El brote de meningitis registrado en el Hospital Privado de Mendoza, donde cinco pacientes contrajeron una infección por la bacteria Serratia marcescens y dos murieron, mantiene en alerta a las autoridades sanitarias. Todos los afectados habían sido sometidos a intervenciones quirúrgicas en el establecimiento, cuyo quirófano permanece cerrado mientras se investiga el origen de la contaminación. Además, se analizan otros dos fallecimientos que podrían estar relacionados con el mismo microorganismo.
Por el momento, no se ha determinado cómo llegó la bacteria a los pacientes ni si todos los casos responden a una misma fuente de infección.
Aunque no es uno de los microorganismos que habitualmente se asocian con la meningitis, Serratia marcescens puede provocar infecciones graves, particularmente en personas hospitalizadas. Se trata de una bacteria “oportunista” que puede encontrarse en el ambiente y que tiene la capacidad de colonizar dispositivos médicos, contaminar soluciones y, en determinadas circunstancias, ingresar al torrente sanguíneo y alcanzar el sistema nervioso central.
Su peligrosidad también radica en su capacidad de presentar resistencia a distintos antibióticos, lo que puede dificultar el tratamiento. La infectóloga Leda Guzzi explica que se trata de un bacilo gramnegativo perteneciente al grupo de las enterobacterias, reconocido por su participación en infecciones asociadas a la atención sanitaria.
“Es una bacteria ubicua en el ambiente. Puede estar en el agua, en el suelo y en las plantas, pero particularmente en el ambiente hospitalario tiene facilidad para colonizar dispositivos médicos invasivos”, detalla la especialista.
Entre esos dispositivos se encuentran los tubos utilizados para la ventilación mecánica, los catéteres intravenosos, las sondas urinarias y determinados elementos empleados en procedimientos neuroquirúrgicos. También puede contaminar soluciones utilizadas durante la atención de los pacientes.
Las infecciones afectan con mayor frecuencia a personas con defensas debilitadas, pacientes de edad avanzada, personas con enfermedades preexistentes o quienes permanecen internados en unidades de cuidados intensivos y reciben tratamientos antibióticos prolongados.
La meningitis y sus síntomas
La meningitis es una inflamación de las meninges, las membranas que recubren y protegen el cerebro y la médula espinal. Puede tener distintas causas, entre ellas infecciones virales, bacterianas y fúngicas. Las meningitis bacterianas suelen ser especialmente graves porque pueden evolucionar rápidamente y producir complicaciones neurológicas, sepsis e incluso la muerte.
Entre sus síntomas más característicos se encuentran la fiebre, el dolor de cabeza intenso, la rigidez de nuca, las náuseas, los vómitos y las alteraciones del estado de conciencia. No todos aparecen necesariamente al mismo tiempo, especialmente en adultos mayores o personas con enfermedades previas.
En el caso de Serratia marcescens, existen distintas vías por las cuales puede alcanzar el sistema nervioso central. Una de ellas es a través de la sangre, después de que la bacteria produce una infección en otra parte del organismo.
Enrique Casanueva Martínez, infectólogo del Hospital Universitario Austral, explica que el microorganismo puede generar una bacteriemia, es decir, la presencia de bacterias en el torrente sanguíneo, y posteriormente alcanzar las meninges.
“Serratia produce bacteriemia y secundariamente puede provocar meningitis”, señala. El especialista aclara que también existen meningitis vinculadas directamente con intervenciones neuroquirúrgicas, traumatismos o determinadas comunicaciones anormales entre estructuras anatómicas.
En otras palabras, la bacteria no necesita ingresar directamente al cerebro para provocar una infección del sistema nervioso central. Puede acceder inicialmente al organismo por otra vía y diseminarse posteriormente. Sin embargo, todavía no es posible determinar cuál de estos mecanismos intervino en Mendoza.
El desafío de encontrar el origen
Uno de los principales interrogantes de la investigación en Mendoza es cómo varios pacientes operados en un mismo hospital terminaron infectados por la misma especie bacteriana.
Las autoridades sanitarias analizan posibles elementos compartidos durante los procedimientos, entre ellos instrumental, medicamentos, soluciones anestésicas y otros insumos. Ninguna de estas hipótesis ha sido confirmada.
Casanueva Martínez explica que identificar la misma bacteria en varios pacientes no significa necesariamente que se trate de una misma cepa ni que compartan una fuente de contagio. Para establecerlo pueden ser necesarios estudios de biología molecular.
El infectólogo recuerda un episodio ocurrido años atrás en otro establecimiento de salud. En aquel caso, un brote provocado por una bacteria diferente, un estafilococo, parecía estar relacionado inicialmente con uno de los cirujanos. Sin embargo, los estudios permitieron descartar esa hipótesis y la investigación terminó orientándose hacia la manipulación de un anestésico líquido que era reutilizado y se había contaminado.
El ejemplo no guarda relación con Mendoza, pero ilustra la complejidad de estas investigaciones. “A veces la investigación es bastante compleja y a veces es engañosa. Lo que parece ser de entrada, después no lo es”, resume Casanueva Martínez.
Guzzi indica que la detección de una infección hospitalaria por esta bacteria debe activar inmediatamente los mecanismos de vigilancia epidemiológica. “Cuando aparece un caso de estos, se debe encender una luz de alerta para buscar si hay un reservorio de esta bacteria que pueda después generar casos secundarios”, advierte.
Esto implica investigar posibles fuentes de contaminación, revisar los procedimientos y verificar el cumplimiento de las medidas de prevención de infecciones.
Por qué puede ser tan peligrosa
Uno de los aspectos que más preocupan a los infectólogos es la capacidad de Serratia marcescens para presentar resistencia a distintos tratamientos antimicrobianos.
Guzzi explica que la bacteria posee mecanismos de resistencia que pueden volver ineficaces determinados antibióticos. Entre ellos se encuentra la producción de enzimas capaces de inactivar algunos medicamentos de la familia de los betalactámicos. También puede presentar resistencia a carbapenémicos, antibióticos utilizados frente a infecciones graves.
Esto no significa que todas las infecciones por Serratia marcescens sean resistentes a los mismos medicamentos ni que no exista tratamiento. La elección del antibiótico depende de los cultivos y las pruebas de sensibilidad, además del estado clínico del paciente.
La especialista advierte que algunas infecciones graves por esta bacteria han presentado tasas de mortalidad de hasta el 50% en determinados estudios. Sin embargo, estas cifras corresponden a contextos clínicos específicos y no pueden extrapolarse a todos los pacientes ni utilizarse para anticipar la evolución de los casos de Mendoza.
Por Alejandro HorvatSource: La Nación · Alejandro Horvat
At a glance
- Topic
- World
- Country
- 🇦🇷 AR
- Publisher language
- ES
- Added to Allnira