Al fin un Papa llegó a la Argentina, después de 39 años, en medio del fervor de sus fieles y de la enorme expectativa de la mayoría de los argentinos por sus palabras y gestos, como se vio ayer en las calles porteñas.
Desde el primer minuto, León XIV dejó en claro que la suya será una visita de tono pacificador y pastoral, pero sin concesiones, no solo en lo espiritual, sino también en lo terrenal. Para todos. Con anclajes muy actuales y locales, además de las esperables referencias atemporales, universales y religiosas
Sus primeras palabras públicas, dichas frente al Presidente, su gabinete, legisladores y gobernadores, mostraron los obvios (aunque escasos) puntos de convergencia de la doctrina de la Iglesia y la prédica papal con los postulados libertarios del presidente Javier Milei, así como dejaron expuestas abundantes e inocultables disonancias y matices diferenciales, para los que tuvo varios llamados de atención muy concretos.
No rehuyó asuntos incómodos o divergentes con el Gobierno, sino que los iluminó con precisión y en detalle. Sin estridencias, pero con elocuencia. Como los referidos a derechos humanos fundamentales, cuestiones socio-económicas y al trato (tolerante y respetuoso) hacia los otros, al igual que respecto de los límites en el ejercicio del poder o la situación de los más desfavorecidos y vulnerables.
Ya en el segundo párrafo de su alocución en el Palacio Libertad expuso uno de los ejes de su visita, al señalar que “ante quienes ejercen responsabilidades públicas, desea ofrecer una palabra inspirada en el Evangelio y orientada a custodiar la dignidad de cada persona, la concordia y el bien común”.
Para no dejar dudas, abundó: “La democracia se fortalece también en la manera cotidiana de actuar en la vida pública: en la disposición a escuchar, en el cuidado de la palabra, en la búsqueda paciente de acuerdos y en la capacidad de reconocer en quien piensa de manera distinta a un compatriota con quien se comparte un mismo destino”. Quien quiera oír que oiga, dice el Evangelio.
En esa misma línea destacó, sin eufemismos, que “la economía debe estar al servicio de la persona, y no la persona al servicio de la economía”, luego de hacer referencia a la situación de los jubilados, los que buscan trabajo y los que carecen de asistencia social. Inclusive se sumergió en una cuestión de absoluta actualidad y motivo de conflicto, como es el financiamiento de la educación en todos sus niveles. No hablaba en abstracto.
“Crear las condiciones para que puedan proyectar libremente su vida en Argentina exige robustecer de manera particular la educación, la formación profesional, la universidad y la investigación”. Palabras dulces para docentes, investigadores y alumnos de la educación pública, que desde ya dos años se manifiestan en reclamos de más fondos.
Sin despertar las pasiones ni agitar las polémicas que acá generaba Jorge Bergoglio, el primer argentino en acceder al trono de jefe de la Iglesia, sobre todo en la dirigencia política, pero también en la sociedad argentina, Robert Prevost reafirmó ayer, además, que con sus propias formas, estilo y matices sigue caminando sobre la huella que abrió su predecesor Francisco, sobre todo en lo que refiere al compromiso con la justicia social y la defensa y cuidado de los más vulnerables. Lo recordó y lo explicitó en ese primer discurso.
Prevost puede hacerlo con la libertad de moverse sin esa mochila de conflictos e intentos de utilización argentinos que le dieron a Bergoglio argumentos (o excusas) para no volver a su país en los 12 años en los que ejercicio el papado. Aunque le toca ejercerlo en un clima de crispación política y de polarización equivalente al de años nada lejanos, que es exacerbado a diario desde lo más alto del poder político nacional.
Un león herbívoro
La recepción que le dio Milei a León XIV, en su carácter de jefe de Estado, mostró su cara más amable y receptiva, más allá de la formalidad protocolar del acto. Un reconocimiento a la influencia de quien es el líder de la religión (todavía) predominante entre los argentinos, cuya prédica y definiciones impactan mucho más allá de las fronteras de su feligresía. Y, en muchos aspectos, entran en colisión con los postulados libertarios. Prevost le devolvió los saludos iniciales así como la posterior despedida de la Casa Rosada con la sonrisa austera, casi protocolar, que suele exhibir.
La actitud de Milei, más propia de un león herbívoro que de la fiera de los actos libertarios, significó todo un contraste con las conductas y expresiones intolerantes que adopta habitualmente el Presidente con quienes cuestionan asuntos nodales de su credo ideológico y algunas de sus políticas, incluidos jefes de Estado. No es un hecho menor que Milei tenga en su base electoral más fiel un importante número de católicos y que se esté a las puertas de un proceso en el que buscará a su reelección, en momentos en que son más los que cuestionan al Gobierno que los que lo apoyan.
Así, el breve discurso del Presidente en el Palacio Libertad buscó no solo reforzar las (pocas) coincidencias fundamentales con lo que expresa el Papa y sostiene la Iglesia. También procuró disimular las diferencias al punto de contradecir muchas de sus conductas y expresiones usuales.
Lo hizo tanto con el tono y el léxico utilizado, como con el contenido de predominante carácter espiritual y moral. Sin ninguno de sus frecuentes exabruptos, sin condenas furiosas a sus contradictores, sin reafimaciones excluyentes de sus creencias o de su ideología, ni rectificaciones de verdades políticas únicas. Apenas si apeló a la ratificación de principios constitucionales, como la defensa de la vida y la libertad.
No obstante, se esforzó por encontrar (y forzar) concordancias de sus políticas prácticas con las enseñanzas de la doctrina católica y los preceptos bíblicos. En tal sentido, también reivindicó la pluralidad de la dirigencia política presente, entre la que se destacó la del gobernador bonaerense Axel Kicillof, un hecho absolutamente inusual. Así, aprovechó para sobreactuar una aparente convivencia armónica entre los actores políticos y en su propio espacio.
De todas maneras, aún en las iniciales actividades formales se colaron evidencias y manifestaciones de las particularidades y discordias que existen hasta en el seno del oficialismo, empezando por la ausencia de la vicepresidenta Victoria Villarruel en la recepción en la Casa Rosada, así como el orden en el que fueron dispuestos los ministros y colaboradores presidenciales.
Así fue que primera en la fila estaba la secretaria general de la Presidencia, la hermanísima Karina, antes que el ministro de Relaciones Exteriores, como es de forma, o que también estuviera allí en un lugar preeminente el asesor sin cargo en el Estado Santiago Caputo.
Batalla por el relato
En la batalla por el relato, el sistema de comunicación y propaganda del Gobierno, de todas maneras, no solo forzará interpretaciones para minimizar los muchos aspectos críticos de las expresiones de León XIV, sino que también subrayará los obvios puntos de convergencia de la doctrina católica con sus ideas. En ese plano, se destaca la defensa de la existencia de vida humana desde la concepción, que implica el rechazo a la interrupción voluntaria del embarazo, parte relevante de la batalla cultural, que él lleva adelante.
De todas maneras, no será sencillo quitarle carácter local a las observaciones críticas papales, referidas a cuestiones de rigurosa actualidad y, en varios casos, producto de políticas públicas del actual gobierno. A pesar de que fueron expresadas con extrema prudencia y palabras muy cuidadas a las que se les limó cualquier aspereza, pero que en nada difieren en el fondo con cuestionamientos que han hecho obispos argentinos, que incomodaron e incomodan a la administración libertaria.
La pregunta es de qué manera calarán en quienes escuchen la prédica papal que impregnará la esfera pública en estos días entre los heterogéneos fieles que la siguen o entre los ciudadanos abiertos a prestar sus oídos aún cuando no practiquen ni comulguen con esa fe, pero que ven en León XIV una autoridad moral.
También es una incógnita cuánto llegarán a penetrar en el universo de más de la mitad de los argentinos que dicen carecer de interés en la vista papal, según reveló un estudio del Observatorio de las Creencias en Argentina, de la UBA, que dirige el sociólogo Marcos Carbonelli.
Pero más relevante es la pregunta acerca de qué quedará en la sociedad, qué efectos tendrá en cuando pasen estos cuatro días dominados por la voz de León XIV y si provocarán algún cambio en los comportamientos del oficialismo y las políticas públicas.
Buena parte de los expertos en opinión pública, como el sociólogo Eduardo Fidanza, sostiene que serán nulas o muy relativas las consecuencias político-electorales de la prédica papal, aún cuando en buena medida vengan amplificar y dotar de soporte moral a demandas de soluciones que el Gobierno no ha logrado satisfacer.
Sin embargo, la exposición recurrente a esa perspectiva y la inusual congregación masiva de ciudadanos en una era de profunda individuación y de escasos acontecimientos convocantes de manera transversal sostiene los interrogantes y los motivos de preocupación del mileísmo.
El primer día de la visita papal despejó algunas incógnitas o, mejor dicho, confirmó las previsiones sobre el carácter, el tono y la orientación de la visita. León XIV reafirmó que se trata de un pacificador, pero que no hace concesiones, ni habla en abstracto. Y todavía queda mucho por escuchar y mirar.
Por Claudio JacquelinSource: La Nación · Claudio Jacquelin
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