Al poco tiempo de aterrizar en Madrid, un buen amigo me hizo la siguiente descripción de Augusto Delkáder, fallecido este viernes en Madrid: “Hablar con él es revivir, es tocar una parte vital de la historia reciente de España”. En efecto, Augusto ha sido testigo, relator y, muchas veces, protagonista en la sombra de los momentos más decisivos de la añorada Transición política que subió a España a lomos de la democracia y de cómo aquél sombrío país se transformó en esta luminosa España.

Augusto era una persona que no dejaba indiferente a nadie. “Amigo (mucho) de sus amigos. Enemigo (mucho) de sus enemigos, jamás rehuía una buena disputa, una buena conversación o una buena fiesta”, me comentaba ese amigo.

Delkáder se ha convertido, sin lugar a dudas, en uno de los grandes referentes periodísticos de España en las últimas décadas. No solo formó parte del equipo fundador de EL PAÍS, sino que fue uno de los pilares fundamentales para lograr que lo que comenzó siendo una aventura periodística de futuro incierto se convirtiera en lo que es hoy: el mejor y más influyente diario en el mundo de habla hispana.

Pero su capacidad de revolucionar y renovar un medio de comunicación no se quedó ahí. Augusto fue el auténtico muñidor, padre y arquitecto del auténtico gigante de las ondas que es la Cadena SER. Ordenó, estructuró y expandió por toda España y buena parte de Latinoamérica un modelo de radio tremendamente exitoso, que hoy tiene más vigencia que nunca.

Sin embargo, más allá de los cargos y reconocimientos, quienes le conocían mucho mejor que yo destacan una constante en su vida, que, además, él se encargaba de recordar siempre que tenía ocasión: su profundo amor por Cádiz. Nunca, nunca dejó de sentirse gaditano. Y, según contaba él mismo, siempre que tenía ocasión se escapaba a su querida Zahara de los Atunes y se daba un paseo por un rinconcito muy especial de su majestuosa playa, justo a los pies del mítico restaurante Antonio.

Augusto deja un enorme legado tanto en el periodismo español como en la historia de PRISA. Fue una persona lúcida y valiente, capaz de transformar el mundo de los medios de comunicación en España sin perder nunca de vista la pasión por las personas y por la información seria, profunda y de calidad. Ya te echamos de menos. Descansa en paz, querido Augusto.

Joseph Oughourlian es presidente de Prisa.

Source: El País · Joseph Oughourlian

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