Heredera de una familia de ópticos de apellido ilustre en los años dorados de la calle Florida, Carla tardó en encontrar su lugar en ese mundo de armazones, lentes y cámaras de fotos donde creció. Vendió cursos de inglés y computación, trabajó en atención al cliente en una compañía de telefonía celular, estuvo a cargo de un restaurante y hasta fue secretaria en un fondo común de inversiones antes de reconocer que la óptica era una elección propia y no un mandato. Con esa certeza cursó la carrera, para luego abrazar la profesión con un compromiso infatigable.
Empezó a trabajar en la óptica familiar y, luego de una temporada en Luxxotica -el gigante internacional de lentes-, decidió que estaba lista para abrirse por su cuenta. Las colecciones vintage de su abuelo inspiraron los primeros anteojos que diseñó de manera autodidacta para su marca y para otras, siempre con el apoyo de la producción nacional.
Formación técnica con diseño de autor
Hoy, desde la tienda que abrió a fines de 2010 en Palermo Soho, crea y desarrolla sus propias líneas Carla Di Sí y se involucra a fondo en el proceso de fabricación y ventas en el exterior. Pero su mayor satisfacción es poder asesorar a sus clientes. Su trabajo combina formación técnica con una impronta estética que ha logrado instalarse cómodamente en el circuito del diseño de autor: es fácil descubrir su firma cuando alguien lleva unas gafas diferentes que se destacan también por la calidad de las lentes, con sus gafas “se ve bien”, adelanta.
-¿Estamos viendo peor que hace veinte años o estamos usando la vista de otra manera?
-En principio estamos usando la vista de otra manera y eso está haciendo que veamos peor. Podría decirse que la estamos usando de forma bastante antinatural porque la vista fue “diseñada” para ver principalmente a lo lejos. Hoy esa proporción se invirtió: en lugar de mirar a lo lejos durante la mayor parte del día, pasamos muchas horas mirando de cerca o a distancia intermedia. Eso fuerza la vista mucho más. Se debe sobre todo a la cantidad de horas que usamos pantallas: celulares, tablets, computadoras. Por eso empezamos a experimentar síntomas nuevos. Es preocupante que también los niños comiencen a edades muy tempranas con este hábito. Se estima que prácticamente la mitad de la población mundial va a tener miopía en el año 2050. Es una señal clara de que estamos viendo peor que hace veinte años. Como ayuda, la regla 20-20-20 es muy útil: cada 20 minutos, mirar durante 20 segundos a 20 pies de distancia (son unos 6 metros). Es fácil y efectiva para relajar la visión, para que no terminemos tan cansados.
El primer modelo y su ADN fundacional
El primer modelo que presentó, el 0007, sigue siendo parte de ese ADN fundacional, un diseño con carácter y puente continuo que, dos décadas después, vuelve renovado al centro de la escena. Dandy Edición Especial 2026 es una reedición de aquel armazón que celebra los orígenes de su emprendimiento y reúne 26 unidades seriadas, fabricadas íntegramente en la Argentina con acetato de celulosa de alta calidad, patillas en contraste y bisagras reforzadas de siete dientes, describe con el mismo entusiasmo del comienzo. Pero para Carla Di Sí hacer anteojos lindos y de calidad hoy es parte de un objetivo mucho mayor, que es mejorar la vida cotidiana de las personas a través de una pieza clave para la salud visual en un mundo cada vez más pendiente de las pantallas.
-¿Qué demandas eran de consulta frecuente en la óptica de tu abuelo y cuáles son las demandas de hoy?
-Más que nada puedo contar lo que me contaban y algo de lo que recuerdo. Primero, como para dar contexto, la óptica siempre tuvo la función principal de corregir dificultades visuales. Aunque en la óptica de mi abuelo también se vendían máquinas fotográficas, se revelaban fotos, se vendían equipos de audio y televisores. En esa época era el lugar donde estaba a la venta la tecnología del momento. En la óptica se ofrecían anteojos de sol para proteger la vista y anteojos recetados según las diferentes anomalías: miopía, hipermetropía, astigmatismo o presbicia. Esas demandas hoy persisten. Las dificultades visuales son las mismas porque son inherentes a la especie humana. Pensemos que al menos el 30 % de la población mundial, desde bebés recién nacidos hasta personas de cien años, tiene una dificultad visual que necesita resolverse con anteojos, con lentes de contacto o, en algunos casos, de manera quirúrgica. Lo que cambió es la tecnología aplicada a las lentes oftálmicas, y con ella la estética, los tratamientos correctivos y la comodidad mejoraron muchísimo. En la época de mi abuelo, tener una miopía de menos cinco o menos seis significaba usar lentes realmente antiestéticas: se veían halos de luz en los bordes y el ojo se achicaba mucho. Hoy eso casi no se nota. Gracias a la tecnología, la óptica oftálmica avanzó muchísimo.
Un mundo de pantallas y luces LED
-¿Qué efectos tiene pasar ocho o diez horas por día frente a una pantalla?
-En primer lugar pasamos muchas horas usando la visión cercana y la intermedia, en lugar de la lejana. Por eso la recomendación de la regla 20-20-20 que mencioné antes. Después hay un tema vinculado al ritmo circadiano. A partir de las seis de la tarde, la luz de las pantallas de celulares y computadoras, y también la luz LED de los ambientes, le hace creer al cuerpo que todavía es de día: esa luz frena la producción de melatonina, la hormona que le indica que es de noche. Entonces, en lugar de empezar a entrar en modo reposo, sigue en modo activo. Eso puede afectar el sueño y traer otros malestares, y eso sí está demostrado.
-¿Y qué pasa con la luz azul, es dañina? ¿Qué recomendás?
- No es cierto: la luz azul es muy buena para el funcionamiento del cuerpo, y estar en contacto con ella es muy saludable. Su principal fuente es el sol, la luz natural. Lo prudente es moderar el exceso. Y mis recomendaciones, las que más me gustan, son configurar las pantallas para que a partir de las seis o siete de la tarde los colores sean más sepiados, como el Night Shift de Apple, por ejemplo. También bajar el brillo de las computadoras al mínimo posible e ir disminuyendo la luz de los ambientes de la casa.
El problema con los pregraduados
- Has hecho mucha campaña para erradicar la costumbre de correr a la farmacia cuando perdimos u olvidamos los anteojos, pero lo cierto es que demora hacer los recetados…
- Sí, es cierto. Hice y sigo haciendo mucha campaña para que la gente tome conciencia de que usar anteojos de farmacia como reemplazo de un anteojo de verdad, de los que se venden en una óptica, no es saludable. Una cosa es tener una emergencia una vez y tener que acudir a este tipo de anteojos, que técnicamente se llaman pregraduados, porque traen una graduación predeterminada igual para ambos ojos. Otra cosa es pretender reemplazar con un pregraduado un anteojo de verdad, hecho a medida en una óptica, con el centrado específico para esa persona. Es como automedicarse: es muy difícil que alguien determine por sí mismo cuál es la graduación que necesita. Pero lo peor del pregraduado es que aleja a las personas del examen visual y eso puede llegar a ser peligroso. El examen visual hay que hacerlo idealmente una vez por año o, como mucho, cada dos años. Consiste en la observación de las estructuras internas del ojo, como la retina, y en la medición optométrica. Y eso solamente lo puede hacer un profesional.
Y sobre el tiempo que demora una receta: el cuidado de la visión requiere entender que las lentes hechas a medida pueden demorar, en general entre un día y un par de semanas, según la corrección. Pero en lugar de ver solo la demora, me parece más importante ver el beneficio que te da esperar unos días. La visión es demasiado importante como para resolverla con algo rápido. Para mí los pregraduados son comida chatarra para los ojos. Mejor esperar un poquito y tener anteojos de verdad, hechos en una óptica.
“Los anteojos pasaron a ser parte de la identidad, no solo un accesorio”
- ¿Qué impulsó la evolución de los anteojos a convertirse en una pieza central de la imagen?
- A principios del siglo XX Hollywood tuvo un rol bastante importante en la difusión de los anteojos. Los protagonistas empezaron a aparecer en las películas con anteojos de sol y eso colocó a este objeto en un lugar aspiracional. Hubo un actor del cine mudo, Harold Lloyd, que usaba unos anteojos redondos de marco negro. Eran su sello personal y fue tan popular que se lo considera como quien “puso de moda” los anteojos de vista en Estados Unidos, en una época en que la mayoría quería disimularlos. En la era moderna, el cine fue el primero en poner a este objeto en un lugar popular. Después la moda hizo el resto. En las últimas décadas del siglo XX las grandes casas de moda empezaron a licenciar sus marcas para hacer anteojos. El acuerdo entre Giorgio Armani y Luxottica insertó al anteojo en el universo de la moda, cambiando de forma contundente a la industria óptica mundial. El anteojo pasó de ser un objeto médico a un accesorio para acompañar las prendas de sus creadores.
El actor Harold Lloyd, y los diseños de Alain Mikli y Oliver Goldsmith
En paralelo, el diseño de autor en anteojos fue ganando lugar en Europa con referentes como Oliver Goldsmith y Alain Mikli, ambos muy inspiradores para mí. Los anteojos empezaron a entenderse como parte de nuestra identidad y no solamente como un accesorio. Elegir un anteojo es elegir cómo querés que te vean. En Carla Di Sí lo resumimos diciendo que “como vemos, somos”.
- ¿Qué aporta (o no) la inteligencia artificial a la salud visual?
- El aporte más concreto de la inteligencia artificial a la salud visual está en el diagnóstico: hay sistemas que analizan imágenes de la retina y detectan enfermedades como la retinopatía diabética. En Estados Unidos el primero se aprobó en 2018 y permite hacer ese control sin que un especialista tenga que interpretar las imágenes. También se aplica al diseño de lentes oftálmicas cada vez más precisas. Lo que más llama la atención hoy son los anteojos con inteligencia artificial, como los que desarrollan Meta y Ray-Ban. Tienen cámara, audio y un asistente que ve lo mismo que vos. En 2025 se vendieron más de siete millones y este año salieron modelos pensados especialmente para quienes usamos anteojos recetados, que se venden en ópticas. Me parece interesante porque en la óptica de mi abuelo se vendía la tecnología del momento y de alguna manera el anteojo vuelve a ocupar ese lugar. Pero hay que distinguir. Estos anteojos no hacen que veas mejor: la corrección la siguen dando las lentes y para eso sigue siendo indispensable el examen visual y el trabajo del óptico. Además plantean preguntas éticas nuevas, como la privacidad o el tiempo que pasamos conectados.
Innovación y personalización
-¿Qué innovaciones en lentes oftálmicas están cambiando de verdad la experiencia de uso?
- Las innovaciones que más cambiaron la experiencia de uso están en las lentes progresivas que se diseñan de forma digital y personalizada, a partir de las medidas de cada persona y del armazón que eligió. El resultado son campos de visión más amplios y una adaptación mucho más fácil que hace veinte años. El límite es que la zona lateral de una progresiva sigue teniendo algo de distorsión y algunas personas necesitan unos días para acostumbrarse.
En cuanto a materiales, las lentes de alto índice permiten graduaciones altas con lentes mucho más delgadas y livianas. Es lo que hace que hoy una miopía alta casi no se note.
-¿También hay nuevos tratamientos de las lentes?
-En tratamientos el antirreflejo cambió muchísimo la comodidad: menos reflejos, menos cansancio y una mirada más limpia para quien te ve. Las lentes fotocromáticas, las que se oscurecen con el sol, también son muy prácticas. Su límite es que dentro del auto casi no se oscurecen porque el parabrisas filtra la radiación UV que las activa. Y hay una innovación que me parece de las más importantes: las lentes de control de miopía para chicos menores de 18 años, para frenar su avance. Las pueden buscar como “lentes de desenfoque periférico o de desenfoque miópico”. No curan la miopía pero pueden hacer que avance más lento. Con lo que dijimos sobre el aumento de la miopía es una herramienta muy valiosa, siempre que esté indicada y controlada por un profesional.
- ¿Cómo describirías la situación del sector en la Argentina?
- La industria argentina de anteojos está estancada, con baja producción, aunque igualmente todas las fábricas siguen produciendo. Con la última crisis y el reordenamiento fiscal de esta etapa cayó el consumo general y también cayó en nuestro rubro. Un factor clave es la medida antidumping a los anteojos y armazones de origen chino que vence en noviembre de este año. Los fabricantes están pidiendo renovarla por dos años más. A diferencia de las fábricas de armazones, la producción de lentes se hace en laboratorios especializados, con maquinaria de precisión y personal técnico idóneo. El diseño de autor requiere habilidades creativas y principios claros. Y la comercialización la compartimos entre todos los integrantes del sector de la óptica.
- ¿Qué pasó con los fabricantes argentinos en las últimas décadas? ¿Se perdieron empresas, talleres, oficios o conocimientos técnicos?
- La industria óptica siempre estuvo amenazada por la industria china porque la nuestra es una industria de mano de obra intensiva. Con la apertura de importaciones de los años noventa se perdieron muchísimas fábricas. La medida antidumping ayudó a que las pocas que quedaron se fortalecieran, crecieran y disminuyeran su capacidad ociosa. La mayoría se tecnificó también. Se perdieron empresas pero los conocimientos técnicos no.
Por Valentina FerreroSource: La Nación · Valentina Ferrero
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