Hasta la divulgación histórica se puede convertir en un campo de batalla. El creador de contenidos en redes sociales Alberto Serrano, conocido como Alberto Hispanista en YouTube y TikTok, sostuvo en una reciente entrevista que el general José de San Martín fue “un traidor” y “un desertor”. En sus videos, el influencer intenta defender la historia y la cultura de su país ante las críticas de la “leyenda negra” de la conquista y reivindicar el legado español. “Su enfoque se centra en refutar lo que él considera mitos y malentendidos históricos sobre la colonización española y su impacto en América Latina”, describe la página web Batalla Cultural, cuyo heterogéneo equipo académico también integran, entre figuras vivas y otras ya fallecidas, el presidente Javier Milei y el director de la Fundación Faro, Agustín Laje​.

“Ese sí fue un traidor; para los argentinos será el padre de la patria y todo lo que tú quieras, pero para mí cuando tú eres militar y tú desertas y formas revoluciones en contra de tu país es porque eres un traidor. Punto”, afirmó Serrano sobre el Libertador de América.

Historiadores consultados por LA NACION opinaron sobre el fenómeno expandido en redes sociales que cuestiona en duros términos a San Martín.

Javier Milei en el sitio web Batalla Cultural, entre pensadores vivos y otros ya fallecidosCaptura

Para el presidente del Instituto Nacional Sanmartiniano (INS), el coronel mayor retirado e historiador Hernán Cornut, se trata de un capítulo más sobre el ideario de un amplio sector de España acerca de San Martín. “No es nuevo y según las épocas vuelve a estar sobre el tapete”, afirma.

“Esta es una lectura que hace España y que hacen estos españoles, pero hay otra lectura -dice-. San Martín no traiciona, no se va subrepticiamente; San Martín pide la baja del ejército español con el rango de teniente coronel de caballería. Y la lectura mía, y de un amplio sector, es que dejó todo de lado. No nos olvidemos de que San Martín tenía otros dos hermanos que habían sido militares. Uno de ellos hasta último momento siguió en el ejército español. Entonces, San Martín, teniendo la vida hecha en el ejército español, con todo absolutamente previsto, es capaz de salir premeditada y deliberadamente de su zona de confort para volver a su lugar de origen y entender con la cabeza que no tuvieron sus hermanos militares, que no tenía su padre, Juan de San Martín, y que evidentemente estos españoles que están ahí hablando tampoco son capaces de comprender, que América necesitaba emanciparse, porque era obvio que se iba a independizar. Y él viene con una idea clara, dejando todo lo que tenía a su favor en España para empezar de cero y hacer lo que hizo. Si no hubiera sido así, San Martín no hubiera aceptado en reiteradas oportunidades el ostracismo y el autoexilio. San Martín es un ejemplo. No hay nada parecido a San Martín antes y tampoco hay nada parecido a San Martín después, y mucho menos en la República Argentina”.

A la historiadora Beatriz Bragoni, autora de la biografía San Martín (Edhasa), no le sorprende que se afirme algo así en el presente. “Es la hipótesis de los reaccionarios aquí: condena de los Borbones, reivindicación de los Habsburgos y en contra de los liberales nucleados en logias o sociedades secretas, sin contar con que la masonería en España también era importante –explica–. La figura de San Martín tardó mucho en ser aceptada en España y a ello obedece la tardía erección de la estatua ecuestre que se inauguró en 1961; la había promovido el gobierno peronista a raíz de sus vínculos con Franco pero quedó en suspenso hasta esa fecha. Frondizi la impulsó, pero Perón que vivía el exilio en Madrid no asistió a la ceremonia. A los jóvenes españoles que ponen en duda el accionar de los Libertadores en la independencia de América y la interpretan como traición, convendría recordar que la desconfianza sobre San Martín sobrevivió en el tiempo”.

El historiador Gabriel Di Meglio, que acaba de publicar Contar historias. El complejo y fascinante oficio de la divulgación (Siglo XXI), señala que este tipo de contenidos que circula en redes o en algunos medios tiene ciertos obstáculos. “Los llamo ‘ismos’, de excepcionalismo, esencialismo, maniqueísmo, anacronismo, problemas que cuando divulgamos tenemos que enfrentar, y uno es el conspirativismo –dice–. O sea, toda la cosa conspiranoica que tiene mucho que ver con el lugar de Inglaterra o de la masonería. En otro capítulo hablo de las derivas de San Martín: aunque en general lo más mayoritario es obviamente la cuestión del héroe, algo que se fue creciendo fue esta cuestión del agente inglés. Asoma una especie de hispanismo en clave franquista, con esto de reivindicar a Felipe II, el Imperio Habsburgo, la conquista, la fe católica en un sentido muy duro. Hay una especie de nostalgia hispana, que forma parte la movida neohispana de Vox, políticamente hablando. Un hispanismo de la década de 1930, que volvió un poco más berreta, en grupos muy minoritarios, pero ahora están más activos y son los que le pintaron la estatua del Libertador en Madrid con el signo de $Libra, de San Martín como traidor, incluso en la Argentina; de agente británico que vino a romper la América católica. Agrego un dato: San Martín no desertó del ejército español, pidió la baja”.

“En España esta movida existió siempre, pero me preocupa que ahora esté pasando en la Argentina –sostiene el historiador Claudio Morales Gorleri, expresidente del INS–. Yo también soy hispanista, pero el 2 de Mayo de 1808 el pueblo español estalló sin dirigentes contra las tropas de Murat que invadían Madrid. Allí no había jefes militares ni nobles, y dos tenientes, Luis Daoíz y Pedro Velarde, murieron al pie del cañón. ¿Qué quiere el hispanista robusto? Insisto: lo peor es que esa idea también llegó por acá”.

Por Daniel Gigena

Source: La Nación · Daniel Gigena

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