Mundo Chango es el nombre con el que Horacio Eugenio Spasiuk bautizó al espectáculo con el que volverá a presentarse este viernes 6 de noviembre en el Teatro Coliseo de Buenos Aires. Un mote acertado ya que será la oportunidad para adentrarse en un universo íntimo definido por armonías, colores musicales y geográficos, la influencia de la polca de sus orígenes familiares en Europa Oriental y el chamamé que dialoga con su tierra misionera colorada hasta la médula de sus entrañas.

Chango Spasiuk recibe a LA NACION en su oficina de Villa Urquiza, cercana a su casa y a la histórica propiedad que habitara Luis Alberto Spinetta. El músico se encarga de remarcar la ubicación exacta donde vivió y montó su estudio el prócer del rock nacional autor de obras esenciales como Privé.

Ofrece mate, no podía ser de otra manera, siendo embajador de la comarca yerbatera. Mira a los ojos, como quien evita interferencias entre las partes. Dice y escucha. Clava la vista direccionada.

Se presta a la charla con generosidad, pero reconoce que “el tiempo te lleva a ser cada vez más silencioso, porque el misterio es tan inmenso que uno se tiene que guardar grandes ratos de introspección para reflexionar sobre ello”.

Universos

-¿Qué implica el concepto Mundo Chango?

-Allí convergen mis años de trabajo.

La reflexión es parte indisoluble de su arte, pero no se regodea en lauros como haber llevado su música al Teatro Colón en dos oportunidades, una forma de validar y visibilizar, dejando en claro que los ámbitos no son ajenos cuando se trata de habitarlos con excelencia artística.

-El Mundo Chango es, por cierto, amplio.

-Allí conviven mis aspectos más tradicionales, la música para cine, las creaciones de cámara, la música cantada.

Compositor, acordeonista. Es el hombre que pisó fuerte con su cabellera hasta el hombro otorgándole cierta atmósfera rock a un arte algo más conservador. Se consagró en 1989 en la Plaza Próspero Molina de Cosquín y nunca más dejó de ofrecer su arte.

Despejó senderos para trazar su propio camino. Nada convencional. En 1992, tocó con Divididos en el Estadio Obras y, cinco años después, fue parte del Festival Internacional de Jazz de Montreal, donde compartió escenario con Pat Metheny y John McLaughlin. Y, en los Países Bajos, logró notable repercusión. Embajador de su estirpe.

Se refiere al acordeón en femenino, como una parte indisoluble de su cuerpoIGNACIO ARNEDO - Gentileza prensa Chango Spasiuk

Cumplió 58 años y conserva el mismo porte, acaso porque no se trata de una escenografía corporal, sino la definición de un temple. Quiso estudiar antropología, pero la música ganó la partida. Sin embargo, en él, el abordaje artístico bien puede emparentarse con la búsqueda de quien hurga en las entrañas de la tierra de cuerpo y alma. Su cuerpo y el alma del acordeón.

“En 1988 comencé a tomar El Gran Capitán, era el tiempo en el que había que venirse a la ciudad”, recupera en su memoria el músico, recordando aquellos viajes desde Apóstoles, su pueblo natal en Misiones, que atravesaba los esteros correntinos y las cuchillas entrerrianas hasta depositarlo en la estación Federico Lacroze, en Chacarita. Un traveling sobre rieles que, desde la década del noventa, se encuentra desafectado.

-¿Qué fue lo primero que te acercó a Buenos Aires?

-Vine a estudiar, a buscar, a hacer mis primeras armas. Hoy es más normal que los músicos se queden a vivir en sus lugares de origen y desarrollen allí sus trabajos artísticos.

-La tecnología ayuda a la permanencia, sin que ello signifique aislamiento.

-Estamos todos conectados, pero, cuando comencé, había que moverse físicamente. Además de Buenos Aires, también Rosario fue una gran parada para muchos músicos, siempre ha sido una cuna muy grande de chamameceros; incluso el padre de Antonio Tarragó Ros vivió allí.

-En más de una oportunidad, te has referido a cierta discriminación sufrida por la música del litoral argentino en el conjunto del folklore nacional. A eso le sumo una mirada de género, figuras como Ramona Galarza, si bien muy reconocida, tampoco ha sido vanagloriada como colegas enfocadas en otra rama de la música telúrica.

-Ramona Galarza ha sido una artista inmensa, grabó tanto.

-Fue bautizada como “la novia del Paraná”.

-En los años sesenta, cuando se renovó nuestra música, no significó una explosión de todos los géneros folklóricos, ni de todas las regiones del país por igual. Estaba enfocado en lo que sucedía en el centro y norte de la Argentina. Por eso, hoy, con perspectiva, uno puede ver la obra gigante de figuras como Tránsito Cocomarola, Antonio Tarragó Ros, Ernesto Montiel, Raúl Barboza o Ramona Galarza. Estos artistas no tuvieron, en los sesenta y setenta, las mismas posibilidades a las que otros autores e intérpretes sí accedieron. Eso generó un desconocimiento de ese universo. Hubo años en los que ibas a una disquería y tenías una batea con la música folklórica y, separados, los discos de chamamé, como si no pertenecieran al mismo movimiento.

El músico también argumenta en torno a diversas discriminaciones que van más allá de lo musical para abarcar cuestiones sociales de diversa índole: “Era la música de los llamados ‘cabecitas negras’ que llegaron del interior a trabajar en las grandes ciudades en pleno proceso de industrialización. Entonces, es propio de nuestra historia ver cómo nos relacionamos entre nosotros mismos. Hemos construido una sociedad con una forma particular de mirarnos en nuestra diversidad. Por eso, cuando se habla de marginalidad, uno intenta exponer una reflexión que invita a revisitar estos temas que van más allá de las músicas, implica hacer el ejercicio de revisitar nuestras maneras de vivir en una comunidad muy diversa y muy amplia”.

-Sos parte de una renovación que, al menos desde lo musical, rompió con esa inercia.

-En los últimos treinta y pico de años me he sumado a eso, he tratado de ofrecer mi pequeño aporte. No se trata de hacer solamente música, sino de ser comunicador, de ser responsable con este trabajo.

-Tu música se balancea entre el respeto y valorización de la tradición, pero amalgamada con un sonido propio.

-Es un privilegio ser parte de un engranaje en toda esta construcción, lo asumo con mucha responsabilidad. El sonido diferente tiene que ver con una búsqueda propia.

El músico recuerda Pequeños universos, su programa emitido por el canal Encuentro que posibilitaba la recuperación de transmisión en torno a la música, y trae a cuento aquella frase que le dijo el excelso maestro Antonio de Raco: “Dentro de este piano está el sonido de todos los pianistas del mundo, vamos a trabajar para encontrar el suyo”.

-¿Cómo aplica en tu trayectoria las palabras de quien fuera uno de los más prestigiosos pedagogos de la música?

-Uno nace en una tradición, pero se esfuerza por encontrar su propio rostro dentro de ese contexto, me sucedió. Por eso, en términos estéticos, uno los puede catalogar como disruptivos, pero no es que se quiera romper todo, sino que tiene que ver con una búsqueda. Lo importante es la autenticidad.

-Tu sonido es muy propio, una amalgama de historia y disrupción.

-No existe vanguardia sin tradición, amo la tradición, me paro sobre las tumbas gloriosas para buscar el porvenir.

Emula aquella famosa frase del presiente Nicolás Avellaneda y resalta que “es imposible crecer desconociendo el lenguaje de donde uno aprendió a caminar, es un desarrollo natural, no hay antagonismos; uno cumple con el rol de ser el sonido de una determinada época, busco ser fiel a este tiempo”.

Chango Spasiuk, en tiempos de su consagración en el Festival Nacional de Folklore de Cosquín

Otro rumbo

-Las composiciones para cine definen uno de tus aspectos creativos.

-Es una tarea que me interesa mucho. Es diferente al disco o a tocar en vivo, ya que se trata de atmósferas o sonidos más abstractos y despojados.

Leonera y Carancho, de Pablo Trapero; Antártida, dominio uno, de Joaquín y Julián Azulay; y Detrás del sol, más cielo, de Gastón Gularte, son algunos de los films que contaron con sus creaciones. “Fue un desafío, un mundo que había que aprender y la única manera de lograrlo es metiéndose”. Además, trabajó con varios realizadores misioneros desde la producción autogestiva.

En 2016 lanzó Otras músicas, material donde plasmó todo ese material con “texturas de cine”, tal como define. “También incluí varios proyectos truncos como una versión de ´Seguir viviendo sin tu amor´ de Luis Alberto Spinetta, que había hecho para un proyecto sobre la música de él”.

-Experiencias que te corren de cierta zona más transitada.

-Te apartan de tu lugar común, son desafíos, pero todo tiene un límite. Uno tiene que aceptar sus limitaciones y decir “hasta acá puedo llegar”. Conocer las propias limitaciones es muy liberador.

-Hasta acá puedo y hasta acá quiero.

-No sé si es tan caprichoso, creo que tiene que ver con que, a esta altura del partido, uno conoce sus limitaciones.

-No es habitual escuchar ese tipo de reflexiones en un artista consagrado.

-Eso no quiere decir que no quiera correr límites, pero lo hago de manera silenciosa.

-Construiste una carrera muy atípica, sos un artista poco previsible.

-Es que la vida ha sido imprevisible, pero los límites se fueron corriendo de a poquito. Lo que anhelaba en Apóstoles, cuando arranqué, fue un horizonte que se fue corriendo. Aún hoy me digo “un poco más se puede”. No me quiero quedar quieto en un sonido.

Los suyos

Madre omnipresente y un padre que fue carpintero y violinista aficionado. Influencia clara. La familia se completaba con los seis hermanos, “dos ya fallecieron, tres aún viven en Misiones, pero no en Apóstoles”. Allí están sus recuerdos, en esa tierra que nació como una reducción jesuítica.

-¿Regresás a tu ciudad?

-Ya no vive nadie de mi familia allí, pero mis hermanos me acercan para llevarles flores a mis padres, quienes descansan en el cementerio local.

La casa natal se conserva cerrada. Incluso aún está de pie el espacio que ocupaba la carpintería de su padre. “Todavía queda su banco de carpintero, cada tanto entro y recuerdo; algo tenemos que hacer en ese lugar, pienso en cómo llenarlo de nuevo”.

-Un centro cultural sería una buena reconversión.

-Usted lo ha dicho, en eso estamos. Es un anhelo, ojalá podamos encontrar las herramientas para concretarlo. Muchos me sugieren levantar un museo, pero quiero otra cosa, algo vivo, donde se pueda adquirir conocimiento, pensamiento y hacer música.

-Entonces, Apóstoles sigue siendo una parada en tu agenda.

-Más allá de los recuerdos personales, cada tanto toco en la Fiesta Nacional de la Yerba Mate.

-Deben ser conciertos de resonancias especiales.

-Son muy intensos, siento que debo ir más seguido a mi provincia.

Cada tanto se le escapa el “usted”, formalismos del hombre de pueblo: “Hace treinta años que vivo en Buenos Aires, pero, a veces, a la hora de comunicarme con el otro, no lo tuteo inmediatamente, es como un gesto de antes, es lo opuesto a un exceso de confianza, aunque, seguramente, cuando terminemos de charlar, te diré ´que suerte que viniste´”.

-También conservás la tonada.

-Un poquito.

-Buenos Aires no ha podido.

-Aspiro algunas letras.

-Quien conserva su tonada, dicen que resguarda su lugar de origen.

-El lugar ha tallado mucho en mí.

Apóstoles se encuentra lindante con la provincia de Corrientes y es cercana al río Uruguay, tocando la frontera con Brasil. Tampoco es extensa la distancia que separa a la ciudad con el río Paraná y la línea que divide con Paraguay.

“Cuando se gira el dial de la radio se escuchan los idiomas de los países hermanos. En la carpintería de mi papá, la radio estaba siempre encendida, a primera hora y a la siesta se escuchaba chamamé, pero el resto del día se podía oír una radio de Encarnación, Paraguay, o ir en busca de la música ´gaúcha´ que ofrecían las radios de Río Grande do Sul”.

-Se asocia lo cosmopolita a las grandes ciudades, pero Apóstoles lo es.

-La diversidad es un tesoro y un gran alimento para el sonido de mi música. Además, están los elementos de la música de mis abuelos ucranianos, la influencia europea, lo criollo y lo mestizo, es un cuadro lleno de colores que, cuando nací, ya estaba. Junto con el chamamé estaban todas esas texturas.

Situación límite

-Con los orígenes familiares en Ucrania, el conflicto bélico en el país, ¿repercute en vos de manera especial?

-En la guerra nadie gana, todos perdemos, hay algo de la humanidad que está roto. A esta altura de la historia, hay cosas que son inaceptables, pero suceden. Como sostiene Rita Segato, se ha instalado el espectáculo de la crueldad. Nunca hay solución en la guerra. Mis abuelos escaparon de la guerra y hoy esos países están en una situación bélica. Es inaceptable. En mi última gira europea, toqué en Kiev, la capital de Ucrania, dimos un concierto en el Teatro de la Filarmónica, fue una experiencia muy potente.

-¿Atravesaste alguna situación de peligro?

-Hasta el último día, no sabíamos si íbamos a poder tocar por los bombardeos. Nos tocó escuchar alarmas y, por indicación de la aplicación que uno se tiene que descargar allá, nos metimos en un refugio para resguardarnos y, al día siguiente, llegamos a pasar por los edificios que habían sido rotos. No presenciamos los bombardeos, pero, en dos oportunidades, nos tuvimos que resguardar. Por suerte, pudimos realizar el concierto, porque, en caso de alarmas en ese momento, deberíamos haber suspendido. La violencia no conduce a ningún lugar, no es por ahí. Parece naif, pero no podemos naturalizar el creer que hay una solución en la violencia. Hay que esforzarse en caminar y encontrar en el diálogo comunitario miles de salidas fuera del discurso hegemónico.

-Se percibe una organicidad, una continuidad entre vos y el acordeón. ¿Qué implica el instrumento en relación a tu cuerpo?

-Son muchos años, a los 10 años tuve mi primer acordeón, estoy enamorado del instrumento, se siente bonito tocarlo, me hace feliz. Desaparezco en el sonido de mi instrumento.

Se refiere a su instrumento en femenino, “es una gran compañera”, define el padre de tres mujeres. Su hija mayor, de 28 años, es médica y sus dos hijas menores, de 11 y 14, se encuentran transitando sus estudios.

-Finalmente, ¿con qué se encontrarán los espectadores en Mundo Chango?

-Será un repaso por toda mi música, ya sea desde mis composiciones, como por aquellos que crearon Tránsito Cocomarola, Antonio Tarragó Ros, Astor Piazzolla, Luis Alberto Spinetta, Isaco Abitbol.

Antes de la despedida reflexiona sobre el acontecimiento colectivo de un concierto y lo traspola a la actualidad del mundo: “No se puede ser feliz desconectado de lo que te rodea”.

Para agendar

Mundo Chango, viernes 6 de noviembre, a las 21. Teatro Coliseo (Marcelo T. de Alvear 1125)

Source: La Nación · Pablo Mascareño

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