“¿Qué tipo de conocimiento produce el arte? Sabemos que los libros transforman a quienes los leen pero rara vez nos detenemos a pensar cómo ocurre ese proceso, con qué operaciones, categorías y condiciones sociales, materiales e históricas”, sostiene la escritora, guionista y profesora universitaria Gabriela Larralde (Buenos Aires, 1985) en El pensamiento poético. Cómo el arte construye conocimiento y por que lo necesitamos (Paidós, $ 37.900). En su ensayo -con reflexiones a partir de poemas de Diana Bellessi, Sharon Olds, Ioshua y Héctor Viel Temperley, novelas de Sara Gallardo, Dolores Reyes, Julián López, Mori Ponsowy y Claudia Piñeiro, ensayos de Nuccio Ordine y Virginia Woolf, y series y películas de Win Wenders y Rodrigo Sorogoyen- la autora despliega cualidades y alcances del “pensamiento literario”.
Mientras hace un elogio de lo particular, lo inacabado y lo “rugoso” en la literatura, concibe la lectura de novelas, cuentos y poemas -“una actividad cada vez más asediada por los tiempos ansiosos y precarizados que vivimos”, admite- como una práctica que puede generar conocimiento. El nuevo libro de Larralde, cuyo proyecto novelesco plasmado en La pez recibió el Premio Estímulo a la Escritura en 2022, invita al debate y la reflexión.
“Es un ensayo que escribí para la comunidad artística educadora -dice Larralde a LA NACION-. Artistas, trabajadores de la cultura, docentes, talleristas, pero también para cualquier persona que esté interesada en cómo se construye el conocimiento en una sociedad. La hipótesis es que el arte produce conocimiento y que necesitamos contar mejor qué tipo de conocimiento es. Por qué es distinto al de las ciencias exactas y al de las ciencias sociales, qué particularidades, alcances y qué limitaciones tiene y, sobre todo, cómo podemos legitimarlo para sostener políticas públicas de acceso a la cultura que respondan a las necesidades actuales de nuestra sociedad”. Para la autora, la escuela sigue siendo un “refugio de humanidad”.
-¿En qué sentido el arte es una vía de conocimiento?
-El arte produce conocimiento acerca del mundo y acerca de nosotros mismos. Lo hace de un modo muy particular porque parte de una materia que es ficcional. Es un conocimiento que no es dogmático ni generalizable. Que no busca ser moral. Es inacabado, rugoso, temporal, materialista, diálogico, íntimo… Lo que resulta empático porque no busca decirte: “Aprendí esto de la vida y te lo voy a explicar”; más bien dice lo contario: “Hice todo mal, me equivoqué, acompañame a ver el desastre en el que estoy metida”. Y ese tono permite otro acercamiento a los problemas que todos tenemos que pueden estar narrados en un contexto ordinario o pueden ocurrir en un planeta que no existe.
-¿Cuáles son las dimensiones de la literatura?
-En el libro analizo tres. La literatura como materia, el uso de la palabra y su música; la literatura como estructura de ficción: el andamiaje sobre el cual construimos a los personajes y sus recorridos, y por último, la literatura como discurso, verdad de época, insertado en una sociedad donde convive con otros discursos anclados en un tiempo y lugar determinado.
-¿Sigue habiendo condicionamientos de clase para acceder al conocimiento literario y qué función cumple la escuela?
-Hay condiciones de clase que influyen en el acceso a cultura y también hay un acceso restringido para trabajar en arte o para generar obra propia. La escuela es fundamental para aumentar las posibilidades de niños, niñas y adolescentes a acceder a espacios de pensamiento y desarrollo artístico. No todas las escuelas son iguales en la Argentina ni todas tienen las mismas problemáticas, urgencias o recursos. Faltan políticas públicas pero no para que todos sean artistas sino, como diría Gianni Rodari, para que nadie sea esclavo.
-¿Cómo ves los debates actuales en la literatura argentina? ¿El ambiente literario es muy woke, como dicen algunos?
-Hay una estrategia muy clara detrás del uso del wokismo. Algunos usan el término “woke” para poner de moda el fascismo. Se busca desviar la atención de lo importante: dejó de dar vergüenza ser fascista. Es peligroso. La actualidad da cuenta de eso. Después, podemos debatir temas de interés o modos de pronunciamiento dentro del ambiente literario y yo tengo disidencias con compañeros pero en temas puntuales, no por ningún wokismo. Me entusiasma leer y escuchar a colegas pensando en la utilidad del arte. Lucrecia Martel en su último libro da cuenta de eso; a Dolores Fonzi la escuché en San Sebastián hablando sobre la importancia de un arte que hable de nuestra sociedad y que le hable a nuestra sociedad, que nos permita ampliar nuestras visiones de mundo, mejorar nuestras vidas.
-¿Qué función cumple el capítulo “Diario de la serpiente de tres cabezas” en el libro?
-El diario fue un error. A medida que escribía el ensayo iba pensando en algunas ideas más literarias que sentía que no tenían el modo argumentativo del ensayo y por eso las descarté. Cuando terminé el libro me di cuenta de que estaba haciendo lo mismo que criticaba. Yo misma no creía que esa escritura, por ser más literaria, podía generar algún tipo de conocimiento. Cuando me di cuenta, lo sumé.
-¿La inteligencia artificial es una herramienta para los escritores o altera el proceso creativo?
-Puede ser una herramienta, dependiendo de cómo se use. Por ahora veo que la IA es bastante mala en poesía que es el origen de todo lo que yo hago o me interesa. Te puede resumir un texto o preparar una presentación, pero el trabajo que trato de hacer con la lengua la IA hoy no lo hace. Y no lo hace porque escribir es el arte de buscar, no de encontrar. Y el modo de la IA es el de encontrar respuestas. Tal vez en un futuro cercano pueda leerse el mismo texto escrito por mí o por una IA, pero el mecanismo vital de quien se sienta a escribir es opuesto al del algoritmo de la IA, que es el de la respuesta, que es siempre límite, norma, pasado. Buscar es emancipatorio y revolucionario.
-¿En qué trabajás actualmente?
-Estoy escribiendo una novela nueva sobre unos cóndores en el sur que de alguna manera extraña siento que es una continuación de La pez, y que luego vendrá otra novela, como una trilogía de la bestia país que somos. También estoy puliendo un libro de poesía que sale el año que viene y dos libros para infancias que también salen en 2027.
Por Daniel GigenaSource: La Nación · Daniel Gigena
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