Máximo “May” Ruarte inclina su batea sobre el agua y busca destellos diminutos entre arena y piedras. A los 80 años conserva el oficio de lavador artesanal de oro en un paraje de Famatina, provincia de La Rioja, Argentina, a más de 2000 metros sobre el nivel del mar.
La vida de May Ruarte en la montaña
El hombre vive con su esposa en una casa conocida como La Mariposa de Oro. Sus cuatro hijos, dos mujeres y dos varones, residen en la ciudad de Famatina. Una vez por mes baja para cobrar la jubilación y visitarlos, según contó en una entrevista del periodista Sergio Caballero para el canal de YouTube Conociendo mi País.
La vivienda tiene un panel solar para generar electricidad y un mechero de querosén como respaldo. El nombre del lugar proviene de un relato local: una mujer que cuidaba cabras encontró una pieza con forma de mariposa y un visitante le explicó que era oro. Desde entonces, la denominación quedó asociada al paraje.
Su vínculo con el paisaje comenzó en la infancia. Según contó, creció en el campo, entre cabras, ovejas y cerdos. Sobre el territorio dijo que lo conoce “como mis manos”, una síntesis de la memoria acumulada durante décadas de recorridos por quebradas, ríos y cerros.
Cómo se busca oro sin usar productos químicos
El trabajo de Ruarte se concentra en oro aluvial o fluvial. Son partículas que el agua transporta y deposita en lechos, orillas y terrazas de los ríos. Cuando una crecida modifica el cauce, el material puede acumularse en nuevos puntos. El lavador necesita reconocer esos lugares y separar los sedimentos más pesados.
La técnica utiliza agua, gravedad, una pala, un cepillo y recipientes de lavado. Al mover la mezcla, los materiales livianos se desprenden y las partículas densas quedan en el fondo. Ruarte no usa mercurio ni cianuro en el procedimiento que muestra. Esa diferencia lo separa de procesos industriales, aunque todo trabajo minero requiere considerar su impacto sobre el cauce y el suelo.
El resultado es incierto. A veces aparecen pequeñas chispas y, de manera excepcional, una pepita de uno o 1,5 gramos. Reunir un gramo puede demandar muchas jornadas. Por eso, la experiencia para leer el terreno es tan importante como el esfuerzo físico.
Otros buscadores se acercan para aprender. Ruarte dijo que acepta enseñarles un poco y les muestra cómo elegir el sedimento y mover la batea. Su conocimiento no proviene de manuales. También contó que no aprendió a leer porque, como hermano mayor, tuvo que ayudar a su familia desde chico.
De baqueano de La Mejicana a maestro del río
Antes de concentrarse en el lavado artesanal, trabajó como baqueano. Guiaba con mulas a personas que subían a la zona de la mina La Mejicana, en la sierra de Famatina, cuando no había caminos adecuados. Después de uno o dos meses en el cerro, él y otros guías volvían a buscar a los trabajadores.
Ese pasado conecta su historia con un capítulo mayor de La Rioja. La Mejicana operó a comienzos del siglo XX y quedó vinculada al cable carril que transportaba minerales desde la alta montaña hacia Chilecito. La región también protagonizó décadas después movilizaciones contra proyectos de megaminería.
El oficio de Ruarte es distinto por escala y método. El oro aparece en cantidades pequeñas y la producción depende del río. Presentarlo como una actividad sin impacto sería excesivo, pero también sería incorrecto equipararlo con una explotación industrial que remueve grandes volúmenes de roca y usa instalaciones complejas.
Un conocimiento ligado a un lugar específico
La historia no puede separarse de Famatina. La altura, los cauces y la memoria minera definen la vida de Ruarte. Su nacionalidad argentina no basta para ubicar el relato: el escenario es un paraje de montaña del departamento Famatina, mientras que sus hijos viven en la ciudad del mismo nombre.
El video de Caballero superó el millón de reproducciones y llevó su testimonio a una audiencia amplia. La cobertura posterior retomó sus frases y su rutina, pero la entrevista original es la fuente de las declaraciones. La fecha de publicación del video debe conservarse en fuentes sin presentar el oficio como una novedad nacida en noviembre de 2026.
A los 80 años, Ruarte sigue lavando oro y compartiendo lo que aprendió. El interés periodístico está en esa continuidad y en la precisión con la que identifica el terreno. No se trata de una promesa de riqueza rápida, sino de un trabajo incierto que depende de paciencia, experiencia y condiciones naturales.
Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA
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Source: La Nación · LA NACION
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