El embajador de Francia Romain Nadal sabe de este tipo de discursos: en los años que lleva en Buenos Aires, ha sido generoso con las palabras de reconocimiento a las personalidades destacadas de la cultura argentina. Esta mañana, convocó en su magnífica casa, el Palacio Ortiz Basualdo, para “celebrar a un gran artista que ha hecho de la danza una pasión, de la transmisión una forma de compromiso y del escenario un lugar de encuentro entre los seres humanos y entre los pueblos”. Ascendió -así lo dijo- a Julio Bocca al grado de Oficial de la Orden de las Artes y las Letras, una distinción que reconoce una trayectoria excepcional, y quiso señalar además una convicción: “Que la danza no es solamente virtuosismo sino una manera de expresar lo que las palabras no alcanzan a decir y también de reunir a miles de personas en una misma emoción”.

Julio Bocca: "He trabajado y sigo trabajando por el arte, por la danza, por la cultura, porque es lo más importante que una sociedad tener”.Juanjo Bruzza

Exbailarín, figura de gran popularidad y reconocimiento en el mundo del ballet y en la cultura argentina, el director artístico del Ballet Estable del Teatro Colón siguió de pie, visiblemente emocionado, el recorrido pormenorizado de su carrera que emprendió Romain. Partió de la niñez en Munro y su formación como estudiante en el Instituto Superior de Arte (ISA), siguió por el prematuro inicio de una auspiciosa carrera profesional en Venezuela y Río de Janeiro, lo subió al gran trampolín que fue la medalla de oro en Moscú, en 1985, y siguió por la “gran aventura de veinte años” a la cabeza del American Ballet Theater (ABT) y como artista invitado en las grandes compañías del mundo, incluyendo por supuesto la Ópera de París. “Pero nunca dejaste de pensar en tu país”, subrayó, y enfocó entonces un nuevo párrafo en la creación del Ballet Argentino y la Fundación Julio Bocca, en sus actuaciones multitudinarias no solo en teatros sino en estadios de fútbol, hasta la despedida en la 9 de julio frente a 300 mil personas, en diciembre de 2007.

Durante los quince minutos de discurso, el embajador no salteó su capítulo uruguayo, como director del Ballet Nacional del Sodre, ni la condecoración con esta misma insignia que Francia le dio en la vecina orilla. Tampoco abrevió las palabras que ponen de relieve la diplomacia cultural, como la cooperación entre naciones a través de sus artistas que, como Bocca, también son de algún modo embajadores. “Esta condecoración es una expresión de amistad hacia Argentina, la ciudad de Buenos Aires, el Teatro Colón y todas las personas que hacen posible que la danza siga viva”.

A su turno, el bailarín y maestro agradeció a sus amigos de siempre (Renata Schussheim, Humberto Tortonese, Cecilia Figaredo, Lidia Segni, allí presentes entre otros) y también a los nuevos amigos; a su pareja (Germán Tato Alvariza) y a su hermana (Nancy Bocca); a la dupla de estrellas del Ballet de la Ópera de París, Hugo Marchand y Dorothée Gilbert, invitada para el reestreno de Manon -ellos, con funciones anoche y mañana-; a la ministra de Cultura Gabriela Ricardes y parte del equipo directivo del Teatro Colón que lo acompañaron en el salón del primer piso. Fue breve frente al atril: “Es un gran honor recibir esta distinción; he trabajado y sigo trabajando por el arte, por la danza, por la cultura, porque es lo más importante que una sociedad tener”.

Bocca se confesó muy feliz, también por la coincidencia de haber recibido en estos días la noticia de que será homenajeado en febrero por su trayectoria en el prestigioso Prix de Lausanne. Sobre Manon y, más ampliamente, sobre su experiencia en el Colón, dijo: “Lo que se hace en ese teatro es impresionante; este ha sido y va ser un año increíble. Yo estoy empezando otra etapa de mi vida, en la cual quiero dedicarme más a mí, a disfrutar de mi familia y de mis tiempos”, anticipó, y abrió la puerta a un cambio en el corto plazo.

Dorothée Gilbert y Hugo Marchand, bailariines de la Ópera de París, entre los asistentes al homenaje en la Embajada de FranciaJuanjo Bruzza

Con gracia, y para dedicar un capítulo a su relación con Francia, el bailarín recordó una anécdota de la infancia: cuando a los 8 años, por obtener como “trofeo” una foto con el inolvidable Michaël Denard, casi se queda libre del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón (ISA). También mencionó las experiencias con bailarinas y coreógrafos con los que estuvo ligado profesionalmente en tantos años de carrera, y destacó la “calidad” francesa en un arte que es de referencia. Aprovechó la oportunidad para alegrarse por el inicio de un convenio entre las escuelas del Colón y la Ópera de París. Es su logro -que agradeció con un gesto a la ministra- que el ISA vuelva a tener sus instalaciones en el emblemático edificio de Libertad y Viamonte, y sobre todo la incorporación de la educación primaria para sus estudiantes, un objetivo que pesonalmente persiguió durante años.

Luego, consideró que no era tiempo para más declaraciones; entre tanta emoción y en una semana de noticias que lo movilizan, Bocca invitó a un champagne.

Bien lo había señalado Nadal: hay círculos que cierran de modo virtuoso. “Manon no es una obra cualquiera para ti, querido Julio: fue el ballet con el que te despediste en Nueva York, en 2006 lo presentaste en Argentina con Alessandra Ferri, en la despedida inolvidable de una de las grandes parejas de la danza, y hoy, veinte años después, eres tú quien dirige a la compañía que la interpreta”.

Agradeciendo su “talento, entrega y fidelidad a la danza”, con profunda admiración, cerró el homenaje con un sincero “Merci beacoup”.

Por Constanza Bertolini

Source: La Nación · Constanza Bertolini

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