“No fue amor a primera vista”, aclara el arquitecto Paulo Tripoloni, al frente del Estudio que lleva su nombre, sobre la propiedad que se convertiría en su hogar. “Pero con Mariana, mi mujer, vimos lo que podía llegar a ser”, recuerda. Ubicada en Vila Mariana, San Pablo, la casa tiene 145 m2 y fue reconfigurada para adaptarse a la vida de a cuatro.
No todas las casas nacen de un sueño. Algunas comienzan con dudas pero, cuando existe potencial, es posible imaginar una nueva forma de habitar. Partiendo de un espacio oscuro y compartimentado, llegamos a la luz y la apertura.”
— Arq. Paulo Tripoloni, al frente de la reforma
Personal
Invirtiendo la lógica de la mayoría, Paulo y Mariana decidieron que el living fuera más acotado y casi introspectivo en relación al resto. “A mucha gente le sorprende que el living sea más pequeño, pero cumple exactamente con lo que buscábamos: un lugar para ver televisión y nada más. La cocina, en cambio, es donde sucede todo”, señala.
La cocina es el verdadero epicentro del proyecto y del día a día. Diseñada en forma de “U” y con una generosa barra, permite que varias personas cocinen al mismo tiempo, algo que acá se disfruta.
La cocina refleja también la mirada de Mariana, la dueña de casa, quien tiene su propio emprendimiento gastronómico. Poner en valor el ritual de cocinar y compartir fue esencial: “La barra es un punto de encuentro cotidiano, en un espacio que nos brinda momentos compartidos con nuestros hijos que queremos atesorar”, comparte Paulo.
Apertura
La escasez de luz natural y la falta de ventilación cruzada enseguida aparecieron como los mayores desafíos de la reforma. ¿Cómo los solucionaron? Con aberturas estratégicas en los muros, grandes ventanales –algunos de hasta 3,30x1,85m–, además de ductos de ventilación y una lucarna en la cubierta.
Apostaron al contraste de colores –azul profundo y amarillo, dos favoritos de Paulo– con los materiales, como la alzada de pequeñas piezas hexagonales de porcelanato satinado, las tapas de cuarzo blanco y el tono del MDF.
Bocanada
El sector social, que ocupa toda la planta baja, se abre hacia un extenso deck de madera que, a su vez, funciona como una base cálida para el paisajismo tropical.
Con la orientación técnica de su cuñado, el ingeniero agrónomo Peterson Batista, el arquitecto incorporó en el paisajismo algunos frutales, además de preservar plantas existentes, como la palmera fénix.
“Esta vivienda celebra la convivencia. Partimos de la premisa de que fuera práctica, funcional y acogedora, con espacio para que nuestros hijos pudieran jugar a sus anchas”.
“Queríamos darle lugar a la vida al aire libre”, cuenta Paulo. “El patio cambia mucho. Cuando llueve, por ejemplo, nos sentimos inmersos en una atmósfera de campo”.
Sector privado
“En la suite principal, el proyecto baja el ritmo”, nos explica el arquitecto. Tonos crudos y materiales discretos, pero con presencia, fueron parte de la elección.
Home office
Al planear la reforma, el arquitecto decidió incluir también una oficina para él. “Busqué equilibrar técnica e inspiración”, revela. El ambiente se organiza en torno a una estación de trabajo con cuatro puestos, una mesa de dibujo y una pequeña biblioteca.
“Este es un lugar para pensar, dibujar y compartir. Así logro mantener el equilibrio entre la vida profesional y la posibilidad de estar cerca de mi familia”.
Mirador
En el último nivel, la terraza se presenta como un respiro urbano perfecto para disfrutar por las tardes. “Está pensada como un lugar de estar, de encuentro como mirador contemplativo a la ciudad”.
Debido a las restricciones normativas, el espacio fue retranqueado, una condición que terminó convirtiéndose en una ventaja: el área recibe el sol de la tarde, con orientación hacia las fachadas norte y oeste.
La madera de la pérgola ya existía en la casa, oculta entre otras estructuras. Fue rescatada y reubicada como un elemento central, estético y funcional que da identidad.
Source: La Nación · Daniela Rossi
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