Las agresiones contra migrantes en Ceuta por parte de los militares continúan, según Amnistía Internacional. Un mes después de que dicha ONG documentara decenas de abusos, la organización ha denunciado que se siguen produciendo agresiones por parte de las tropas desplegadas en la ciudad autónoma, a pesar de que el Ministerio de Defensa anunció una investigación interna para “dilucidar responsabilidades”.

En una nueva investigación sobre el terreno, la organización ha documentado con partes médicos, fotografías y testimonios otros 18 casos de migrantes que refieren haber sido agredidos por miembros del Ejército, generalmente Regulares, mientras dormían en las calles en las últimas semanas. Las heridas provocadas son compatibles con golpes con defensas rígidas, como las porras reglamentarias, pero también provocadas por pistolas taser. Uno de los testimonios, identificado bajo la inicial R. para proteger su identidad, asegura que en la madrugada del 24 de octubre fue despertado por la descarga del arma taser en el pecho, y al tratar de incorporarse cayó de bruces. “Me mareé, vomité y me desvanecí, pero nadie me llevó al hospital. Cuando volví a despertar, me fui andando, pero no conté lo que había pasado por miedo a preocupar a mi familia”, ha asegurado a Amnistía Internacional.

“Los militares me llevaron a un callejón sin salida y cuando se cercioraron de que nadie miraba, me empezaron a pegar con porras, me daban patadas, puñetazos, y me rociaron con espray pimienta en los ojos y en la cara”, ha relatado H., que fue presuntamente agredido el 5 de octubre. Varios de los golpes le fueron propinados cuando ya estaba tirado en el suelo, donde le encontró tiempo después una ONG. Fue trasladado al hospital y el parte médico certifica las heridas resultado de la paliza. El caso de M., tunecino de 40 años, ha perdido la visión de un ojo durante semanas, fruto de la última agresión, en la que varios militares le dieron presuntamente puñetazos en la cara. Esta sería la segunda vez que sufre violencia por parte de miembros del Ejército; la anterior se habría producido un mes atrás, en el asentamiento informal de playa Benítez. Entre los agredidos también hay menores, de los muchos que aún duermen en las calles a la espera de una plaza libre en algunos de los centros de la ciudad. Relatan cómo, de madrugada, han sufrido bofetones, patadas, humillaciones y robos de sus pertenencias.

Amnistía Internacional ha remitido toda esta nueva información tanto a la Fiscalía de Ceuta como al ministerio que dirige Margarita Robles para evidenciar que, tras las primeras denuncias, las agresiones continúan. “Tras el anuncio del Ministerio de Defensa de la apertura de una investigación, era de esperar que cesaran los malos tratos, pero no ha sido así: son persistentes, y muestran la impunidad con la que los perpetradores de violaciones de derechos humanos han actuado y, en algunas ocasiones, siguen actuando”, asegura Esteban Beltrán, director de la organización internacional.

En poder del juzgado no solo obran estos casos, sino las evidencias publicadas por elDiario.es, entre ellas los audios en los que los propios militares se jactaban de las agresiones y también un informe del hospital de Ceuta, que entregó una veintena de partes médicos con las lesiones que presentaban los agredidos y su declaración de que las heridas fueron causadas por miembros del Ejército. El documento, además, aportaba las identidades de las víctimas, información clave para que pudieran ratificar su denuncia ante el juzgado. Se esperaba que con estos datos la investigación avanzara y ayudara a identificar también a los agresores.

Ante la aparente parálisis de la situación, Amnistía Internacional también se ha dirigido por carta a la Presidencia del Gobierno, pidiendo órdenes expresas para el cese de la violencia contra migrantes en Ceuta, y solicitando información acerca de la investigación anunciada por el Ministerio de Defensa, pero no ha obtenido respuesta hasta el momento.

Según ha podido saber este periódico, varios militares identificados en las agresiones documentadas en vídeo prestaron declaración en la Comandancia General de Ceuta hace semanas, siendo interrogados sobre las agresiones. Uno de ellos reconoció la semana pasada a EL PAÍS que se habían tomado “la justicia por su mano” contra la población migrante, pero aseguró que, más allá de la toma de declaración, ninguno había sido apartado de la unidad.

En la mayor parte de los casos sobre los que no existen pruebas audiovisuales, las víctimas coinciden en identificar a los agresores por el tarbuch o fez, gorra distintiva del cuerpo de regulares del Ejército. En varias ocasiones, los testimonios aseguran que los soldados hablaban dariya, el dialecto del árabe que se habla en Marruecos.

“El personal militar involucrado en hechos de violencia no parece haber sido apartado de sus puestos, tal y como señalan algunos testimonios recabados por Amnistía Internacional, que reconocen a sus agresores y han contado cómo los amenazan para impedir que cuenten o denuncien las torturas sufridas”, ha señalado Esteban Beltrán. “Hemos hablado con personas migrantes que no logran dormir en toda la noche por miedo a que los militares les despierten a porrazos, puñetazos y patadas”, añade.

Source: El País · Bárbara Ayuso

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