Las caries están apareciendo mucho antes de que los chicos aprendan a leer y escribir. En las escuelas porteñas, el 70% de los alumnos ingresa a primer grado con esas lesiones, según surge de los controles de salud bucal semanales del equipo de la Red de Odontología de la Ciudad.
“¡Le ganamos a la pediculosis!”, expresó Glenda Rossi, gerenta operativa de esa unidad del Ministerio de Salud porteño. “En prevención, el primer control del niño tiene que ser con la aparición del primer diente o antes del año y medio de vida. Eso no está sucediendo”, agregó en diálogo con LA NACION.
En su computadora, la agenda semanal de visitas a las escuelas es interminable. Participan profesionales y estudiantes avanzados de la Facultad de Odontología de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Los equipos de salud escolar de los ministerios de Salud y de Educación del distrito agilizan la organización de los establecimientos con los chicos de primer grado. No solo les controlan el estado general de la boca, sino que también les aplican barniz de flúor, les entregan un cepillo y pasta para practicar cómo limpiar los dientes correctamente y les enseñan buenos hábitos alimentarios. Si es necesaria la consulta, se organiza dentro de la red.
Rossi, que también es profesora adjunta de la cátedra de Odontología Preventiva y Comunitaria de la Facultad de Odontología de la UBA, señaló que ese porcentaje de caries con las que los chicos llegan a primer grado refleja la “muy alta” prevalencia de una enfermedad que es evitable. “Es enorme”, subrayó.
La primera consulta odontopediátrica suele ocurrir tardíamente, cuando ya existe una lesión, una molestia, dolor o una urgencia. “Uno de los temas que tenemos que reforzar es el concepto de la primera atención o turno del chico con la salida del primer diente o antes del año y medio de edad. Si no, estaría retrasada la detección”, explicó.
“La caries es una enfermedad crónica no transmisible, multifactorial y ligada a la alimentación y la higiene”, resumió Rossi, quien mencionó que en los últimos años hubo un cambio de definición. Antes, se trataba como una infección. “Cuando una persona se enferma de caries dental, es para toda la vida —explicó—. Todavía no existe material que reemplace una pieza dentaria. Sostener la higiene correcta, hábitos alimentarios saludables y controles odontológicos regulares es el gran desafío.”
La red de odontología en la ciudad está integrada por los servicios de 48 centros de salud y acción comunitaria (Cesac), 14 hospitales generales de agudos y 13 hospitales monovalentes (por ejemplo, el Udaondo, especializado en gastroenterología, y el Marie Curie, en oncología), además de dos centros odontológicos infantiles (COI) y los tres hospitales de especialidad. Son el Hospital Infantil Don Benito Quinquela Martín (La Boca), el Hospital José Dueñas (Almagro) y el Hospital Dr. Ramón Carrillo (Recoleta). Hay 469 profesionales para chicos, adolescentes y adultos; las subespecialidades incluyen desde riesgo médico, ortopedia, ortodoncia y endodoncia hasta cirugía, estomatología y discapacidad.
“El Cesac es la puerta de entrada”, insistió Rossi. Desde ahí, se organiza gran parte de la atención y las derivaciones dentro de la red. Los turnos se sacan por el 147, Boti o los mesones de los centros. La consulta de primera vez se asigna por proximidad al domicilio o motivo de consulta. Si es una urgencia, se orienta a las guardias de los tres hospitales odontológicos (en el caso de un traumatismo, a la del Hospital Piñero). El plantel especializado en cirugía bucomaxilofacial está en los hospitales Piñero, Santojanni, Pirovano, Ramos Mejía y Fernández. Diagnóstico por imágenes está disponible en el Quinquela, el Dueñas y el Carrillo, pero las panorámicas también se hacen en los centros médicos de especialidades ambulatorias (Cemar) 1 (La Paternal), 3 (Villa Urquiza) y 4 (Palermo).
Hoy, afirman en la red que la demanda insatisfecha es cero en la atención general luego de que entre junio y julio se incorporaran 52 profesionales. El punto débil a reforzar está en las subespecialidades, sobre todo por un aumento de la población con obras sociales o prepagas que suspendieron o limitaron los tratamientos.
Aunque no se hacen implantes, trabajan con prótesis removibles, que corren por cuenta de cada paciente o su cobertura. La ortodoncia y la ortopedia (aparatos removibles, que estimulan el crecimiento), en cambio, están limitadas a chicos y adolescentes.
“El circuito de atención que queremos lograr es que la atención empiece ya desde muy chicos. Tenemos los centros de salud que atienden desde el embarazo. Lo que tenemos que reforzar es el concepto del primer control del niño y lo tenemos que hacer con un acuerdo entre odontología, obstetricia, ginecología y pediatría -dijo Rossi a LA NACION-. Ese sería el primer paso. Después, está decirle a la embarazada que lleve al bebé a la primera consulta odontológica antes del año y medio, igual que se indican las vacunas de calendario, dentro de los controles del niño sano.”
Otro desafío es con los adolescentes. “Es difícil que vengan al sistema. Hay que ir a buscarlos”, agregó. Alrededor de los 12 años, se completa la renovación total de la dentición por las piezas que serán las permanentes. “Por eso nos importa cómo llegan los chicos a primer grado -explicó Rossi-. Es la edad en la que sale el primer molar permanente y los dos incisivos centrales. El programa de barniz fluorado y la enseñanza de hábitos es fundamental.”
La atención para chicos con necesidades especiales se concentra en el Quinquela Martín y hospitales pediátricos Gutiérrez y Elizalde. En el Dueñas, hay un especialista en discapacidad y el personal de la red recibió capacitación para orientar la atención de chicos con neurodivergencias de acuerdo con cada caso. “Vemos que, muchas veces, por otras prioridades en estos pacientes, lo último que se atiende es la boca. Y, a veces, una boca en mal estado obliga a suspender una cirugía. No se tiene que retrasar ese control”, pidió Rossi. La atención, que contempla sedación cuando es necesaria, se realiza a cuatro o seis mano.
Entre los mayores, en cambio, la principal necesidad son las prótesis. “El adulto mayor me preocupa –dijo la funcionaria–. Ahí sí vemos una demanda insatisfecha porque la cobertura a veces no responde. La ciudad está asumiendo ese costo. Buscamos disminuir al máximo la necesidad de tener que llegar a una prótesis.”
La meta de conservar los dientes naturales se aplica a todas las edades, pero sobre todo en los chicos. Para eso, hubo que optimizar los tratamientos con una mejora del equipamiento, insumos y capacitación del personal. La endodoncia mecanizada, según explicó Rossi, bajó los tiempos de atención de 90 a 40 minutos en los tratamientos de conducto, lo que permitió habilitar más turnos. La digitalización
“Nos encantaría que, en todas las edades, lleguen mucho más temprano a la atención”, finalizó la funcionaria.
Por Fabiola CzubajSource: La Nación · Fabiola Czubaj
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