos del Gobierno”. El ministro entró al trapo. Confesó que desde que se levanta pasan “fracciones de segundo” hasta que coge el móvil, que tuitea alrededor de 20 veces al día, no borra nunca y lo hace él mismo, nada de community managers. También que se levanta por la noche a orinar porque ya tiene una edad y que lloró por última vez viendo el documental de Mike Tyson. No piensen que no hubo espacio para la política. Afirmó que Pedro Sánchez es cada vez más de izquierdas, porque “va aprendiendo”, y que, antes que por Carlos Cuerpo, se decanta por Illa como sustituto de Sánchez, pero para dentro de cuatro años porque tiene claro que el PSOE va a volver a ganar las elecciones. El disgusto que le darían al doctor Cabrera.

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Los Oscars de Óscar

Pero sin duda, la gran revelación de la noche fue su pasado como actor; 11 años cotizó como “farandulero”. Y para avalarlo, recitó unas líneas de El avaro de Molière que en su momento protagonizó junto a Diego Martín y Eva Hache. No es la única ocupación sorprendente de su pasado; también fue monitor de esquí y DJ. En su vida laboral hay más profesiones que en el Credo de Elsa Baeza.

No se resistió el antiguo alcalde de Valladolid a participar en uno de los juegos del programa. Le tocó asignar Oscars y películas a los políticos. Con Feijóo lo tuvo claro: Esperando a Godot y puntualizó que ese Oscar tendría que ser especialmente “dorado”. Guiño, guiño, codazo. A Ayuso le tocaría el galardón a la mejor actriz “permanentemente dramática” por El diablo viste de Prada. A Aznar le adjudicó el Darth Vader de El imperio contrataca y a Irene Montero Barbie “por feminista y combativa”. Para Felipe González reservó El padrino 3; a Pedro Sánchez lo ve en El renacido y a sí mismo en El club de la lucha.

No tuvo que darse puñetazos con nadie, pero no fue menos extraño verle compartir carrito de golf con María Patiño. Si pensábamos que el paseo en carrito de golf más surrealista de la temporada televisiva iba a ser el de Ponce y Broncano buscando a Shakira por su Macondo particular, nos habíamos equivocado; así es la magia de la tele.

Patiño entró a ritmo de Beyoncé, con ventilador y melena al viento de diva total. Normal que su dirección de correo electrónico sea Blanca Diva. Su cuenta es de Hotmail, lo que indica una edad, como la referencia a la Botilde que soltó Giró. No le importa hablar de sus años, de los ejercicios físicos que hace para compensar los efectos de la menopausia o de sus retoques estéticos: cejas y culo. Llegó al plató más entusiasmada que Tom Hanks cuando lo rescatan en Náufrago. “Ay, es la tele”, suspiraba, “y con público de verdad”, decía emocionada. Pero, ¿cuándo no está emocionada María Patiño?

Lleva 10 meses sin pisar un plató y lo echa de menos. Es de esas personas que no pueden estar sin trabajar. ¿Quién los entiende? Necesita una rutina y ha pensado en poner un negocio, tal vez de algo de uñas, pero no sabe nada de uñas. Mal empezamos. Le confesó a Giró que está dispuesta a “abrir su cama para más gente” —metáfora laboral, no se pongan picantones—, pero no cree que Ana Rosa Quintana quiera meterse en ella. No hubo cama, hubo suelo, en el que hizo el ejercicio del perrito y se quedó sin tacón; esas cosas que pasaban en Sálvame. Cómo explicar cómo se cuece un huevo sin saber cómo se cuece un huevo, emocionarse con una crema para las nalgas o confesar que su perra ha sido fichada por la agencia de Dulceida porque el pienso y las vacunas salen por un pico y le toca aportar a la economía familiar. Les digo que pocos homenajes mejores se le podrían hacer a los 110 años del dadaísmo. ¿Quién necesita a Tristan Tzara teniendo a María Patiño? Viendo su feeling con Marc Giró, suspiré soñando con un new Sálvame, más risueño y humano, el bálsamo que necesitamos en estos tiempos inciertos. Pero es otra Mediaset, otra televisión, otros nosotros. “¡Estás contratada!“, le dijo Giró al final. Había pocas dudas. Tendremos sección de Patiño en Cara al show. ¿Haciendo qué? Como si importase.

Source: El País · Eva Güimil

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