WASHINGTON.- Desde la madrugada de este mismo miércoles, Donald Trump ya no es el mismo. La paliza que recibió su Partido Republicano en las urnas, con una marea de votos a los candidatos demócratas, dejaron al presidente herido políticamente, bajo una fuerte presión interna y con un margen de maniobra disminuido ante un Congreso adverso, justo en el momento en que se adentra a los que serán sus últimos dos años al frente de la primera potencia global.
“No quiero estar simplemente sentado allí [en el Salón Oval] durante dos años vetando todo”, le dijo Trump a Politico, en un reconocimiento explícito de lo que será un tortuoso segundo tramo de mandato, en convivencia con un Partido Demócrata fortalecido y decidido a desafiarlo.
Pero, ¿cuáles fueron las claves de esta derrota estrepitosa que seguramente iniciará el ocaso de la era Trump?
El mariscal de la derrota
Mientras en las últimas semanas de la campaña el presidente les pidió una y otra vez a miles de sus simpatizantes en mítines por todo el país que fingieran que su nombre aparecía en las boletas electorales, convencido de que eso impulsaría a los candidatos republicanos, súbitamente Trump buscó anoche distanciarse de la derrota.
En diálogos con varios medios y sus redes sociales, insistió en que él “no aparecía en la boleta electoral” y que de haber sido así, su partido “hubiera ganado por una victoria aplastante”. No faltaron quienes se animaron a señalar que en ese hipotético caso la noche hubiera sido aún peor para los republicanos.
Millones de electores usaron estos comicios de medio término como un claro voto castigo a la gestión del presidente en su segundo mandato, marcada por la inflación, el alto costo de vida, el aumento de los precios de los combustibles, el impopular conflicto con Irán, una dura estrategia antimigratoria y la guerra comercial. Pese a su intento de despegarse, Trump quedó como el mariscal de la derrota republicana.
La “marea azul” que se hizo realidad
Con el correr del recuenta en la noche del martes, los demócratas fueron corroborando cómo la “marea azul” con la que se habían ilusionado se hacía realidad, al arrebatarles a los republicanos siete escaños en el Senado y más de dos docenas en la Cámara de Representantes (aún se esperan las cifras definitivas), además de aumentar el número de gobernadores en las 36 disputas en juego.
Los flashes de la noche centraban en la pulseada por el Senado, y los demócratas tuvieron un desempeño por encima de las expectativas. Dieron vuelta las bancas en Maine, Iowa, Kansas, Ohio, Carolina del Norte, Carolina del Sur y Texas para alcanzar 54 asientos en la cámara alta. Fue un viraje político sorprendente.
Algunos éxitos fueron particularmente llamativos. En Texas, un bastión republicano que no había elegido a un demócrata para el Senado desde 1988, el legislador estatal James Talarico aventajó por 12 puntos al fiscal general republicano Ken Paxton.
Además, la demócrata Gina Hinojosa dio allí otra sorpresa para convertirse en la primera mujer hispana en ser gobernadora. La legisladora estatal venció a Greg Abbott, fiel aliado del trumpismo, al frente del estado desde 2015.
Y en Kansas, otro bastión republicano, el demócrata Adam Hamilton se impuso por cinco puntos sobre el senador republicano Roger Marshall. Ese estado estaba bajo dominio rojo en esa cámara desde 1932.
Trump, un “pato rengo”
Los triunfos de los candidatos demócratas no solo le devolvieron el control del Senado y de la Cámara de Representantes, sino que le arrebataron una parte central del poder de Trump para llevar adelante su agenda y bloquear cualquier intento opositor por hacerle frente. Al presidente, es cierto, aún le queda el poder de veto.
A partir del 3 de enero, cuando se confirme el nuevo Congreso, los demócratas contarán con margen para ampliar la supervisión del gobierno del magnate, citar funcionarios de su administración, investigar medidas de su gestión, y, potencialmente, iniciar procesos de impeachment contra el mandatario (aunque no tengan los votos suficientes en el Senado para aprobarlos).
Los resultados convirtieron a Trump en lo que en la política norteamericana se conoce como “pato rengo”, un presidente en la recta final de su mandato con su poder político disminuido.
Dos sectores que le dieron la espalda al presidente
Muchos son los factores que explican el fuerte retroceso del partido del presidente, aunque la amplia Encuesta de Votantes de la agencia AP, hecha entre 80.000 personas en los 50 estados del país reveló un cambio sustancial en los jóvenes y los hispanos, que se alejaron de los republicanos en comparación con la victoria de Trump hace apenas dos años.
En 2024, los votantes menores de 30 años estuvieron divididos casi por igual entre Trump y la entonces vicepresidenta y candidata Kamala Harris. Pero en esta elección, cerca de siete de cada diez votantes de ese mismo grupo de edad a nivel nacional apoyaron al candidato demócrata a la cámara en su zona, según el sondeo.
Algo parecido pasó con los latinos. Apenas alrededor de un tercio de los votantes de ese grupo dijeron haber respaldado al republicano en su contienda local para la Cámara de Representantes, mientras que aproximadamente cuatro de cada 10 habían votado por Trump hace dos años.
Y seis de cada diez votantes hispanos a nivel nacional votaron por el candidato demócrata en su contienda local para el Senado. Los números se condicen con el rechazo a la gestión de Trump, con el 70% de los latinos que afirmaron que en su gestión empeoraron las condiciones económicas en Estados Unidos.
La economía, pilar del descontento
Trump, que había calificado estos comicios de medio término como los “más importantes de nuestras vidas”, llegó al martes con índices de desaprobación en niveles récord (más del 60%) y tras una campaña que se planteó como un referéndum sobre su gestión.
Ese desgaste se vio reflejado en el mismo día de la elección. Un sondeo elaborado por AP entre miles de votantes evidenció un fuerte descontento con la situación del país y pesimismo respecto al futuro de Estados Unidos, tal como mostraban las encuestas preelectorales.
Cerca de tres cuartas partes de los encuestados dijeron sentir “enojo” o “insatisfacción” con el rumbo del país, mientras que seis de cada diez desaprobaron el desempeño del mandatario republicano.
Además, el 60% consideró que los precios, por encima de los niveles habituales, se deben principalmente a las políticas de Trump y no a factores ajenos a su control.
La economía -con la inflación y los aumentos de los combustibles como talones de Aquiles de Trump en los últimos meses- fue señalada como el principal problema del país por cuatro de cada diez votantes.
La guerra contra Irán, otro de los ejes
Aún con el golpe fresco de la estrepitosa derrota en las urnas, Trump reconoció la noche del martes que una parte de la derrota del Partido Republicano en las elecciones de mitad de mandato se debió a la guerra de Irán que él impulsó, en un operativo conjunto con Israel el 28 de febrero pasado.
“Creo que una parte de esto fue Irán. Pero, al mismo tiempo, la gente entendió la importancia de lo que he hecho con Irán. Creo que, históricamente, será mucho más importante que esta noche, porque no puedes permitir que el Estado principal patrocinador del terrorismo tenga un arma nuclear. Sabes que es el país más peligroso del mundo, y prácticamente los aniquilamos”, dijo en una entrevista con Fox News.
Las encuestas más recientes reflejaban que la guerra entre Estados Unidos e Irán es profundamente impopular entre los estadounidenses, con niveles de rechazo de hasta dos tercios de la población.
Este miércoles, el régimen iraní celebró la derrota de los republicanos y de Trump en las elecciones, un resultado que consideró un “no a la guerra” mientras crecen los temores a una nueva confrontación bélica.
El futuro republicano
El movimiento telúrico que generaron estos comicios en la escena política de Estados Unidos sumergirán al Partido Republicano en una profunda revisión sobre su futuro, con un líder debilitado, pases de factura internos y una cruda batalla para delinear a los precandidatos presidenciales de 2028.
“Honestamente, hay un solo culpable”, dijo Barrett Marson, estratega republicano de Arizona, a la cadena CNN. “Si no hubiera ocurrido la guerra, sería un ciclo electoral completamente distinto. Y una sola persona empezó esa guerra”, añadió, en alusión a Trump.
Es probable que esa discordia se profundice el año próximo, una vez conformado el nuevo Congreso, con más republicanos tomando distancia de Trump -un movimiento que había empezado en la campaña-. Incluso podría haber una reconfiguración del movimiento conservador Make America Great Again (MAGA) del presidente.
El vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado, Marco Rubio, son los nombres que marchan a la cabeza de las preferencias para dar la batalla republicana por la sucesión de Trump, pero ante un escenario tan cuesta arriba para el oficialismo, ahora todo podría cambiar.
“Esto es mucho peor de lo que nadie habría esperado. Ruptura del Partido Republicano tal como lo conocemos actualmente. La Cámara de Representantes perdida hasta por lo menos 2030; el Senado, hasta 2032. Vance despidiéndose de 2028”, evaluó, con tono sombrío, un exfuncionario de Trump citado por la CNN.
El futuro demócrata
No todo lo que brilla es oro. Si bien los demócratas recuperaron el control del Senado y de la Cámara de Representantes, con éxitos rimbombantes en bastiones republicanos, el partido entrará ahora en una nueva fase que incluye la definición de su futuro rumbo para dar la batalla presidencial en 2028.
Tras consolidar una contundente “ola azul”, las dos principales facciones del partido —el ala progresista y el establishment centrista— buscarán consolidar su posicionamiento estratégico, lo que podría desatar una tensa convivencia.
La corriente progresista celebro triunfos históricos en estados considerados disputados o rojos. Un claro ejemplo es la victoria en Michhigan de Abdul El-Sayed, quien se convirtió en el primer senador musulmán de la historia del país tras basar su campaña en propuestas como la sanidad universal (Medicare for All) y el rechazo a la financiación de corporaciones.
A él se sumaron el triunfo en Texas de Talarico, el seminarista progresista que conquistó a un estado conservador que parecía una misión imposible, y del senador de Georgia Jon Ossoff, reelecto para un segundo mandato.
Su éxito sobre el representante republicano Mike Collins catapultó al miembro más joven del Senado a la vanguardia de las estrellas nacionales de su partido. Aunque insistió que no “tiene ninguna intención” de lanzarse a la carrera por la Casa Blanca, ya despunta como una de las alternativas demócratas.
Otros destacan la incorporación de figuras jóvenes y de perfil socialista democrático (como Donavan McKinney o Melat Kiros) en distritos sólidamente demócratas. Argumentan que eso demuestra que el votante exige un cambio radical centrado en la asequibilidad y el combate a la corrupción.
Por Guillermo IdiartSource: La Nación · Guillermo Idiart
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