SAN PABLO.- En otra carrera donde él fue más que el auto, Franco Colapinto finalizó 13º en el Gran Premio de San Pablo, luchando con gran solvencia en una pista muy mojada y recuperándose tras una mala largada, para clasificarse, incluso, por delante de su compañero Pierre Gasly (14º), que le había adelantado al comienzo.
Es la octava vez que, aun considerando circunstancias anormales, Franco acaba por delante de Pierre en esta temporada en 19 carreras. Su balance es 8-11 contra el francés en los Grandes Premios, aunque en clasificación es Pierre quien le supera con claridad en el frente a frente: 16-4.
La Fórmula 1 es una trituradora de pilotos y a Franco, quienes no son sus hinchas, le exigen como a un campeón. Y aunque todavía tiene margen para mejorar, en carrera es un tipo que da la talla, y su nivel en San Pablo fue de lo más alto.
El domingo de Colapinto
Estaba bastante conforme con su rendimiento cuando recibió a los periodistas argentinos en un aparte del corralito, aunque iba a hacer un gesto de escepticismo al acordarse de la mala largada, que él calificó como la peor del año. En su remontada desde la 18ª posición en la que quedó, Franco brilló tanto con la pista empapada como cuando se secó y, al final, por nueve vueltas, cuando todos tuvieron que instalar neumáticos intermedios.
Esto fue lo que comentó Franco a la prensa argentina sobre su rendimiento:
—Parece que fue una carrera difícil, maximizando el auto y tratando de aprovechar las alternativas.
—Sí, sí, (hice) lo mejor que pude, obviamente complicado. Además no maximizamos las oportunidades. Obviamente la pista estaba muy complicada, era difícil de pasar, tenía mucho más ritmo que Leclerc y que Albon, pero después no podía encontrar el lugar de sobrepaso con la pista tan mojada como estaba.
—Contuviste durante unas cuantas vueltas a Lindblad…
—Hice unas lindas defensas, un lindo sobrepaso; después, cuando pusimos la goma blanda nueva, tenía muy buen ritmo; cuando tuve pista libre, bien.
—¿Qué pasó en la largada?
—Nada, no salimos para adelante, nos quedamos parados en el cajón y me pasaron como seis o siete autos. Nuestro punto fuerte, que era la largada, no lo fue. Así que fue una pena, porque creo que ahí podríamos haber peleado un poquito más por los puntos. Después, obviamente, te quedás muy trabado atrás de los autos más lentos que van adelante. Es que es una pista que está seca en la línea (de marcha), pero está mojada fuera de ella… hay muy poco grip fuera de línea.
—¿Hubo alguna instrucción desde los boxes para conservar posiciones con Gasly en las últimas vueltas?
—No, no, no, no hubo ninguna instrucción del equipo en toda la carrera.
El alerón sospechoso
La jornada había comenzado tal como decía el pronóstico meteorológico.
A las 8 de del domingo, un par de argentinos hacían cola ante la puerta 7 del Autódromo con sus respectivas gorras del equipo Alpine. Elevaban sus miradas al cielo pretendiendo detener una fina llovizna que comenzaba a caer sobre el Autódromo de Interlagos.
Y uno de ellos quería canturrear el melancólico tango de Cadícamo y Troilo compuesto en 1943.
“Garúa… hasta el cielo se ha puesto a llorar”.
Parecía una ironía que hubiese un comienzo triste de una jornada que precede a la alegría, el entretenimiento y la diversión que es una carrera de Fórmula 1.
Más de 100.000 personas, y entre ellos no menos de 7000 argentinos, iban a aguantar lo que les echaran, ya sea garúa, llovizna, lluvia o tormentón tropical.
A las 9:15, el personal de comunicación de Alpine convocó a un desayuno británico a los periodistas argentinos que cubrían el Gran Premio de San Pablo (antes Gran Premio de Brasil). Se trataba de mejorar el intercambio de información, ocupado el equipo Alpine en que el entusiasta argentino que sigue a Colapinto reciba información más rápida y precisa.
Mientras la prensa se despachaba con huevos fritos, salchichas y jugo de naranja, llegaba el piloto del coche 43, acompañado por Sebastián Martín Cruzado, el fundador de la empresa Green Armor, que facilitó financieramente que Franco ascendiera de la Fórmula 2 a la Fórmula 1 en 2024.
Por la mañana, unos técnicos de un equipo rival de Alpine afirmaban que la deficiente clasificación de los A526 el sábado se debía al diseño de su alerón. Según ellos, es uno de los que menos resistencia al avance ofrece (de hecho, los Alpine suelen ser de los más rápidos en las rectas) y, aunque se lo incline al máximo para su empleo en asfalto deslizante, su capacidad de producir carga vertical y buena adherencia para esa condición extrema no alcanza.
Este domingo, el Alpine A526 no era el sexto auto por rendimiento a una vuelta, sino el octavo.
Sin embargo, problemas en los autos de otros equipos iban a terminar de beneficiar a Franco y Gasly en la parrilla de largada.
Dos horas antes de la carrera se comunicaba que Arvid Lindblad, que debía largar 12º, recibía una nueva penalización por cambio de turbo y descendía a la 18ª posición. Y Charles Leclerc, también sancionado por cambio de motor, tras clasificar 4º pasaba a la 14ª posición. Con todas las incidencias, Colapinto ascendía a la 13ª posición de largada y Gasly quedaba 14º.
Mientras Kimi Antonelli (Mercedes) le birlaba la “pole” a quien sería el ganador, Lando Norris (McLaren), Franco se quedó patinando al apagarse las luces de inicio. En esos primeros metros lo pasaron Charles Leclerc, Arvid Lindblad, Lewis Hamilton, su compañero Pierre Gasly y Max Verstappen. Su panorama aparecía aún más oscuro que el encapotado cielo desde el que caía una llovizna que iba a ser intermitente.
Comenzó en ese momento un trabajo de pala y pico, con esa estatura de excelente corredor que el pilarense tiene por naturaleza. Como todo el pelotón, dejó su juego de neumáticos intermedios en la 18ª ronda para calzar blandos en cuanto la pista se secó. Los hizo durar nada menos que 37 giros, porque el equipo quería que ganase posiciones en pista aunque tuviese que detenerse más cerca del final. Tenía buen ritmo y por momentos llegó a situarse a espaldas de Charles Leclerc. Tenía hambre de Ferrari: intentó pasarlo por dentro en la curva uno y se fue afuera. Milagrosamente, contravolante de por medio, se salvó del trompo.
Después quedaba detrás de Fernando Alonso con igual resultado, porque era casi imposible frenar por fuera de la trayectoria de carrera, donde estaba aún más empapado. En esas vueltas, entre la 25 y la 36, el argentino, desde la 15ª posición, igualaba, a veces superaba y a veces perdía alguna décima de velocidad en relación a Pierre Gasly, que marchaba 13º.
El francés puso su segundo juego de blandos en la vuelta 37ª.
Franco continuó. Con sus blandos más gastados, llegaba a arrimarse por momentos al ritmo de su compañero francés. Desde atrás lo atacaba Arvid Lindblad (Racing Bulls), al que mantuvo a raya varias vueltas hasta que tuvo que cederle la posición porque utilizó la calle de escape para defenderse. Llegó a situarse 10º en la 48ª ronda, pero era un espejismo. Tenía que detenerse y lo hizo en la vuelta 53ª. Con los neumáticos frescos volvió y pudo acercarse a Gasly. En la 60ª ronda se reinició la llovizna. Y yendo hacia el giro 61º, Franco acababa por adelantar a Gasly, en la curva 12, justo antes de que ambos se detuvieran a instalar neumáticos intermedios hasta el final. En la calle de boxes Colapinto casi se toca con Kimi Antonelli, pero emergió en la 13ª posición sin problemas. A partir de allí, los Alpine giraron casi en los mismos tiempos y Colapinto finalizaba 13º, 12 segundos detrás del Aston Martin de Fernando Alonso.
En los garajes, los mecánicos y miembros de los equipos se apresuraban a embalar los coches. Tras un viaje en avión a Europa, habrá unos días para mantenimiento antes de enviarlos a Las Vegas, en poco más de una semana. Por suerte para Alpine, en el circuito urbano de Nevada, donde será difícil que llueva o garúe.
Source: La Nación · Orlando Ríos
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