A los 40 minutos de la segunda mitad, Independiente le ganaba a Deportivo Riestra por 1 a 0. Había jugado decididamente mal, se defendía con cinco zagueros y a los ponchazos encendiendo el malestar de su gente, pero aguantaba. Hasta que Tomás González, quien ya había dado alguna muestra de habilidad en el rato que llevaba en la cancha, encaró por izquierda, pasó entre tres rivales, tocó al medio y Alexander Díaz empujó al arco vacío. La igualdad dejaba al Rojo fuera de los ocho primeros y el clima amenazaba incendio. Pero sacó del medio el local, Santiago Mele tiró el pelotazo largo, peinó Juan Manuel Fedorco, el juvenil Felipe Tempone quedó solo ante Ignacio Arce, y con mucha tranquilidad definió por arriba para devolver a los suyos a la lucha por el título.

Con esa dosis de angustia, de inquietud y de crispación, pero también con goles marcados por los chicos de inferiores que pide la tribuna, Independiente acabó la fase regular de un torneo que le trajo muchas más penurias que alegrías, con la clasificación que tanto precisaba para no irse de vacaciones antes de tiempo. Los gritos de los plateístas en respuesta a la mirada desafiante de Jádson Viera en el festejo del segundo gol fueron, quizás, la mejor síntesis para describir lo que fue este semestre del Rojo.

Festejo, lágrimas y desahogo para Mateo Pérez CurciFACUNDO MORALES

El 2-1 clasificó a los de Avellaneda para disputar los octavos de final, ante un rival que solo se conocerá una vez que Newell’s y Gimnasia de Mendoza disputen sus respectivos encuentros del sábado. Y por otro lado, aleja las opciones de meterse en la Copa Sudamericana, ya que fue superado por Barracas Central en la tabla anual y necesitará de demasiadas carambolas para hacerse un lugar en el torneo continental. Pero eso ya casi se sabía de antemano.

Antes de ese cierre a mitad de camino entre el alivio, la esperanza, el desahogo y la bronca, Independiente había puesto en escena un partido difícil de comprender. Sobre todo teniendo en cuenta que, contra lo que fue su costumbre durante todo el Clausura, sacó ventaja muy pronto en el marcador. Iban 10 minutos, el equipo del Bajo Flores ya empezaba a vislumbrar cierta superioridad en el campo, cuando Maxi Meza le tiró una pelota larga a Josías Palais. El puntero izquierdo superó en velocidad a Facundo Miño, lanzó el centro atrás y Mateo Pérez Curci, entrando en diagonal, anticipó a Nicolás Watson, tocó de derecha y soltó el llanto para celebrar su primer gol en el fútbol grande.

La celebración de Mateo Pérez CurciFACUNDO MORALES

El tanto tuvo para el Rojo el efecto inverso al que suele provocar ponerse por delante en la chapa. Hasta el minuto 44, en el que logró elaborar una jugada bien armada, haciendo correr el balón por todo el ancho de la cancha con precisión, paciencia y seguridad (más allá de que acabó apenas en un córner a favor), lo suyo fue un despropósito futbolístico.

Como si la responsabilidad de ganar y el hecho de sentir que ya tenía un pequeño botín en su bolsa le hubiese alterado los nervios, el Rojo no hizo prácticamente nada bien. Pésimo y con errores a veces grotescos en el manejo de la pelota (un desajuste entre Santiago Mele e Iván Marcone estuvo muy cerca de acabar en el empate a los 13); desordenado y con demasiadas dudas cada vez que la visita rondaba el área del inseguro arquero uruguayo, el partido giró para empezar a jugarse a la medida de Riestra.

El Malevo se sintió a gusto a fuerza de llevarse las divididas, los rebotes y los duelos. El grandote Gabriel Obredor se convirtió en un dolor de cabeza casi insoluble para Nahuel Banegas por derecha, y en la pelea exenta de calidad fue marcando diferencias. Al local lo salvó la absoluta incapacidad de Riestra para generar acciones de peligro, salvo que la pelota viajase por el aire (por algo no suma tres puntos de visitante desde hace más de un año). Solo en el último instante antes del descanso, una jugada preparada en un tiro libre le permitió asustar en ataque. Sorprendió Milton Céliz con un toque profundo hacia Pedro Ramírez por derecha, cruzó el remate, tapó Mele, se llevó por delante el balón Randazzo, y Arrayago despejó con angustia.

La victoria de Independiente ante Riestra

Podía pensarse que el entretiempo le devolvería algo de tranquilidad y sentido al juego local, pero eso no pasó, y la inquietud por el resultado corto y el desempeño deslucido se incrementó cuando al cuarto de hora de la reanudación, Viera decidió quitar a los dos extremos para incorporar un quinto defensor. Cosas del destino, ese jugador -Fedorco- resultaría clave en la jugada que desequilibró la balanza.

Riestra, dentro de su modestia, nunca bajó los brazos. Fue sumando gente en ataque, y a través del habilidoso González consiguió acariciar la igualdad que merecía. Le duró menos que un suspiro. El pibe Tempone tuvo el temple que casi nadie tenía en el estadio, superó a Arce con un sombrero y puso a Independiente en los playoffs. Tal vez a partir de ahora, con menos obligaciones y sabiendo que está muy lejos de ser favorito para llegar a la final del 12 de diciembre, logre sacudirse los nervios y añadirle algo de fútbol a una propuesta que por ahora exhibe poco más que voluntad.

Por Rodolfo Chisleanschi

Source: La Nación · Rodolfo Chisleanschi

At a glance

Topic
World
Country
🇦🇷 AR
Publisher language
ES
Added to Allnira