“Antes vos sabías que Grondona sólo favorecía a Arsenal, ahora las balas vienen de cualquier lado”.
La cúpula de la AFA juega con fuego. Corre el límite todas las semanas. ¿Será que tendrá que pasar algo grave con un árbitro en una cancha para que la caída en picada de la credibilidad del sistema encuentre su piso? Nada más sencillo que hacer zoom en los partidos de Primera División para encontrar evidencias. La sospecha de los amaños se transformó en un animal de cuatro patas que mueve la cola y dice “guau”, solo que nadie lo llama por su nombre para no exponerse jurídicamente. Pero es un perro tramposo. La naturalización de lo espurio. ¿Cómo se termina con los arbitrajes desembozadamente parciales, con un formato de campeonato impresentable, con clubes que no cumplen pero no reciben sanciones, con el dinero muy a la baja que reparte la TV? Algunas de esas preguntas recorren despachos, tribunas, vestuarios, cafés. Pero no combinan con el espíritu del eje Tapia-Toviggino, los vértices de un reinado que resiste al clima de época.
El panorama no ofrece hilos sueltos que alguien pueda unir para darle forma a una telaraña de contención que amortigüe a los díscolos. Más bien, lo contrario. El poder de Tapia, lejos de resentirse, crece exponencialmente. Y escarba allí donde pueda filtrarse más agua para su molino. “No podemos hacer nada, tienen todo”, se encoge de hombros ante LA NACION, con voz de indefensión, el presidente de un club que no forma parte del círculo de poder ni tampoco se sienta en la vereda de los dos que levantaron su voz en contra. Y enseguida descubre una razón de peso que favorece el statu quo: “¿Juntarnos con River y Estudiantes? A ellos les interesa achicar el torneo a 20 equipos. Y yo no quiero irme de primera”. Allí reside la seguridad que desprende el paso firme de Tapia en cada reunión de dirigentes, en los que las voces disidentes rara vez se escuchan: sabe que tiene los votos necesarios para soportar cualquier embestida interna, como la que esbozan desde ese dúo formado ad hoc en este tiempo. Por eso, quienes no se abrazan al oficialismo ven allí una barrera infranqueable: mientras River y Estudiantes mantengan en su plataforma la “normalización” del cupo de equipos, no sumarán voluntades suficientes para que la idea de disputarle la centralidad al presidente de la AFA cobre fuerza. De esa grieta se sigue alimentando el exdelantero de Barracas Central.
El jueves, en la reunión que definió que en 2027 volverán a jugar todos contra todos, Tapia usó el reclamo de River de bajar la cantidad de equipos para ridiculizar delante de todos a Ignacio Villarroel, el ponente: “¿Alguien quiere que haya diez descensos?“, preguntó dos veces, a lo que le siguió un silencio obvio y concesivo. Es que ni River pretende eso, sino una disminución gradual, pero el presidente editó a su conveniencia. A la salida, Cristian Malaspina -presidente de Argentinos Juniors- fue el vocero elegido que repitió ante los medios el argumento de Tapia. Justo el titular de un club que acumula ”500 millones de pesos en cheques rechazados", se sorprende otro dirigente que presenció la secuencia.
Mientras la mayoría de las tribunas lo repudia en voz alta, Tapia se mueve con la habilidad del político que juega en varias canchas a la vez. Es un multitasking de sonrisa abierta y aviones privados. En la justicia argentina, la parálisis de las investigaciones en su contra ya no llama la atención de quienes creían que allí se cortaría su carrera. Afronta seis pesquisas por presunto lavado, fraude bancario y financiero, enriquecimiento ilícito, evasión y apropiación indebida de aportes y tributos. Pero pareciera que 2026 terminará sin grandes novedades en su contra, justo el año en el que Juan Bautista Mahiques se entronizó en el Ministerio de Justicia. El vínculo entre Tapia y la pródiga familia judicial que forman los Mahiques tiene un hito indesmentible: el ahora ministro fue designado vicerrector en octubre de 2025 de una naciente Universidad de la AFA que, floja de papeles, al tiempo debió bajar su categoría y ofrecer diplomaturas. Creer que la primavera judicial que disfruta Tapia linkea con esa relación pacientemente cultivada sólo cabe en la cabeza de un mal pensado.
“A este paso, lo único que puede hacerlo caer es la justicia de Estados Unidos”, se resigna otro dirigente, que supo ocupar un lugar central en el fútbol y ahora observa desde afuera. En ese frente tampoco se observan grandes avances, tanto que Tapia fue y vino del Mundial sin problemas: sus detractores se quedaron con las ganas de ver una película protagonizada por el FBI. La fuente no se desanima: cree en esa máxima que reza que los tiempos de la justicia no son los de las personas. Mucho menos los de la prensa.
Si cuando asumió, en 2017, al líder lo aupó la fuerza de los votos del ascenso, hoy sus redes son infinitamente superiores. En el mismo plano, a su causa primero se sumó la clase media del fútbol de primera y con el tiempo hizo match con casi todos los grandes. San Lorenzo cedió ante su interminable crisis, al punto que Tapia toma decisiones por encima de los dirigentes del club. Se sabe, el auxilio financiero nunca es gratis. Racing quiso desmarcarse cuando Milito sucedió al complaciente Víctor Blanco, pero el rumbo errado de la nueva gestión generó una foto un par de semanas atrás que retrata el cambio de clima. Ahí se ve al Príncipe de la Academia sonriendo con el Rey del fútbol. Ya nadie recuerda aquella declaración de guerra de Milito en mayo de 2026, tras una eliminación ante Central: “Nos sentimos robados. El fútbol argentino está roto y no da para más, hay que hacer algo”. Lo nuevo fue: “Gracias, Chiqui, por la visita”.
La presa por cazar se llama Independiente, otro con las cuentas en rojo. Para las elecciones del 13 de diciembre, Tapia aspira a que el sillón del presidente lo ocupe Luciano Nakis, uno de sus laderos más acérrimos. El hijo del histórico Noray es mientras tanto presidente de Deportivo Armenio: la política del fútbol le hace honor a la de las grandes ligas, donde hoy se puede estar en un lugar y mañana en otro. Nakis pasó de ser ridiculizado por aquel video en el que le secaba la nuca a Tapia a usar esa imagen a su favor: “Si con él los árbitros van a dejar de cobrarnos en contra, que venga”, se puede escuchar de boca de muchos socios. ¿Alcanzará ese sentimiento la gradación de mayoría? En cualquier caso, ni el periodista Enrique Sacco ni el indescifrable Gastón Gaudio, los otros candidatos, hacen campaña con carteles contra Tapia…
Boca y River no se tocan
Con Boca, la relación vive un momento de esplendor. Si primero Riquelme se mostró prescindente, abrazado a ese falso discurso que pregona desinterés por “la política”, con el tiempo los lazos se estrecharon hasta que el mejor futbolista de la historia del club aceptó el cargo de vicepresidente de la AFA en octubre de 2024, tras la última reelección de Tapia. Estuvo en reuniones como un presidente más y hasta posó en fotos con el amplio coro de ángeles del jefe. “Si tengo que hablar algo con el presidente, voy y lo hago personalmente, como me enseñaron en mi casa. Lo que hablo queda entre él y yo”, dijo esta semana. El archivo trae un elogio estentóreo: “Él y Grondona, sin ninguna duda, son los dirigentes más grandes del fútbol argentino. Hicieron feliz a un pueblo que tanto lo necesita”, lo alabó otra vez, en referencia al Mundial de Qatar.
Para Tapia, la complicidad con Boca es táctica, más que afectiva. Se sabe que el presidente siempre fue hincha del club y que iba a la Bombonera como tal, pero a esta altura es un dato colorido y menor. Para él, Riquelme es un escudo anti Macri. La defensa necesaria de un espacio superpoderoso. La distancia entre Tapia y Macri es análoga a la que exhiben Riquelme y Macri, y un cambio de signo político en el club podría dar pie a una pesadilla para la AFA. Lo peor sería que Boca y River juntos la dinamiten, el sueño perdido de Rodolfo D’Onofrio en sus años de gloria. “Si se juntan son invencibles, por eso a Tapia le conviene el éxito de Riquelme”, razona el mismo observador citado antes.
Ni en esos años de la puja entre D’Onofrio y Angelici los dos clubes más pesados del fútbol argentino estuvieron tan separados como hoy. “Llevamos más de 10 años de guardia alta”, esbozó Stefano Di Carlo el jueves, una referencia que marida con otra expresión suya de unos meses atrás, cuando deseó que la AFA encontrara “un límite en términos de vergüenza”. Entre las conducciones de los dos clubes no hay diálogo. La foto previa al superclásico de mayo, con los dos presidentes posando en Ezeiza junto a Tapia, no se repitió esta semana ni siquiera con los capitanes. El partido del domingo posará todas las miradas en el arbitraje de Nicolás Ramírez y en el accionar del VAR. River levantó la guardia, Boca guarda silencio.
Será difícil que desde esa cabina en Ezeiza operen a la altura de lo que hicieron un par de semanas atrás. Fue burda la manera en que la “tecnología” intervino para anularle a Sarmiento de Junín un gol contra Barracas Central en los últimos minutos del partido. Ese tanto hubiera acercado a los locales a su primera clasificación desde que existen los playoffs; pero, sobre todo, hubiera complicado más las posibilidades del club cuyo remodelado estadio se llama Claudio Tapia. Para justificar un inexistente offside del delantero de Sarmiento, Jorge Baliño (encargado del VAR en Ezeiza esa noche) trazó una línea punteada que atravesaba la pierna del defensor que habilitaba la jugada. Como si el tendón y el pie no existieran. Una imagen surreal. El escándalo quedó reducido a las quejas de los damnificados. Nadie se solidarizó con el modesto club de Junín ni, mucho menos, condenó la decisión del VAR: Tapia escucha todo.
Este viernes, los hinchas de Sarmiento tuvieron un revival: el siempre solícito Andrés Merlos fue llamado por José Carreras desde el VAR para sugerirle que cambiara la amonestación a Santiago Salle -jugador local- por una expulsión. El árbitro mostró la roja, Sarmiento se quedó con nueve jugadores y ya no pudo aguantar los ataques de Rosario Central, que anotó el gol del triunfo que necesitaba para colocarse líder de la Tabla anual en uno de los ocho minutos agregados por Merlos. La mayoría de las críticas hicieron foco en la comprobada cercanía entre Tapia y Toviggino con el club rosarino. No menos cierto es que el resultado benefició a Barracas Central.
El futuro tiene todos los colores posibles
Político al fin, el también presidente de la CEAMSE atiende el juego partidario. Muy afín al gobernador Kicillof, cada tanto algún rumor le pone su apellido a alguna candidatura peronista en la esfera bonaerense para las elecciones legislativas de 2027. Él no asiente ni niega, deja correr. Una consultora de primera línea observa cómo las curvas de su imagen negativa y positiva se cruzaron en el camino desde la apoteosis de Qatar hasta hoy. Ahora, la calificación “mala o muy mala” llega al 51% (era del 33% en diciembre de 2022), mientras que ve a Tapia “bien o muy bien” el 30% (era el 40% cuando la selección se consagró campeona del mundo).
Ahora bien, su nivel de conocimiento es muy alto, un activo que provocaría la envidia de muchos aspirantes a presidente de la Nación que caminan las calles sin ser reconocidos por nadie: apenas el 18% de los sondeados no sabe quién es Claudio Fabián Tapia. “Está presente en la conversación, no como político, pero si quisiera meterse ahí partiría de un nivel de conocimiento muy bueno. Y eso en política tiene valor”, apunta Diego Corbalán, director de Monitor Digital, otra consultora que trabaja sobre las menciones en el mundo virtual.
Tal vez, este hombre que venció a todos los que sucesivamente quisieron bajarlo piensa como pensaba Salvador Dalí: “Que hablen bien o mal, lo importante es que hablen de mí, aunque confieso que me gusta que hablen mal porque eso significa que las cosas me van muy bien. De los mediocres no habla nadie, y cuando hablan sólo dicen maravillas.”
Por Andrés ElicecheSource: La Nación · Andrés Eliceche
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