“Sin los artistas no habría premio, no existiría arteba y no habría colección”, dijo hoy Juan Vergez en La Rural al ser reconocido junto a su esposa, Patricia Pearson, con el Premio al Coleccionismo otorgado por la fundación sin fines de lucro que organiza la feria desde hace 35 años. Él mismo integró su Consejo de Administración e impulsó la sección U-Turn, dedicada al arte internacional.
“Nuestra feria creció gracias a quienes, como Pat y Juan, creen en el arte como motor cultural. Su recorrido, junto con el de Patricia, nos recuerda que el coleccionismo, cuando se ejerce con pasión y con generosidad, fortalece a toda la escena”, dijo Larisa Andreani, presidenta de arteba, antes de otorgar una pieza diseñada por Cristián Mohaded a esta pareja que exhibe su acervo internacional en Buenos Aires y Madrid, donde se radicó hace ocho años.
“Cuando empezamos no sabíamos nada de arte”, aseguraron días atrás a LA NACION, al recordar que comenzaron a coleccionar en 1985, para decorar su casa de recién casados. Su gran mentora fue Ruth Benzacar, quien les presentó a su vez a su colega brasileño Marcantonio Vilaça.
La colección que crearon, destacó Andreani, se distingue por “su compromiso con la escena joven. No sólo compraron obras: las encargaron. Apostaron por artistas en sus comienzos y les dieron la posibilidad de producir proyectos que, de otro modo, quizás no habrían existido. Ese acompañamiento es tal vez la forma más generosa del coleccionismo, porque no se limita a lo que ya existe, sino que provoca que lo nuevo suceda”.
Eligen, según explicaron: sin preconceptos. Sólo guiados por la “vibración” que les transmiten las obras, como si escucharan música. Muchas de sus cientos de piezas están alojadas en el Espacio Tacuarí, en una antigua fábrica de San Telmo, donde recibieron esta semana a coleccionistas europeos que viajaron para visitar arteba.
En estos días, toda la primera sala está dedicada allí a Alfredo Prior, artista argentino fallecido hace dos años. También se exhiben allí obras creadas por Patricia Pearson Vergez: la videoinstalación titulada Ego, realizada junto a Gian Paolo Minelli, y la serie de fotografías tituladas The Time of Love (2007), dedicada a parejas que fallecen con muy poco tiempo de diferencia. Como se suele decir, mueren de amor.
“Esa obra me llevó tres años –dijo Patricia a LA NACION-. Cada vez que viajábamos con Juan, lo primero que hacía era ir al cementerio. Juan se quedaba sentado en la entrada y yo buscaba el amor en las tumbas de Irlanda, Suiza, Escocia, Inglaterra. En Buenos Aires fue más difícil, porque tanto en Recoleta como en Chacarita está todo más guardado”.
Este reconocimiento llegó dos días después que se realizara allí mismo un homenaje a Julio Le Parc, otro referente de la escena local que, según Andreani, “llevó el nombre de la Argentina a la escena internacional sin perder nunca su vínculo con su tierra”. Nacido en Mendoza en 1928, se radicó tres décadas después en Francia, donde falleció en mayo último.
“Julio transformó la manera de entender el arte –recordó la presidenta de arteba-. Pionero del arte cinético y fundador del Grupo de Investigación en Artes Visuales, hizo de la luz, el movimiento y la participación del público la materia misma de su obra. En 1966 recibió el Gran Premio de Pintura de la Bienal de Venecia, y desde entonces su trabajo no dejó de interpelarnos: nos invita a mirar de otra manera, a jugar, a ser parte activa de la experiencia. Su obra es también una posición frente al mundo. Le Parc siempre creyó en un arte abierto, sin jerarquías, que no se contempla desde la distancia sino que se vive. Esa convicción sigue tan vigente como hace sesenta años, y dialoga con nuevas generaciones de artistas y de públicos”.
Esas nuevas generaciones fueron reconocidas ayer con el Premio En Obra, que logró este año una cantidad récord de aportantes: medio centenar. “Apoyó incluso gente a la que no le pedimos”, dijo el coleccionista Abel Guaglianone. junto a Joaquín Rodríguez, tomaron en 2014 la posta de Juan Cambiaso en el impulso de este premio, creado hace casi dos décadas y dedicado a los proyectos más jóvenes. Los ganadores de esta edición, que repartió más de 21.000 dólares, fueron los artistas Kevin Montenegro (Pólvora) y Toni Morales (BAC), y las galerías Dicha, La Mesa y Satélite.
También en la sección Utopia y por primera vez en arteba, se entregó además el Premio Jazmín Chebar, de tres millones de pesos, para “impulsar a creadores emergentes y plataformas experimentales que desafían las normas establecidas”.
“La obra de Daiana Rose encarna a la perfección esta búsqueda –explicó el artista y curador Carlos Herrera, en referencia a la ganadora-: un trabajo donde el humor, la picardía, la fantasía y los colores vibrantes se combinan para crear una experiencia visual transformadora que opera en la intersección entre el objeto cotidiano, la moda y la escultura. Este reconocimiento no es solo un apoyo económico para continuar produciendo, sino una celebración de la audacia creativa y de la libertad sin concesiones. En esta serie, la artista nos confronta con la idea de la máscara no como un engaño u ocultamiento, sino como una herramienta de emancipación y juego: la posibilidad de desplegar infinitas versiones de una misma”.
Como si esto fuera poco, por tercer año consecutivo, Remax Collection reconoció a dos galerías por su propuesta curatorial. Calvaresi resultó la ganadora en la Sección Principal, y Moria, en la sección Stage. Además de recibir $7.500.000 y $5.000.000, respectivamente, se les entregó una estatuilla creada especialmente por Daniel Basso. Tal vez para recordar que, como diría Vergez, sin los artistas no existiría todo lo demás.
Para agendar:
Mañana, último día de arteba en La Rural (Av. Sarmiento 2704), de 14 a 21. Entradas disponibles en arteba.org.
Por Celina ChatrucSource: La Nación · Celina Chatruc
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