¿Javier Milei se está “reseteando” para lograr la reelección y evitar “el regreso de los orcos”? Todo parece indicar que sí.

¿Puede hacerlo de verdad, o las características de su personalidad lo tornarían imposible? Lo sabremos en menos de un año.

Pero digamos todo. Así como nadie debería subestimar la potencia electoral del peronismo, tampoco los analistas clásicos deberían suponer que Milei no será capaz de cambiar, y evitar, por lo menos, los errores no forzados de los últimos días.

O la repetición de ideas como: “Voy a morir con las botas puestas. Y si tengo que perder, pierdo, y me vuelvo para mi casa”.

Primero, porque ya entendió que este tipo de mensaje catastrofista hace subir “el riesgo kuka”. Y segundo: porque su deseo de competir y ganar está intacto.

Distinto sería que un día se levante y ensaye un giro de 180 grados en el rumbo económico. O que resigne su objetivo de pulverizar la inflación, mantener el superávit fiscal y negarse a emitir sin el respaldo correspondiente. Eso sí que no está dispuesto a hacer.

A esa parte de la idea de cambiar Milei le llama: “No voy a hacer populismo para ganar una elección”.

Quienes leen a Milei teniendo solo en cuenta sus ataques al periodismo y los economistas, tienden a confundir análisis objetivos con deseos personales. Porque la verdad es que desde marzo la imagen de gestión está clavada en una aceptación de alrededor del 40 por ciento. Es decir: aunque a la mayoría no le gusta que Milei putee todo el tiempo, no le presta tanta atención a sus agresiones verbales, como si lo hace “el círculo rojo”.

Sin embargo, estos son, a vuelo de pájaro, algunos antecedentes que prueban la hipótesis de que Milei “no come vidrio”. Y que puede volver sobre sus pasos.

El reseteo de Milei también incluye concesiones más recientes, como las que negoció la mesa política para la media sanción en Diputados de la nueva ley de Discapacidad. Y no fueron concesiones menores. Incluyeron, por ejemplo:

¿Esto significa que el Gobierno sucumbió ante la presión de la oposición y resignó su objetivo de déficit cero? No. Porque el impacto fiscal de las concesiones no pone en riesgo el equilibro fiscal. En cambio, su aprobación alimenta las expectativas de éxito sobre otros proyectos. Porque se logró con 237 votos, sobre un total de 257.

Tampoco habría que subestimar la inteligencia con la que están manejando, hasta ahora, tanto Milei como Patricia Bullrich, sus diferencias de matices y posturas frente a temas muy concretos, como la felicitación a Lula por su victoria electoral. Milei sabe que lo peor que podría hacer es salir a atacar a su aliada de manera frontal. Por eso, en una de sus últimas entrevistas habló de Patricia con mucho cariño. Y puso la carga en el círculo rojo que, según él, trata de instalar la idea de “un mileismo sin Milei”.

Pero horas después apareció Martín Menem diciendo que el único candidato de La Libertad Avanza es el presidente.

Patricia Bullrich tampoco come vidrio. Y sabe que hoy no tiene plafón para presentarse como precandidata a presidente. Ni por dentro ni por fuera de La Libertad Avanza.

Sí entiende que esta diferenciación le puede servir para acumular poder y pedir “lo máximo”. Es decir: no solo la vicepresidencia de la Nación, sino algunos ministerios, además de voz y voto. Por eso, horas después de Menem apareció su incondicional, el legislador por la Ciudad, Juan Pablo Arenaza, para decir: “Patricia no les debe nada a los libertarios”.

Como sea, los movimientos de Bullrich parecen tener múltiples efectos. Y uno es el debate abierto sobre cómo mejorar la economía de bolsillo. Luis Caputo ya trabaja en varias iniciativas a la vez:

Milei y Caputo no ignoran que la economía entrará en recesión técnica, por las bajas en el segundo y tercer trimestre. Pero confían en que el cuarto trimestre la actividad crecerá cerca de 1,8 por ciento.

Lejos de los pronósticos, como “la economía va a crecer como pedo de buzo” o “se vienen los mejores 18 meses de la Argentina”, ambos están ajustando la narrativa a la nueva realidad. La sintetizan de la siguiente manera: “La foto sigue siendo horrible, pero la película va a ser maravillosa”,

Mientras, dejan sentado, en público y en privado, que la velocidad de la desaceleración de la inflación y el crecimiento no han sido responsabilidad del Gobierno, sino debido a dos situaciones bien marcadas.

Es más: insisten en que si no hubieran cambiado de raíz el viejo modelo k, la Argentina ya habría volado por los aires.

Al Gobierno no dejan de darle una buena mano gente como Axel Kicillof y Alberto Fernández, quienes cada tanto parecen trabajar como jefes de campaña de Milei.

Kicillof, sin poder balbucear siquiera un plan alternativo, mientras sale a pasear junto a Juan Grabois y aumenta su obsesión compulsiva por echarle la culpa de todos los males del mundo al presidente.

Alberto, delirando con que durante su Gobierno no hubo una cuarentena sino una gestión casi perfecta de la pandemia, a la que todos nosotros, incluidos los que debimos despedir a nuestros familiares en absoluta soledad, deberíamos agradecer, en vez de atacarlo tanto.

Por Luis Majul

Source: La Nación · Luis Majul

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