La reciente depreciación del real frente al dólar volvió a encender una señal de alerta en el sector turístico argentino. Tras el resultado de las elecciones presidenciales en Brasil, la cotización de la moneda estadounidense pasó de R$4,98 a R$5,39. El movimiento mejora la capacidad de compra de quienes viajen con dólares al país vecino y podría convertirse en un incentivo adicional para elegir sus playas durante el próximo verano.

El efecto, sin embargo, no se trasladará de manera automática a todos los componentes del viaje. Si bien con los mismos dólares un turista argentino puede acceder a más alimentos, bebidas y servicios en Brasil, los precios de los vuelos y los hoteles para la temporada alta ya fueron establecidos con una cotización anterior del real. Por eso, el cambio podría sentirse principalmente en los gastos cotidianos durante las vacaciones y en la decisión de quienes todavía no definieron su destino.

“Con un dólar te van a dar más caipirinhas”, resumió Adrián Pastine, secretario de la Federación Argentina de Asociaciones de Empresas de Viajes y Turismo (Faevyt). Según explicó, el nuevo escenario puede generar una motivación adicional para viajar a Brasil, aunque advirtió que todavía es temprano para dimensionar sus consecuencias, y añadió que una cosa es que crezca el interés por el destino y otra, muy distinta, es que ese movimiento se traduzca en un aumento significativo de la comercialización.

Además, el margen para ampliar la oferta de transporte es limitado en el corto plazo. Los vuelos y la programación turística para el verano ya están organizados, por lo que una eventual suba de la demanda no necesariamente se traducirá en más frecuencias aéreas ni en una mayor disponibilidad de paquetes.

“Va a impactar, porque la decisión de la gente va a tener una motivación adicional. Con los mismos dólares va a tener más capacidad de compra”, sostuvo Pastine. La incógnita, agregó, es cuánto de ese incentivo terminará afectando a los destinos argentinos, desde Córdoba y Mendoza hasta la Costa Atlántica.

“Va a impactar, porque la decisión de la gente va a tener una motivación adicional. Con los mismos dólares va a tener más capacidad de compra”, sostuvo Pastine Guadalupe Aizaga - LA NACION

La competitividad, más allá del dólar

La preocupación por el nuevo escenario cambiario convive con un reclamo que el sector turístico argentino sostiene desde hace tiempo: la necesidad de reducir la carga impositiva y los costos de operación para competir con los destinos internacionales.

Daniel Prieto, presidente de la Federación Empresaria Hotelera Gastronómica de la República Argentina (Fehgra), pidió evitar comparaciones que no contemplen las diferencias entre las propuestas turísticas. “Si comparamos el alquiler de una posada en una playa popular de Brasil con un hotel de cuatro o cinco estrellas de un destino ABC1 de la Argentina, obviamente va a haber una diferencia. Hay que comparar peras con peras y manzanas con manzanas”, afirmó.

Para Prieto, la competitividad del turismo local no puede depender exclusivamente del tipo de cambio y consideró que la construcción de destinos atractivos requiere una combinación de tarifas razonables, una estructura de costos más eficiente, financiamiento accesible, promoción e incentivos públicos y una agenda de eventos deportivos, artísticos y culturales capaz de convocar visitantes.

En materia impositiva, Fehgra insiste en la implementación de un mecanismo que permita compensar las contribuciones patronales con el impuesto al valor agregado (IVA), tomando como referencia el esquema establecido por el decreto 814. Según Prieto, esa herramienta podría aliviar los costos laborales del sector sin generar un impacto fiscal significativo.

También destacó el papel de las promociones bancarias, las cuotas para viajes dentro del país y los programas provinciales de incentivo al turismo. En ese sentido, señaló que la reducción de las tasas de interés sería importante para que las alternativas de financiación resulten atractivas para los consumidores.

La rentabilidad no se recupera

Desde la Asociación de Hoteles de Turismo de la República Argentina (AHT), que nuclea a establecimientos de cuatro y cinco estrellas, la lectura es más cautelosa. Aldo Elías, vicepresidente de la entidad, consideró que todavía es “prematuro” evaluar el alcance del movimiento cambiario y que será necesario observar dónde se estabiliza la cotización del real.

“Es un episodio muy reciente. Hay que ver cuál es el escenario”, sostuvo, si bien reconoció que la depreciación de la moneda brasileña complica las perspectivas para el turismo receptivo argentino, que venía recuperando atractivo frente a Brasil y Chile, destinos que hasta ahora resultaban relativamente más caros.

El sector esperaba una mejora en la llegada de visitantes extranjeros y que más argentinos optaran por vacacionar dentro del país. Sin embargo, esa expectativa ya estaba condicionada por los costos internos y por una rentabilidad que, según los empresarios, no acompaña necesariamente la evolución de los niveles de ocupación.

“Las mejoras en los porcentajes de ocupación no se traducen en rentabilidad”, advirtió Elías, quien volvió a reclamar una reforma tributaria estructural. A su entender, los hoteles enfrentan una dificultad para trasladar sus costos a las tarifas porque compiten con Brasil, Chile y Uruguay, pero también con las posibilidades económicas de los propios turistas argentinos.

El empresario cuestionó, además, que los aumentos de las tarifas de los servicios públicos no hubieran estado acompañados por una reducción equivalente de los impuestos que se habían incorporado para financiar subsidios. En ese contexto, consideró que una baja más profunda de la presión tributaria podría contribuir a impulsar el consumo, ampliar la cantidad de contribuyentes y mejorar la competitividad de las empresas.

“Una devaluación se podría contestar con otra devaluación, pero el Gobierno no lo va a hacer”, señaló. Para Elías, además, recurrir a ese mecanismo tendría costos económicos que terminarían repercutiendo sobre otros sectores y sobre el poder adquisitivo de las familias.

Más allá del movimiento del real, el panorama para la temporada de verano todavía está abierto. Prieto señaló que las reservas suelen comenzar a activarse durante noviembre, por lo que aún no existe información suficiente para determinar si habrá un cambio significativo en las decisiones de los viajeros.

Pese a la incertidumbre, el presidente de Fehgra consideró que hay motivos para esperar una buena temporada. La evolución del real podría sumar un incentivo para quienes evalúan viajar a Brasil, pero todavía no alcanza para anticipar una caída de la demanda en los destinos nacionales. El efecto dependerá de cuánto dure el nuevo escenario cambiario, de cómo se comporten los precios y de la capacidad de compra de los turistas.

Por María Julieta Rumi

Source: La Nación · María Julieta Rumi

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