TEL AVIV.- Israel celebra este martes lo que para muchos analistas son las elecciones más importantes de sus 78 años de historia, una votación que puede poner fin a la era de Benjamin Netanyahu y redefinir el rumbo político de un país sacudido por la masacre del 7 de octubre de 2023 y tres años de guerra en Medio Oriente
El primer ministro, el más longevo en el cargo, se juega su futuro político en unos comicios que pondrán a prueba tanto su capacidad para conservar el poder como la posibilidad de que sus adversarios le exijan responsabilidades por el peor fracaso de seguridad en generaciones.
Netanyahu, de 77 años, aspira a un séptimo mandato, pero llega a las urnas desgastado por las consecuencias del ataque de Hamas, las divisiones internas y las acusaciones de corrupción que enfrenta ante la Justicia.
Aunque los sondeos anticipan una caída de su partido, el Likud, la oposición encabezada por el centrista Gadi Eisenkot, , exjefe del Estado Mayor cuyo hijo murió mientras combatía en Gaza, tampoco tiene asegurada una mayoría parlamentaria que le permita desplazarlo.
La elección será, además, la primera oportunidad para que los israelíes expresen en las urnas su veredicto sobre el ataque que dejó unos 1200 muertos y 251 secuestrados, y sobre las guerras que siguieron en Gaza, el Líbano e Irán. El resultado podría definir no solo quién gobernará, sino también qué modelo de país prevalecerá en una sociedad profundamente dividida.
El 7 de octubre se convirtió en una deuda política que todavía no saldó. Netanyahu rechazó asumir la responsabilidad por las fallas que permitieron el ataque y se resistió a los reclamos de una investigación independiente. Para sus adversarios, los comicios ofrecen la oportunidad de exigir cuentas por una tragedia que cambió la percepción de seguridad de los israelíes y quebró la confianza en sus dirigentes.
El sistema parlamentario israelí agrega incertidumbre. El partido más votado no necesariamente consigue gobernar. Después de las elecciones, las distintas fuerzas deberán negociar una coalición capaz de reunir una mayoría. Netanyahu podría apoyarse otra vez en los partidos ultraortodoxos y de la derecha más radical; Eisenkot, en sectores centristas y de centroderecha, además de la izquierda. Los partidos árabes israelíes también podrían resultar decisivos.
Así, incluso una derrota electoral de Netanyahu podría no traducirse de inmediato en su salida. Un Parlamento fragmentado abre la posibilidad de semanas o meses de negociaciones y parálisis política, con el actual primer ministro al frente de un gobierno interino.
Dos modelos
Para algunos analistas, la elección también enfrenta dos visiones sobre qué tipo de Estado debe ser Israel: una democracia liberal de estilo occidental, con instituciones pluralistas, o un país cada vez más definido por la ortodoxia religiosa y el nacionalismo, en el que las elecciones convivan con una mayor concentración del poder.
Eisenkot busca capitalizar el desgaste del primer ministro. Su trayectoria militar, sus raíces en una familia de inmigrantes marroquíes y su imagen de dirigente directo y menos confrontativo le permiten presentarse como una alternativa a Netanyahu. Para una parte del electorado, representa la posibilidad de un cambio sin renunciar a las prioridades de seguridad de Israel.
En los últimos días de campaña, Netanyahu intensificó sus advertencias sobre Irán, al que presenta como una amenaza existencial para Israel y un peligro que solo él tendría la experiencia y la autoridad necesarias para enfrentar.
El domingo publicó en la red social X una imagen de una nube nuclear sobre Tel Aviv, acompañada por un mensaje que evocaba el riesgo de un “segundo Holocausto” si perdía las elecciones. También advirtió sobre una posible interferencia iraní en los comicios, aunque no ofreció públicamente detalles de la información de inteligencia que citó.
La tensión escaló después de que el Canal 12 informara que el jefe del ejército, Eyal Zamir, había reclamado una discusión en profundidad tras recibir instrucciones para una operación que podría derivar en un conflicto con Irán. Según la cadena, el jefe militar también pidió garantías legales y órdenes firmadas por las autoridades políticas antes de cualquier acción. El ministro de Defensa, Israel Katz, negó que existieran divergencias de esa naturaleza y aseguró que no había intención de atacar Irán antes de las elecciones.
La oposición acusó al primer ministro de instrumentalizar la seguridad nacional para mejorar sus chances electorales. Avigdor Lieberman, exministro de Defensa, llegó a reclamar una investigación por traición, mientras que Eisenkot le advirtió a Netanyahu que no antepusiera sus intereses políticos a la seguridad del Estado.
El primer ministro, por su parte, acusa a su rival de poner en riesgo el futuro del país y sostiene que solo su liderazgo puede garantizar la derrota de las amenazas regionales. También intenta presentar a Eisenkot como un dirigente dispuesto a abrir la puerta a un Estado palestino y a una alianza con los partidos árabes israelíes, acusaciones que su adversario rechaza.
Sin garantías de cambio
La campaña refleja un país agotado por la guerra, profundamente dividido y con una creciente inquietud por su futuro. Las familias de los rehenes, que durante años encabezaron las protestas contra el gobierno, siguen entre quienes reclaman responsabilidades por el ataque. Aunque los últimos cautivos fueron liberados en virtud de una tregua negociada por Estados Unidos, el reclamo de rendición de cuentas no perdió fuerza.
“No veo ninguna razón legítima por la que este gobierno se presente de nuevo a las elecciones”, afirmó Ofri Bibas, cuyos jóvenes sobrinos, de cuatro años y nueve meses, fueron asesinados mientras estaban cautivos en Gaza junto con su madre. Su padre, Yarden, hermano de Ofri, fue liberado en una tregua a principios de 2025.
Bibas afirmó que su objetivo ahora es hacer que todos los israelíes recuerden el 7 de octubre, “para que lo lleven consigo hasta el día de las elecciones y recuerden lo que ocurrió aquí y quiénes aún no han asumido su responsabilidad”.
El sábado, miles de israelíes se manifestaron en la Plaza de los Rehenes. Una de las oradoras fue Danielle Alony, que fue secuestrada en Nir Oz junto con su hija de cinco años y liberada de Gaza en una breve tregua semanas más tarde.
“Vayan a votar”, instó a la multitud. “En tres días podemos empezar a escribir un nuevo capítulo para nuestros hijos. Uno en el que la verdad sea más fuerte que el miedo, la responsabilidad más fuerte que la negligencia y la esperanza más fuerte que el dolor”.
Pero el desenlace sigue abierto. Netanyahu conserva una base electoral sólida, una experiencia política excepcional y aliados dispuestos a sostenerlo, mientras sus adversarios todavía deben demostrar que pueden construir una mayoría alternativa.
Agencias AFP y Reuters y diario The New York Times
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Source: La Nación · LA NACION
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