El anuncio de Lewis Hamilton agitó al paddock de la Fórmula 1, pero Toto Wolff, al que la comunicación lo tomó por sorpresa, se mantuvo imperturbable. El austríaco estaba decidido a jugar la carta y la ejecutó ante los medios en el autódromo de Monza: el nombre de Max Verstappen retumbó en múltiples oportunidades para suceder en Mercedes al séptuple campeón, que se marchó en 2025 a Ferrari, pero el elegido fue Andrea Kimi Antonelli. Un movimiento audaz y proyectado a futuro, aunque el jefe de las Flechas de Plata señaló que le demoró cinco minutos seleccionar al joven boloñés. “Estábamos convencidos de su talento, era cuestión de madurez. Estábamos dispuestos a asumir el riesgo de la presión que implica la F.1”, lanzó Wolff, que cobijo al piloto en 2017, cuando tenía 12 años. Esa misma temporada fue invitado al Gran Premio de Mónaco, que ganó Hamilton, con el modelo MP 4-23 de McLaren, con motor Mercedes.
Dos años, dos meses y un día pasaron desde la revelación de Wolff y la conquista del primer título de Antonelli en la F.1. El tercer puesto en el Gran Premio de Ciudad de México, la 19a fecha del calendario, determinó que el italiano logre una brecha de 119 unidades sobre Verstappen, el ganador en Ciudad de México. Una temporada mágica del boloñés, que barrió con el récord de piloto más joven de la historia del Gran Circo en ceñirse la corona, que estaba en poder de Sebastian Vettel (Red Bull Racing), desde 2010. Nueve triunfos y otros siete podios, la estadística para arrasar en el Mundial en el que se introdujo un nuevo reglamente técnico y de motores. Antonelli se adaptó a todo y exprimió las virtudes del modelo W17 de Mercedes, el auto que la cátedra pronosticó como el mejor antes de iniciar el curso y la factoría con sedes en Brackley y Brixworth ratificó en las pistas.
Los registros colosales se atropellan entre los pergaminos del boloñés, que rompió con la racha de 73 años sin que un piloto italiano -Alberto Ascari con Ferrari- se coronará campeón de la F.1. Pero también con 19 años y 216 días se convirtió en el puntero más joven del campeonato, tras ganar el Gran Premio de Japón; es el poleman de menos edad –19 años, 6 meses y 17 días-, con el tiempo que señaló en el Gran Premio de China; hizo historia al vencer en el legendario Gran Premio de Mónaco y con el triunfo en Monza puso fin a las seis décadas sin que un piloto de su país -Ludovico Scarfiotti (Ferrari)- se trepara a lo más alto del podio en el Templo de la Velocidad; anotó el récord de poles para un italiano en un año -siete-, con las que superó por una a Ascari...
“Una temporada increíble, y compartir este podio con Max y Lewis es realmente increíble. Espero tener más batallas en el futuro. Este fin de semana sí me sentí un poco más tenso, pero estoy muy feliz y contento de que lo hayamos conseguido, y ahora podemos disfrutar del resto de la temporada”, apuró, con emoción, Antonelli, que celebró con su padre Marco, Verónica -la mamá-, y su hermana Maggie.
Un año inolvidable que construyó con sacrificio, trabajo, entrenamientos, adaptación, estrategia... y anuló la presión y el irregular debut, en 2025, donde los podios en Montreal, San Pablo y Las Vegas se presentaron como los mejores resultados. “Puedes tener mucho talento, puedes saber manejar el auto muy rápido, pero si mentalmente no estás a la altura, todo se desvanece”, apunta Antonelli, que descubrió los métodos para progresar y mejorar donde demostraba debilidades: junto con el equipo atacó las falencias en las largadas.
Mercedes moldeó a Antonelli, al que incorporó en 2017 al programa de jóvenes talentos. El destino lo unió a las Flechas de Plata después del fallido de Ferrari. Massimo Rivola, actual director deportivo de Aprilia en MotoGP, dirigía la Ferrari Driver Academy y fue de los primeros en advertir del talento del niño al que el karting le quedaba pequeño. La madurez y la velocidad de Antonelli lo impactó, elevó un informe e hizo una recomendación interna: ficharlo de inmediato. El director de la Scuderia era Maurizo Arrivabene y fue quien descartó al prodigio, al considerar que era demasiado pequeño para ser una promesa seria. Wolff tenía los reportes de Gwen Lagrue, el cazatalentos que desde 2027 trabajará para Red Bull Racing, y sin titubear lo blindó.
La apuesta no tuvo un apoyo total, pero el francés Lagrue –antes apuntó a Russell, Esteban Ocon, Alexander Albon...- convenció al jefe de Mercedes. “A esa edad compiten a nivel internacional y la edad permite que absorban los conocimientos: un piloto de 19 o 20 años ya desarrolló su estilo y hábitos. No queremos cambiar un piloto, queremos enseñarle. El rendimiento es solo la base, lo que interesa es la forma de correr, la constancia, que tenga la mentalidad adecuada para competir y cualidades humanas... Un campeón se hace con madurez, humildad y gratitud al equipo. Eso hace especial a un candidato”, el método de Lagrue para captar talentos, un mensaje que dio en una charla con Mercedes-AMG.com.
La F.1 y Antonelli tuvieron su primer contacto antes de sumarse a Mercedes, en el circuito de Hockenheim, cuando el piloto tenía siete años. Una jugada inusual, de riesgo y con picardía. Marco, el padre, dirigía un equipo de la Porsche Supercup y la categoría coincidía en esa fecha en el escenario del calendario del Gran Circo. La insistencia del niño provocó que lo llevara al autódromo alemán, aunque no tenía los pases para acceder a una zona de exclusividad como el paddock. Lejos de resignarse, apeló a una travesura: lo escondió en el hueco de una pila de neumáticos, los que tapó con un paraguas y así desarrolló el viaje clandestino que, tras burlar la seguridad, incluyó una visita al pitlane. La experiencia derrumbó el sueño de Marco de que su hijo jugara el fútbol: la pasión por los autos lo había atrapado.
El diagnóstico de Wolff, la jornada del anuncio, tropezó con un imprevisto. Antonelli hizo su presentación en la primera práctica libre en Monza, delante de los tifosi, y estrelló contra la barrera de contención en la Parabólica -última y legendaria curva del circuito- el auto de Russell, que observaba incrédulo el accidente y los destrozos en su coche. El incidente se impuso como un impacto negativo para su arribo al Gran Circo, aunque el desánimo lo envolvió al año siguiente en la prueba de clasificación en Spa-Francorchamps, con la eliminación en la Q1 del Gran Premio de Bélgica. Las lágrimas invadieron su rostro durante una entrevista: la frustración y la presión lo estaban consumiendo. “Es un momento difícil para mí... Me cuesta encontrar la confianza. Solo necesito volver a encontrar la luz al final del túnel”, confesaba.
En esos pasajes de pesimismo y de inconsistencia descubrió a dos padrinos dentro de la grilla: Max Verstappen y Hamilton, que dejó un mensaje en su despedida del motorhome que utilizaba en Mercedes para Antonelli. “Sigue creyendo en ti mismo. En una temporada de debut se pasa por una verdadera montaña rusa emocional. Algunos fines de semana salen mejor que otros. A veces se tienen grandes expectativas y los resultados no se dan. Se comete errores, pero es parte del proceso de aprendizaje. Hay que cometer errores para convertirse en un mejor piloto, incluso en la F.1”, aconsejó el neerlandés, que lo defendió de las críticas tras el accidente en la primera curva en el Gran Premio de Austria, que provocó el abandono del joven italiano y del tetracampeón.
“La diferencia fue una reunión, después de Monza, con Bono [Peter Bonington, el ingeniero de carrera] y Toto. No estaba contento, me sentía frustrado y pensaba demasiado en el resultado final. Intentaba estar a la altura de las expectativas internas, de correr en un equipo como Mercedes, que es top. Representas a una marca enorme: el programa de F.1 involucra a 2000 personas, las que trabajan por un único objetivo, que es ganar. Y está la presión mediática y la que uno mismo se pone antes de subir al auto, ese momento de tensión, temor a equivocarse. Ahora intento aceptar la presión lo mejor que puedo, porque no quiero que me destruya como lo hizo el año pasado, durante la temporada europea”, confesó Antonelli que, en julio pasado, durante el Abierto de Wimbledon, conversó con Roger Federer, que conquistó en ocho oportunidades el certamen y es el máximo ganador masculino. El suizo también lo orientó: “Me dijo que me concentrara en una carrera a la vez, que me centrara en lo que puedo controlar y también que controlara mis emociones, en especial las que pueden hacerme cometer errores”.
La F.1 demanda crecimientos acelerados, exige madurez a los 20 años a jóvenes que recién terminaron de cursar la escuela secundaria. Hasta hace poco, Antonelli no tenía licencia de conducir para manejar por las calles de Bolonia y por las leyes de algunos países todavía no puede beber champagne en los podios. Lidiar con la presión que demanda ser piloto del auto que se consideró como el mejor de la grilla y abordar a un compañero de equipo que espero durante años el momento para descubrirse como líder del garaje, retos que se le presentaron en la temporada y que sorteó sin perder la frescura y la sonrisa.
La oportunidad de coronarse no cambió sus costumbres y Antonelli se enseña como un adolescente común, a pesar de que una situación cotidiana resulte viajar en aviones privados y visitar lugares exóticos. Reconoció estar nervioso cuando sacó el registro de conducir, a pesar de que a los dos años se subió a un karting y a los cinco ya aceleraba con firmeza. “Temía fallar en las maniobras de estacionamiento”, aseguró. Seguidor de la NBA, Michael Jordan y el documental “The Last Dance”, son fuentes de inspiración para su trabajo. Lavar a mano su auto de calle, un Mercedes GT63, es un modo de relajarse y una actividad que utiliza como rutina. Ir de compras al supermercado, al cine o a mirar deportes a un pub con sus amigos, son parte del programa de desconexión. “Disfruto del tiempo con mis amigos y de mi familia, ayudan a salir de esta burbuja en la que estamos, sobre todo los fines de semana de carrera. Si no lo aplicara, no tendría tiempo de calidad en casa”, afirmó, en su reciente visita a Estados Unidos.
Terminar la escuela secundaria fue también un reto: su madre, Verónica Pomaro, insistió para que la finalizara y se graduó en el Instituto Gaetano Salvemini, con una licenciatura en Gestión de Recursos Humanos, Relaciones Internacionales y Marketing; su último año coincidió con el primero en la F.1, por lo que estudiaba en los viajes y los ingenieros de Mercedes colaboraban para aprobar matemáticas, la materia que era su punto débil. Los 25 compañeros de curso y dos profesores visitaron el paddock de Mercedes, por invitación de Antonelli, en el Gran Premio de Emilia Romagna 2025. “Como no puedo ir con ellos de excursión en el colegio, pensé en traerlos al circuito”, explicó, quien entre sus rituales en las carreras está escuchar la canción “Can’t Hold Us”, del rapero estadounidense Macklemore, y saludar con un choque de manos y abrazo a cada integrante de su equipo: “Es una forma de que todos se sientan más involucrados”.
Por su forma de actuar y la edad, Antonelli creó una atmósfera singular dentro del garaje de Mercedes. Construyó una relación con Bonnington, ingenieros y mecánicos, y las bromas se multiplican. De los abrazos afectuosos, esos que tensionaban a Bono, a los ataques con pistola de agua, vaciar por el cuello de la camisa y en la espalda una botella de champagne o treparse a los hombros del ingeniero para ensayar un festejo en la calle interna de los boxes... Aunque también debe soportar las represalias: la corrida para escapar del alcance del extintor de fuego, la botella de agua con salsa picante o el engaño que pergeñaron para la fecha de su cumpleaños -25 de agosto-: el jefe de prensa programó una entrevista, aunque fue una emboscada de sus mecánicos quienes lo atacaron con tortas de crema. “Hermoso trabajo, Kimi. Ha sido un placer formar parte de este camino contigo, pero este es apenas el primer capítulo”, la voz de Bono en la radio, tras la conquista.
El circuito Hermanos Rodríguez fue testigo de la consagración de Antonelli, como antes lo fue dos veces de Hamilton, en 2017 y 2018, y de John Surtees (1964, Ferrari), Denny Hulme (1967, Brabham) y Graham Hill (1968, Lotus). El campeón más joven de la F.1, el talento que devolvió la corona a Italia, el adolescente de los hábitos simples, el piloto al que la presión le impedía encontrar la luz y rompió la pared para ser el nuevo rey.
Por Alberto CantoreSource: La Nación · Alberto Cantore
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