Nunca seré una mujer feliz
Mi hija mayor, abogada de memoria prodigiosa, residente en la capital del imperio en decadencia, me pide, en los términos más amables, un billete aéreo para volar a la ciudad del polvo y la niebla, donde ha sido invitada a la boda de una de sus mejores amigas. Tras leer su correo, me siento halagado y contento. Siento que me quiere, que todo está bien entre