Fue uno de los autores que pergeñó los programas más vistos de la televisión argentina: Amigos son los amigos, Grade Pá, Mi cuñado, Luna salvaje, Yago pasión Morena y tantos más. Quizá Ricardo Rodríguez haya empezado a soñar con todo eso cuando se escapaba de su casa, con apenas 6 años, para ir a ver la tele a lo de una vecina que, además, le convidaba galletitas y leche chocolatada.
“Siempre me gustó escribir… Yo era un tipo muy tímido, y me escapaba un poco a través de la ficción y de la escritura. De chico leía mucho también… Tenía un tío que me prestaba libros de Ernesto Sábato, Borges, Cortázar, a una edad en la que supuestamente nadie leía eso”, cuenta el autor. Lo primero que escribió fue un capítulo de Nosotros y los miedos, de Jorge Maestro y Sergio Vainman, en Canal 9.
“Había empezado a hacer un curso con una directora, productora y también escritora, María Inés Andrés, una gran maestra. Ahí conocí a Gustavo Barrios e hicimos una dupla que duró varios años. Juntos presentamos ese primer libro para el unitario, pero no llegamos a hacerlo porque el programa terminó y me quedé con las ganas de debutar ahí”. Su debut profesional, en cambio, fue en Chispiluz, un programa infantil del viejo ATC.
La varita mágica de Carlín
Entusiasmados con estos primeros gajes del oficio, Ricardo Rodríguez y Gustavo Barrios contactaron a Carlos Calvo, ya una estrella que había protagonizado unas cuantas novelas. Querían mostrarle un proyecto que habían pensado para él. Lo lograron después de seis meses y contactaron también con el equipo que lo rodeaba: Carlos Olivieri, Carlos Evaristo y Luisina Brando, que por ese entonces era pareja de Calvo y con quien protagonizaba Mamá, en el Teatro Maipo.
Esa vez no se dio trabajar con el actor, pero sí con Luisina, que estaba haciendo una serie de especiales en Canal 7. Los flamantes autores se hicieron cargo de las historias, que gustaron mucho. Esa fue la puerta de entrada a un medio que no era nada fácil. Luego hicieron una novela para Carlín “que fue un estrepitoso fracaso”. Se llamaba El mago. El actor venía de hacer un éxito con la tira Sólo un hombre, en Canal 9, y quería probar a la nueva dupla de autores para el nuevo proyecto, pero a Romay la idea no le gustó y Calvo se fue a Canal 11, con los autores.
El mago era la historia de un hombre que se enamoraba de la madre y la hija (Chunchuna Villafañe y Patricia Palmer), pero no prendió en la gente, y encima competían con el programa de Susana Giménez.
El boom de Amigos son los amigos
Ya con la privatización de las emisoras, durante el gobierno de Carlos Menem, llegó la gran oportunidad. “Gustavo Yankelevich estaba haciendo las valijas para irse a México cuando lo convocaron para ser el gerente artístico de Telefe. Y una de las primeras cosas que hizo fue convocar a Calvo para hacer una comedia y no una novela. Y Carlín nos llamó para escribir la historia. Realmente fue un tipo que se jugó por nosotros”, resalta Rodríguez.
“Él quería tener control sobre los libros y sobre algunas cosas relacionadas con producción, y además era muy bueno leyendo… Porque hay muchos actores que no son buenos a la hora de leer un guion. Yo lo respetaba mucho también desde ese lugar, porque me parecía un tipo que era mucho más de lo que él mismo creía que era… Jugaba con su carisma y decía que se había hecho actor para levantarse minas, pero era un tipo muy capaz, que generaba algo en la gente que nunca antes había visto”, asegura.
La idea de Amigos son los amigos tiene mucho que ver con la comedia Extraña pareja, donde el amigo más grande parecía un adolescente y el adolescente era el más maduro. “Y en eso nos basamos también en Carlín, porque el personaje tenía muchas cosas de él que nosotros ridiculizábamos y se enojaba, pero después lo hacía y se reía porque se daba cuenta de que era cierto”, detalla Rodríguez.
Para hacer dupla con Carlín convocaron a Pablo Rago, que estaba haciendo Clave de sol y se fue antes de que terminara su contrato. No se equivocó porque la comedia llegó a rozar los 56 puntos de rating en Telefe, la nueva televisión privada. La única condición de Yankelevich fue sumar a un autor más, para que apuntalara a los todavía novatos Rodríguez y Barrios. Se les unió Gius (Augusto Giustozzi, autor de grandes éxitos en cine y televisión, entre ellos La carpa del amor, Los muchachos de antes no usaban arsénico, La Mary, Los chicos crecen, Los hermanos Torterolo). Amigos son los amigos debutó en el ’90 y estuvo al aire tres años en Telefe y uno más en Canal 9, donde no tuvo tanta suerte y los televidentes no lo acompañaron.
Grande Pá: un personaje nuevo y un casting multitudinario
Enrique Estevanéz compró los derechos de Crecer con papá, que habían hecho diez años antes Alberto Martín, Gabriela Gilli y Lorena Paola, con libros de Elio Eramy, y se los llevó a Yankelevich. “Estábamos haciendo Amigos son los amigos y un día Gustavo nos convocó a los tres autores, nos mostró el material y nos dijo que podía irle bien a una historia con esas características: un papá viudo con tres hijas. Hicimos una adaptación porque todo había cambiado mucho en esa década, e incorporamos un personaje que no existía y es el que hizo María Leal. Sumaba mucho que hubiera una historia de amor que fuera creciendo en el transcurso de la historia”, explica Rodríguez.
“El canal contrató a Arturo Puig y el programa fue un éxito enorme. Yo estuve durante los dos primeros años porque después me fui con Carlin a Canal 9 para hacer Amigos son los amigos. Nos fue mal porque Gustavo Yankelevich le ‘robó’ parte del elenco: la madre, los amigos y la abuela, y los metió en un programa de entretenimientos que era Ta Te Show… Además, Telefe mandaba todos los días las repeticiones del programa que habíamos hecho esos primeros años y hacía más rating que en el 9, que iba los martes a la noche. (Alejandro) Romay se volvía loco”.
Además de Puig y Leal, contrataron a Nancy Anka y Gabriela Allegue, pero todavía faltaba la hija del medio e hicieron un casting para elegirla. “Hablamos con Gustavo, que estuvo de acuerdo y mandó una promo en Amigos son los amigos citando a chicas de tal edad y tales características, para un casting en Telefe, un sábado a la mañana. El canal tenía una sala de ensayos en la calle Garay que era en un sótano con una escalera recontra empinada, y nosotros fuimos a hacer ese casting. Cuando llegamos había doscientas mil personas y la cola le daba varias vueltas a la manzana. Nadie pensó que podía pasar una cosa así y nos dio un poco de miedo porque si la gente empezaba a empujarse en esa escalera empinada podía ser un desastre. Creo que recién ahí entendimos lo que generaba el programa…. Finalmente lo resolvimos y de ese casting salió Julieta Fazzari. A los pocos días estábamos en la oficina y apareció un tipo muy enojado; era el padre de Julieta que dijo que había alquilado una casita por toda la temporada de verano para irse de vacaciones con la familia y ahora que Julieta había quedado elegida no iban a poder… Contó que la llevó al casting pensando que no la iban a elegir porque estaba todo arreglado”, rememora entre risas.
Grande Pá estuvo cuatro temporadas al aire y rozó los 60 puntos de rating. Tanta era la parafernalia de los fans que los exteriores se hacían realmente complicados. Por ese entonces el programa se emitía una vez por semana, los miércoles a las 21, y se grababa un día entero en un estudio de la calle Pavón 2444 y otro día, las escenas en exteriores, haciendo malabarismos para controlar a los curiosos que se acercaban a ver a sus ídolos.
“Estas comedias se caracterizaban por tener muchas escenas, con un ritmo vertiginoso y cámaras fijas. Esta fue la primera vez que el director, Víctor Stella, empezó a usar cámara en mano y él mismo la hacía. Por ejemplo, las nenas bajan por las escaleras y Víctor bajaba detrás en subjetiva, grabando con la cámara al hombro. Todo tenía mucho ritmo, pero también exigía mucho tiempo y a veces eran cincuenta o sesenta las escenas y las grabaciones se extendían por doce o catorce horas”, detalla.
Entre cuñados y dibujos
Otro recordado programa que tuvo a Rodríguez como autor es Solo para parejas, donde debutó Pablo Echarri junto a un elenco encabezado por Paola Krum y Eleonora Wexler, entre otros. Durante este programa, la dupla Rodríguez-Barrios se rompió, Barrios se fue a hacer una novela dentro del ciclo de entretenimientos Jugáte conmigo y Rodríguez se quedó en Solo para parejas hasta que lo convocó Yankelevich para que se hiciera cargo de Mi cuñado porque su autor, Oscar Viale, había fallecido.
“El programa estaba basado en el que se había hecho en la década del ’60 con Ernesto Bianco y Osvaldo Miranda, y fue muy fuerte porque yo quería y admiraba mucho a Oscar Viale. Una vez le había llevado material y me había alentado mucho para escribir y tuvimos un par de charlas muy lindas... Entonces, que Gustavo me llamara para hacer continuar su trabajo significaba mucho para mí. Mi cuñado era la síntesis de la comedia, en el sentido de que tenía todos los elementos…. Acepté y empezamos a trabajar con Ricardo Talesnik, a quien también admiraba”.
Luego de finalizar Mi cuñado, esta nueva dupla empezó a trabajar en algo que no se había hecho nunca en nuestro país: Mi familia es un dibujo, un proyecto que se expandió con tres temporadas en televisión y tres películas. “Era un programa muy complicado porque no se podía dibujar más de un minuto y medio por capítulo; costaba una fortuna y además necesitabas tiempo. Fue una gran innovación para ese momento... Eran cinco bloques y Dibu, que era el protagonista, aparecía en el final del tercer bloque hasta el final del capítulo. Entonces, lo complicado era justamente meter el dibujo dentro de ese esquema. Disney participó de la distribución y cuando Yankelevich tuvo una reunión con ellos, se asombraron porque creían que grabábamos cuatro o cinco programas al año, pero hacíamos uno por semana”, contó.
La hora de las novelas
Rodríguez también fue el autor de dos novelas icónicas: Luna salvaje y Yago, pasión morena, que se emitían por Telefe todos los mediodías y fueron un gran éxito. “Nos hicimos grandes amigos con Facundo Arana y lo adoro porque es de esos actores que no le tienen miedo a nada. Se entusiasmó cuando le conté los primeros capítulos de Yago..., que nada tenía de una novela tradicional, sino que se acercaba más al western y transcurría en las Cataratas del Iguazú. Me acuerdo que Facundo se rió y me dijo: ‘Me encanta, sacame el traje por favor’ (risas). Venía de hacer un gran suceso que fue Muñeca brava y su personaje estaba siempre de traje…. Y Luna Salvaje empezó con 12,8 puntos de rating el primer día y el viernes tenía 8 puntos. Yo creí que nos echaban a todos y a las dos semanas ya le habíamos ganado al noticiero y no la paró nadie”, detalla el autor.
Otra novela que lleva en su corazón es Son de Fierro, que producía Pol-ka y se emitía en Canal 13. “Empezó como una comedia y se convirtió en un drama porque no funcionaba y nos sacaban del aire. María Valenzuela, entonces, se tuvo que convertir en un personaje que podía ser odiado por la gente porque se enamoraba de otro hombre y, de alguna forma, engañaba al protagonista. Se la re bancó y fue al frente, y terminó con casi 40 puntos de rating”, recuerda Rodríguez.
“Hay una anécdota muy linda con Eleonora Wexler, la malvada de la historia. Pasó una cosa que suele suceder muchas veces y es que la novela se alargó más de lo provisto. Un día Adrián (Suar) nos pidió que la estiráramos porque los decorados de la siguiente novela no estaban listos. Mariano Martínez era el protagonista joven y se iba de vacaciones con la novia a Miami, ya tenía todo comprado y pagado, y dijo que no se podía quedar. Faltando 20 capítulos, y Eleonora Wexler lo ahogó en una pileta y el personaje se murió. Porque decidimos que no íbamos a hacerlo ir de vacaciones, que lo íbamos a matar y así le sacamos provecho a esa desaparición. Al otro día los teléfonos del canal explotaban, con gente enojadísima porque habíamos matado al protagonista”, dice entre risas.
Por Liliana PodestáSource: La Nación · Liliana Podestá
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