Los advenedizos que por estos días comentan sus videos de Instagram lo llaman el mini Sugar Ray Leonard. La prensa especializada habla de un talento en plena ebullición. Su mamá Claudia, orgullosa, dice que “es el hijo perfecto”. Los que saben de la materia hablan de “un distinto sobre el ring”. Todas esas definiciones, aunque alguna pueda sonar exagerada, le calzan justo al santafesino Edgardo Nicolás Peralta, la nueva joya del boxeo argentino que, este martes, hizo historia grande al conquistar la medalla de oro en el Mundial Amateur Juvenil Sub 19 que se desarrolló en Budva, Montenegro.

Lo hecho por Peralta en este tradicional certamen organizado por la World Boxing (entidad que rige el boxeo Olímpico), en el que participaron 75 países, es histórico para nuestro pugilismo y ayuda a dimensionar las comparaciones con que se juzga su calidad boxística por estos días. Porque nunca antes, desde la creación de los mundiales amateurs por la extinta AIBA, en 1979, un boxeador argentino había logrado lo que el pibe de Reconquista, con tan solo 18 años, coronó a orillas del Mar Adriático ante el irlandés Kalib Walshe, a quién superó en fallo unánime en la final de la categoría hasta 60 kilos.

Así fue el combate por el oro

El desempeño de Junior Peralta, oriundo de Reconquista, fue arrollador y no le pesó enfrentarse con rivales con mayor roce internacional. Encadenó cinco victorias contundentes, incluyendo un RSC (réferi suspende combate) en el debut frente al bielorruso Daniil Kalistau, un KO frente al rumano Serban Stoica y dos 5-0 contra el español Rodrigo Sánchez Herranz y el kazajo Akbissenov, en cuartos y semifinal respectivamente. La magnífica consagración ante Walshe, donde logró el inédito oro para Argentina, fue una verdadera clase de boxeo y contundencia, que lo llevó a ser considerado el mejor boxeador del mundo.

Verlo boxear a Peralta despierta miles de comparaciones. Su estilo es versátil: tiene la capacidad técnica y física de ir al frente y presionar si la pelea lo requiere, o bien boxear hacia atrás, contragolpear y dominar desde la distancia basándose en el movimiento de piernas y la lectura del rival. Él se define como un “boxeador universal”. Y su impresionante récord invicto de 68 triunfos con una efectividad de nocaut del 63 por ciento (44 Ko) lo reafirma. No es casualidad su admiración por el ucraniano Vasyl Lomachenko. Como tampoco es exagerado que algunos vean -salvando las distancias- cosas parecidas a Sugar Ray Leonard en la rapidez que saca los golpes.

Mucho de ese estilo fino lo adquirió viendo entrenar a su papá Saúl “El indio” Peralta, que fue boxeador profesional con una respetable campaña, hasta que en 2017 sufrió un grave cuadro neurológico tras perder por nocaut técnico contra Elías Araujo, en Arroyo Seco. Estuvo 15 días en coma y tras recuperarse se retiró y comenzó a entrenar recreativamente a los pibes del Barrio Luján, entre ellos a su hijo Nico, a quién rápidamente apoyaron “El Indio Junior”.

La imagen triunfal de Nicolás Peralta: una ilusión para el boxeo argentino

“Desde chico Nico tuvo una conexión muy fuerte con el boxeo. Con tres años comenzó a pegarle a la bolsa e imitaba los movimientos del papá. Es un prodigio porque aprendió mirando. Recuerdo que una noche sentimos ruidos en la pieza y estaba practicando golpes contra la pared y desde ahí siempre me pidió que quería ser”, rememora a LA NACION su mamá, Claudia Salinas, que después de haber pasado varias noches en un hospital, pendiente de la salud de Saúl, le costó aceptar que su pequeño hijo también se boxeador. “No me quedó otra que acompañarlo”, admite.

Nicolas Peralta, Medalla Dorada En El Mundial Juvenil, Cuando Era Niño
Nicolas Peralta, Medalla Dorada En El Mundial Juvenil, Cuando Era Niño

Si bien no hay una fecha cierta de sus inicios en el boxeo, Nico hizo sus primeras exhibiciones a los seis años y a los 10 comenzó con los sparring. Pero recién en 2022, con 14 años, fue llevado a la Selección Argentina por el profesor Daniel Gonzalez, actual entrenador jefe del equipo, quien se encargó de acompañar su crecimiento y pulir al diamante. Así pasó de campeón en los Juegos Evita y Mejor Deportista de Reconquista en 2024 con el San Jerónimo de Oro, a ganar la medalla de oro en los Juegos Suramericanos de la Juventud Panamá 2026. Del Nacional en la FAB a Budva, todo en menos de cuatro años.

El vuelo de regreso, a la hora de la final

El estado del boxeo amateur argentino es el fiel reflejo del poco apoyo gubernamental con que cuentan en la actualidad los deportistas para desarrollarse en alto rendimiento. De hecho, la participación de Peralta en el Mundial fue casi un milagro: recibió la confirmación del viaje apenas unos días antes del inicio del torneo. Aunque lo más insólito ocurrió con los aéreos, ya que el vuelo de regreso coincidía exactamente con el día y la hora de la final. Ante la negativa del ENARD para modificar los tickets, su entrenador, Marcos Narváez, tuvo que pedir a contrarreloj el cambio de horario del combate para cumplir con el itinerario estipulado.

Por suerte, la odisea terminó con una combinación de tensión y velocidad digna de una película de acción en el ring. Con la valija lista en el rincón del estadio y la mente dividida entre los golpes al rival y las agujas del reloj, Nico gestionó a la perfección cada segundo de pelea para poder participar de la premiación, tener la foto para la posteridad y no quedar varado, junto a su compañero de selección Santiago Giménez Losso y el técnico Narváez, en la otra punta del mundo.

Con este logro, el boxeo argentino alcanzó su sexta medalla en la historia de estos certámenes juveniles. El historial comenzó en 1998 con las platas de Hugo Garay y Sebastián Ceballos, junto al bronce de Ceferino Labarda, en Buenos Aires; ese mismo torneo Israel Pérez se había quedado con el oro, pero fue descalificado días más tarde por adulterar la edad. Más adelante, Fabián Maidana sumó otra plata en Bakú 2010, mientras que Daniela Herrera se colgó el bronce en La Nucía 2022.

Este presente del pibe Peralta es parte de un proceso rico y aleccionador de cuatro años de crecimiento constante como boxeador juvenil, con escaso apoyo dirigencial y experiencias inéditas que pasaron por el llano y la cumbre. Sobre todo, desde lo económico y emocional. Sus padres, Saul y Claudia, le dieron a hasta lo que no tenían para que viajara de Reconquista a las extensas concentraciones en el Cenard; y él, con tan solo 14 años, tuvo que aprender a convivir con los convencionalismos y las exigencias que requiere la búsqueda de los sueños.

En tiempos donde el boxeo argentino no para de recibir golpes y caer por la desidia de sus dirigentes, sin campeones mundiales ni figuras capaces de dar la talla en el primer nivel mundial, esta consagración de Nicolás Peralta es una grata y esperanzadora noticia.

Por Andrés Vázquez

Source: La Nación · Andrés Vázquez

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