MOMBASA.– Un tribunal de Kenia condenó este viernes a 200 años de prisión a Paul Mackenzie, el líder de una secta religiosa apocalíptica que instaba a sus seguidores a morir de hambre para encontrarse con Jesús. El autoproclamado pastor fue declarado culpable del asesinato de 190 niños y un adulto, en un caso que conmocionó al país africano tras el hallazgo de cientos de cadáveres enterrados en un bosque cercano a la costa del océano Índico.
La jueza Diana Kavedza, del Tribunal Superior de Mombasa, impuso al extaxista una pena de 100 años por las muertes por inanición y otros 100 por homicidio directo. Mackenzie y otros 28 integrantes de su organización, la iglesia Good News International Church, habían sido declarados culpables el 19 de octubre por crímenes cometidos entre enero de 2021 y septiembre de 2023.
El escándalo salió a la luz en abril de 2023, cuando la policía comenzó a descubrir fosas comunes en el bosque de Shakahola, cerca de la localidad costera de Malindi. Allí, los seguidores del predicador vivían aislados en chozas de barro y bajo estrictas reglas religiosas que incluían el rechazo a la medicina moderna y a la educación formal.
Según la fiscalía, Mackenzie convencía a sus fieles de que debían dejar de alimentarse, junto con sus hijos, para llegar al cielo antes del fin del mundo. Algunos de sus colaboradores amenazaban y golpeaban a quienes se resistían, mientras otros se encargaban de enterrar los cuerpos y ocultar las fosas.
La Comisión Nacional de Derechos Humanos de Kenia contabilizó 448 cadáveres en el bosque. El predicador también está acusado de ordenar la muerte de otras 52 personas en una aldea situada a unos 30 kilómetros, lo que eleva a unas 500 las presuntas víctimas vinculadas con la organización. Mackenzie se declaró inocente en ese proceso, que continúa abierto.
Durante la lectura de la sentencia, Kavedza precisó que 183 de las 191 víctimas incluidas en este juicio murieron de hambre, mientras que las otras ocho fueron asesinadas directamente. La magistrada calificó los crímenes como “fríos y calculados” y atribuyó al líder religioso la “principal responsabilidad penal” por trasladar a sus seguidores a una zona remota y ordenarles ayunar hasta la muerte.
Piden pena de muerte
La fiscalía había solicitado la pena de muerte para Mackenzie y cadena perpetua para sus cómplices. Sin embargo, la jueza descartó la pena capital al considerar que, dentro de la secta, morir era presentado como una forma de alcanzar la salvación.
“Para personas que perciben la muerte como una liberación, una pena de muerte podría no ser vivida como una sanción, sino como un triunfo y una forma de martirio”, argumentó.
El predicador, que negó haber obligado a sus seguidores a morir de hambre, llegó al tribunal vestido con una chomba gris deportiva y pantalones negros. Durante la audiencia sonrió en varias ocasiones y conversó con su asistente religioso, Smart Mwakalama, condenado a 160 años de prisión.
Su abogado, Lawrence Obonyo, cuestionó la sentencia y confirmó que había presentado una apelación. Sostuvo que las penas de entre 160 y 200 años equivalen en la práctica a cadenas perpetuas. Aunque la legislación keniata contempla la pena de muerte, el país no realiza ejecuciones desde 1987.
Para las familias de las víctimas, la condena estuvo lejos de cerrar una tragedia que comenzó hace más de tres años. Muchas todavía no pudieron recuperar los restos de sus seres queridos, mientras numerosos cadáveres permanecen sin identificar.
Suleiman Ziro, padre de siete hijos, perdió a seis de ellos y a su esposa en 2023. Tras viajar 120 kilómetros para asistir a la audiencia, consideró insuficiente la sentencia y reclamó la pena de muerte.
Stephen Mwiti, de 48 años, también perdió a seis hijos, llevados al bosque por su esposa, una de las integrantes condenadas. “¿Qué pasa con los niños?”, cuestionó al referirse a la supuesta decisión voluntaria de los adultos de someterse a los ayunos.
“Perdí a mis hijos y no podré recuperarlos pase lo que pase con Mackenzie y sus cómplices. Espero que sea condenado a muerte o a cadena perpetua para que nunca salga de la cárcel y cause más muertes”, declaró a Reuters antes de conocerse el fallo.
Uno de los testimonios más significativos fue el de Dan Mackenzie, hijo del predicador, quien logró escapar después de rechazar las enseñanzas de su padre. Aunque expresó tristeza por la condena, consideró que representaba “justicia para las víctimas”. Varios de sus hermanos fueron rescatados y permanecen bajo cuidado infantil.
Una tragedia que conmocionó a Kenia
La investigación reveló el funcionamiento de una comunidad religiosa que exigía a sus integrantes cortar vínculos con el mundo exterior. Durante el juicio declararon alrededor de 120 testigos, varios de los cuales señalaron que la organización consideraba la educación formal como “satánica” y los hospitales como instrumentos del diablo.
Las autopsias determinaron que la mayoría de las víctimas murieron de hambre, aunque otras, incluidos niños, presentaban indicios de estrangulamiento, golpes o asfixia. Algunos cuerpos habían sido arrojados a letrinas y otros enterrados vivos.
La magnitud de los hallazgos obligó a suspender temporalmente las excavaciones porque las morgues locales se quedaron sin espacio. Hasta ahora, numerosas víctimas permanecen sin identificar.
El caso ha sido comparado con otras tragedias vinculadas con sectas apocalípticas, como la muerte de más de 700 personas en Uganda en 2000 y la masacre de Jonestown, en Guyana, donde más de 900 personas murieron en 1978 tras recibir la orden de beber veneno.
Mackenzie todavía enfrenta otros procesos judiciales por terrorismo, homicidio involuntario, abuso infantil y tortura. La sentencia de este viernes constituye uno de los principales avances judiciales en una investigación que puso al descubierto la magnitud de los abusos cometidos dentro de una comunidad religiosa que permaneció durante años aislada del escrutinio público.
Agencias AP, AFP y Reuters
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Source: La Nación · LA NACION
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