La noche de los festejos largos. Otra más para Newman, que de a poco va adquiriendo la sana costumbre de salir campeón. El club, que un año atrás celebraba su cincuentenario de vida y no conseguía salir de perdedor, doce meses después atraviesa el mejor ciclo deportivo de su historia. Al iniciarse noviembre de 2025, en San Isidro, vencía por 15-3 al SIC, y cortaba la racha de infortunios con la obtención del Top 12. Quince días más tarde, en Benavídez, se consagraba a nivel nacional, luego de derrotar 38-15 a Marista de Mendoza. Y hace algunas horas, nuevamente en la Catedral, superaba 33-32 a Hindú y se abrazaba al bicampeonato de la URBA, arrastrando un invicto de 25 partidos, con 22 triunfos seguidos, récord en el club. Pero esto no termina aquí, porque dentro de dos semanas, visitará a El Tala, en Córdoba, por una nueva corona nacional.
Son tiempos de recoger los frutos, luego de varios años de siembra. “Ahora se ven los resultados de un largo proceso”, señaló Gonzalo Gutiérrez Taboada, goleador del equipo, con 309 puntos (4 tries, 39 penales y 86 conversiones) y emblema del Bordó, con veinte temporadas en Primera.
“Es la consecuencia de años de luchar, de estar, de no bajar los brazos cuando por poco se nos escapaba el título”, admitió Juan Bautista Daireaux, el fullback que dejó el rugby tres años y volvió, en medio de la temporada pasada, para ser campeón. “No sé si estamos marcando una época, pero sí intentamos todos que, al ponernos esta camiseta, la vara quede cada vez más alta”, destacó el pilar Bautista Bosch, uno de los nuevos coronados de gloria, junto con Manuel Lozano, Simón Prince, Justo Ortiz Basualdo y Bautista Bonasso.
“Este año progresamos mucho desde el juego, quisimos levantar la vara y fuimos creciendo en confianza. Estamos cosechando el trabajo invisible de tanto tiempo, esto es lo que generamos e intentamos construir”, redondeó el capitán Alejandro Urtubey. El segunda línea arrancó más tarde a jugar por una lesión, entonces asumió como capitán, el designado en segundo término: Rodrigo Díaz de Vivar, quien no aceptó la propuesta de sumarse a Pampas, la franquicia porteña del Súper Rugby Américas, prefiriendo enfocarse en su club.
Y cuando el trabajo y el esfuerzo de toda una temporada recibe la justa recompensa, bien vale la pena tomarse una noche, el amanecer y parte de la mañana siguiente, para celebrar. Esa licencia se tomó Newman. Fue, jugó, sufrió y ganó por la tarde en San Isidro y, con la luna ya instalada bien arriba, rumbeó para Benavídez a soltar las riendas de la felicidad. Cumplidas las 22.30 y luciendo una remera con la inscripción: Bicampeón”, el plantel ingresó al club sobre el techo de un autobomba de los Bomberos Voluntarios de Benavídez, tal cual sucedió en 2025. Y lo recibió una auténtica marea bordó desparramada por la cancha 1. Mientras tanto, el cielo se iluminaba con fuegos artificiales y bengalas. “El bicampeón, el bicampeón…”, brotaba espontáneo de cientos de gargantas orgullosas.
Con los héroes en casa, ya podía dar comienzo la celebración. Para ello se montó un escenario gigante dentro del principal campo de juego. Una pista de baile ideal para disfrutar la música de varias bandas: la de los Hermanos Cavoti, un set a cargo de Maxi Trusso y distintos DJs, dispuestos a animar la fiesta hasta la madrugada. Previamente, en el quincho hubo mucho baile y canto. A puro rock nacional, con los hits de Los Redondos, Los Piojos y la Vela Puerca. “Increíble. ¿La cantidad de gente? Imposible calcularla. Había tres canchas de rugby repletas de autos estacionados. Y no sabés… Algunos jugadores, literalmente, volaban de la autobomba y los atajaban los hinchas abajo”, le comentó a LA NACIÓN un fanático presente en el lugar.
Todo el club se reunió en torno al éxito deportivo. El expresidente Mauricio Macri, exalumno del Cardenal Newman, vio el partido ante Hindú en el CASI y también pasó por la fiesta. Alfonso Prat-Gay, ministro de economía entre diciembre de 2015 y diciembre de 2016, del gobierno del Pro, se sumó vestido completamente de bordó. Incluso, el medio-scrum, Lucas Marguery, capitán de la campaña anterior, recibió una visita especial e inesperada: su mejor amigo, Agustín “Aguja” Ferrero, ex jugador del club, viajó desde España, donde está radicado hace algún tiempo.
Ex emblemáticos entrenadores también dieron el presente en este momento de alegría infinita: Héctor Piccaluga (padre de Santiago y Nicolás), Nicolás Elizalde, Ramiro Varela (hijo de Florencio, ex figura del CASI en la década del sesenta y entrenador de Newman en la del setenta), Manuel Contepomi, Gastón Garat, Alfredo Cordone, Marcelo, Felipe y Joaquín Torres… Pero la celebración no sólo alcanzó a los de Newman. Como suele suceder, gente de otros clubes se acercaron a saludar y felicitar al mejor del año. Hindú, SIC y Alumni, tuvieron representantes en el festejo del Cardenal.
Pero en la fiesta hubo incidentes. En el portón de ingreso al club, sobre la Avenida Juan D. Perón, donde la gente desbordó los controles y se produjeron avalanchas. Hubo momentos de tensión, con gente en el piso. Todo se tranquilizó poco a poco. Y, según supo LA NACION, el club se comunicó con los padres de varios de los chicos involucrados.
Ciclo virtuoso
La serie de 24 partidos sin conocer la derrota, que puede extenderse cuando se reanude la actividad en 2026, igualó la tercera mejor marca de la historia de los torneos de la URBA. Una marca lograda por el Atlético de San Isidro, entre 2012 y 2013. El récord permanece en poder del SIC, que en las temporadas 2001, 2002 y 2003 llegó a los 33 partidos sin caídas. Mientras que el segundo mejor registro, es de 32 partidos y lo conserva el CASI, debido a la seguidilla positiva correspondiente a los años 1980, 1981 y 1982.
El ciclo 2025-2026 de Newman es virtuoso por donde se lo mire. El de 2025 fue muy bueno y el de 2026, mejor aún. En año pasado compitieron doce equipos, en lugar de los catorce del que recién concluyó. El Bordó, sumando 71 puntos, finalizo tercero en la tabla de posiciones. Lideró el Atlético de San Isidro, con 80 unidades, y lo escoltó, Belgrano, con 76. En total, disputó 24 partidos (22 de la etapa clasificatoria, una semifinal, contra Belgrano, y la final, ante el SIC), ganó 18 y perdió 6.
En cambio, a lo largo de este ejercicio, que acaba de cerrarse, el equipo de Santiago Piccaluga, Marcos Ayerza y Patricio O’Connor, protagonizó 28 partidos, se impuso en 26, lo superaron una vez (el SIC, 37-10, en la tercera fecha) e igualó el restante (21-21, con CUBA, en la última jornada). ¿El tryman? Beltrán Salese. Esta temporada, el hooker, tomó el lugar que dejó vacante Marcelo Brandi, referente del plantel, al decidir colgar los botines. Salese anotó 21 tries y Brandi, siguió junto a Newman, pero como integrante de la seguidora y bulliciosa Barra del Timbal.
Pasaron varias horas y bajó un poco la efervescencia del bicampeonato. Pero el año aún no terminó. Newman tiene otro objetivo en el corto plazo: la final del Nacional de Clubes, en Córdoba, frente a El Tala. Ya pensará en ese duelo. Mientras tanto, repasa las vivencias de otra noche mágica. La del autobomba, la de las bandas, la del rock nacional, la de los amigos y familiares… La noche de los festejos largos.
Por Juan de Dios Vera OcampoSource: La Nación · Juan de Dios Vera Ocampo
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